Una clase muy distinta de asco
La suciedad en calles, en baldíos, en lugares públicos es un contaminante formidable. Sin embargo, no es percibido por los ciudadanos. Patricio Watson.
Mucho se habló la semana pasada en Córdoba del asco que dan algunas cosas. Voy a expresar el mío, sin temor a ser sancionado por tener esta misma sensación, pero por algo muy diferente. Me refiero al asco que da recorrer algunos sectores de la ciudad Capital. La basura acumulada en la Circunvalación –justamente el lugar donde los que llegan se llevan la primera impresión– conforma montañas y ríos en los canales laterales, que más parecen vaciaderos cloacales que desagües fluviales.Por desgracia, no es patrimonio cordobés la costumbre de vivir en la mugre. La mayoría de las ciudades argentinas padece este mismo mal, y parece que cada vez se extiende más.No se puede entender cómo los lugares que debieran preservarse con mayor empeño por su importancia ecológica se convierten en basurales.Es el caso del río Suquía, que atraviesa toda la ciudad y debiera ser un pulmón, pero termina siendo un emisor de gases tóxicos cuyas aguas no sirven ni para lavar autos.¿Cómo es posible que la mayoría de las personas nos admiremos al ver paisajes inmaculados en películas, fotografías, etcétera, y no seamos capaces de ver el deplorable estado de higiene de la ciudad en que vivimos? Contaminados. La suciedad en las calles, en los baldíos, en los lugares públicos, es un contaminante formidable. Sin embargo, no es percibido por los ciudadanos que, en cambio, sí se preocupan por cuestiones ambientales que ocurren a miles de kilómetros. La cadena contaminante de la basura expuesta no termina con las ratas que atrae, sino que continúa en enfermedades producidas por virus y bacterias que usan a estos animales como vehículos de transmisión. Se gastan millones en promocionar a Córdoba como destino turístico. Sin embargo, no se ven campañas orientadas a enseñar a la gente a vivir sin ensuciar y no hay sanción explícita para los que incumplen las normas. Lo mismo ocurre en los alrededores de la ciudad y municipios cercanos, como La Calera, que cuenta con tramos muy conservados del mismo Suquía, pero hoy sus riberas están usurpadas y los desechos de todas esas precarias viviendas caen al río formando un paisaje lamentable.No es necesario recorrer la periferia de la ciudad de Córdoba para ver las montañas de basura. Un domingo por la mañana, en pleno Centro y cerca de los boliches nocturnos, se amontonan botellas rotas, vasos, papeles y todo tipo de desechos.Me pregunto si no estarían mejor asignados los recursos que se gastan en promocionar los actos del Gobierno a fuertes campañas de concientización y hacer que los agentes de policía también sirvan para realizar actas de contravención a las normas de higiene urbana.Tanto el gobernador como los intendentes deberían dar prioridad a este tema, que al parecer no les preocupa, porque si hacemos una proyección en el tiempo, a este ritmo, la acumulación de residuos va cubrir una importante superficie.Se perderán así los atractivos turísticos con que cuenta la provincia y le generan los mayores ingresos.Probablemente, otro de los efectos que produce la contaminación por basura sea la de generar ceguera colectiva, y esta sea la causa de que nadie se preocupe ni ocupe de este problema que nos afecta a todos, tanto como el calentamiento global, la deforestación, la desertización y la contaminación de los ríos por desechos mineros.

