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Cómo sobrevivir a la "cristinización"

"¿Con qué cara les pedimos a los intendentes y a los dirigentes que hagan campaña para una lista ajena", se escuchó en el peronismo cordobés. Julio Perotti.

26 de junio de 2011 a las 12:01 a. m.
Redacción La Voz
Cómo sobrevivir a la "cristinización"

"Vamos por todo". La orden, clara y precisa, llegó desde lo más alto del kirchnerismo, que, ahora sí, parece dispuesto a pretender el salto que lo convierta en instancia superadora del peronismo. Entre otros, dos hechos de este sábado lo confirman: 1. La designación de Amado Boudou como candidato a vicepresidente de la Nación. 2. La decisión de presentar en Córdoba una lista propia de candidatos a diputados nacionales. El actual ministro de Economía, que acompañará en la fórmula a Cristina Fernández, forma parte de una camada joven sobre la que se apoya la Presidenta, muy por fuera de las viejas estructuras tradicionales del peronismo.Es extraño lo de Boudou: proviene del liberalismo, a punto tal que militó en la Ucedé, pero luego abrazó la causa del kirchnerismo y fue el autor de la idea de estatizar los fondos de pensión.Pero, además, hace poco tiempo fue descartado por Cristina para ser el candidato a jefe de Gobierno porteño, aunque ahora queda la duda sobre si lo estaba preservando.Otro, por cierto, habría sido el cantar si ese lugar lo hubiera ocupado un gobernador; el chaqueño Jorge Capitanich, por caso.Si Néstor Kirchner siempre estuvo, más por necesidad que por convicción, cerca de los caciques justicialistas, Cristina está lejos de esa idea. Pejotismo, nunca. La Presidenta siempre despreció "el pejotismo" y se preocupó más por armar una estructura con jóvenes (la Cámpora) o con organismos como los de derechos humanos, que consideran al peronismo tradicional una vertiente de derecha, alejada de sus ideologías. En este primer mandato de Cristina, el peronismo de las provincias se dividió claramente en tres: A favor. Con el Gobierno, además de Capitanich, juegan Daniel Scioli (Buenos Aires), Juan Manuel Urtubey (Salta), José Luis Gioja (San Juan), José Alperovich (Tucumán), Sergio Uribarri (Entre Ríos), Gildo Insfrán (Formosa) y Celso Jaque (Mendoza). Hoy, todos ellos cedieron lugares distritales para que Cristina impusiera cuanto candidato quisiera. El sometimiento a Scioli es, quizá, lo más paradigmático de esta situación: aun contra su voluntad y por imposición de la Presidenta, Gabriel Mariotto, la punta de lanza del kirchnerismo en la ley de medios, lo acompañará como vicegobernador. Zigzagueantes. Los que fueron y vinieron, como el peronismo de Córdoba, con Juan Schiaretti llegando varias veces a momentos de ruptura, como el que ocurrió en la época de la pelea con el campo. En contra. Los que quedaron, para siempre, en la vereda de enfrente: los Rodríguez Saá (San Luis) o Mario Das Neves (Chubut). Vuelta de página. Volvamos a la génesis del interrogante: ¿por qué Cristina prescinde del peronismo más tradicional? Sus discursos más recientes pueden servir para desnudar el fondo de su pensamiento: quiere ser ella quien lidere una vuelta de página.Y ese cambio de hoja, obviamente, debe ser hecho con sectores que no adscriban a una política que, a criterio de Cristina, es vetusta y hasta dañina, aunque esto signifique enterrar sus propios orígenes santacruceños. Eran épocas aquellas en las que Néstor formaba parte de una troika de gobernadores que se reunía en el Consejo Federal de Inversiones para imponer condiciones al poder central de turno.Hoy, los gobernadores ya no funcionan como una cooperativa. Sus lugares en la conducción del peronismo son apenas protocolares y sus opiniones carecen de peso. Desde la tribuna. ¿Cómo sobrevivirá este peronismo cuatro años fuera del poder? Los dos candidatos presidenciales más firmes son Cristina y el radical Ricardo Alfonsín.Obviamente, Alfonsín –al que muchos peronistas de cuna querrían ver ganar– los deja en la oposición. Pero el diálogo entre los radicales y los peronistas más tradicionales siempre ha sido bueno (basta recordar el Pacto de Olivos, que derivó en la reforma constitucional de 1994).También Cristina los arrumba en la oposición; o, peor, a muchos los arroja al ostracismo.En Córdoba, el kirchnerismo armó una estructura que aún está muy lejos de la fuerza que tienen aquí el peronismo de Schiaretti y De la Sota, el radicalismo y el juecismo. Pero su limitación numérica (demostrada en elecciones pasadas) es suficiente para obligar a Unión por Córdoba a aumentar sus esfuerzos a fin de no perder ese caudal de votos.¿Cómo quedará parada Córdoba si hay un nuevo período para Cristina?No importa quién gane (De la Sota, Luis Juez u Oscar Aguad), si las conductas de la Casa Rosada se mantienen como hasta ahora sólo habrá que esperar un peregrinar permanente que, de arranque, llevará al gobernador electo a buscar antes que nada un rápido acuerdo por el déficit de la Caja de Jubilaciones.Esto no es especulación: los tres candidatos admiten que el día después de ganar, ya tendrían que tejer lazos para, una vez asumidos, abrochar un entendimiento que les permita respirar algo más tranquilos. Las listas cordobesas. ¿Y en términos políticos? En tal caso, el peronismo de Córdoba –si De la Sota es, a su vez, el gobernador– buscará con seguridad un lugar bajo el nuevo sol que alumbre a partir de la carrera por la sucesión de Cristina, que, aunque deberá producirse cuatro años después, mostrará a todo el PJ en un rápido reacomodamiento con vistas a 2015. Una derrota del justicialismo será ciertamente peor: el kirchnerismo no dudará en querer hacerse con todo el PJ cordobés.Es que el proceso que desembocó en estas elecciones mostró chispazos fuertes que, aseguran en la Casa Rosada, Cristina no olvida.De hecho, hasta la última hora de este sábado, la intención del kirchnerismo era apropiarse de la lista completa de candidatos a diputados nacionales que presenta el peronismo cordobés. Por cierto, De la Sota y Schiaretti –este último estuvo ayer en el acto de anuncio del vice en Olivos– lo resistieron."Tenemos un partido al que responder; ¿con qué cara les pedimos a los intendentes y a los dirigentes que hagan campaña para una lista ajena", se escuchó decir.La opción final, que se esperaba al cierre de esta columna, era la de dos boletas, ambas con Cristina como candidata a presidenta y cada una con su lista propia de diputados nacionales.En algún momento del fragor del debate, hasta se pensó que Unión por Córdoba podría no recibir el aval para llevarla a Cristina, lo cual hubiera contrariado cualquier lógica política: si el kirchnerismo puro le puede aportar un 10 por ciento de los votos, ¿qué razón habría para que se prive de lograr otro 30 por ciento o más que le ofrecería Unión por Córdoba y que puede ser importante para que las internas abiertas del 14 de agosto no le hagan florecer un adversario fuerte?Es que esas internas se han convertido en la principal preocupación de la Casa Rosada: si Cristina no logra una masa crítica de votos (digamos, un 40 por ciento), su imagen puede quedar algo golpeada rumbo a la presidencial del 23 de octubre.Si, en cambio, lo supera, entonces el proceso de "cristinización" de la política argentina habrá dado un paso fundamental.