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La "chupina" y las leyes de educación

Hoy, cuando está creciendo la idea de generalizar la escolaridad extendida o completa, el ocio pasa a primer plano. Arnaldo Pérez Wat.

07 de mayo de 2012 a las 12:01 a. m.
Arnaldo Pérez Wat (Periodista)
La "chupina" y las leyes de educación

La "chupina" (también, coloquialmente, "rata", "rabona", "yuta", o de manera más castiza "hacer novillos") ha sido omitida de forma sistemática en las leyes de educación. Para no molestar a los responsables actuales, retrocedamos a 1994, a la Ley Federal de Educación.Pasando vista al capítulo cuatro de ese instrumento legal, y siguiendo su verbosidad, intentemos ensayar una definición de "chupina": en la potencial estructura ocupacional del alumno, puede producirse una inusual reconversión de la oferta educativa causada por su momentánea actitud situacional afectiva.Nos queda la duda acerca de si los intelectuales que redactan las leyes la omiten por ignorancia o si sabiamente se han dado cuenta de que en la "chupina" rige algo así como el principio de incertidumbre de Werner Heisenberg, que sienta que en cuanto se intenta medir un sistema atómico, se lo perturba. Ocio libre. El encanto de la "chupina" reside en que, en cuanto se trata de reglamentarlo, también se diluye. Esto descansa sobre otro principio del gran escritor francés Paul Valéry que dice: "Si el ocio interior es cronometrado, se pierde".Por estas razones, en los establecimientos educacionales más completos hay gimnasios, piscinas, canchas de básquet, etcétera. Pero no reservan, en su infraestructura edilicia, un gran espacio o salón con su correspondiente cartel: "Para chupineros".Desde Platón hasta los psicólogos contemporáneos, la mayoría reconoce que de manera indefectible se debe alternar el placer con el dolor; la alegría con la tristeza; la dicha con la desdicha, etcétera. O sea que no existen estados afectivos puros o, como suelen llamarlos técnicamente, "algedónicos".De esa manera, parece que el hombre que se jubila podría vivir 20 ó 30 años más de tranquilidad. Pero el Estado se encarga de que el placer alterne con el dolor: lo obliga a formar largas colas en una vereda, en verano o en invierno, y luego, sospechando que no aguantó, le exige un certificado de supervivencia. Puede ser un procedimiento sabiamente instrumentado, pues si un cuerpo humano vive 20 ó 30 años sin estrés, se convierte en un vegetal. En primer plano. Con el joven, esta instrumentación, o bien esta nueva manera de decretar, puede titubear. Si se otorga de improviso un feriado puente, se escucha un alarido de júbilo de parte del alumnado. Si le otorgan dos semanas puentes –una antes y otra después de las vacaciones de invierno–, el alarido es más estruendoso. Siguiendo así, se otorga un año feriado en las escuelas y ¡epa!, ahí se va a notar que esa gritería es cada vez más tenue hasta llegar al tedio. Y, por lo mismo, se va a terminar la fascinación de la "chupina", que en esencia consiste en que uno tiene la obligación de hacer una cosa y no la hace.En resumidas cuentas, en esta "civilización del ocio", hay que administrarlo con leyes desde afuera del sujeto, y desde el interior de dicho agente, con ayuda de la familia o del apoyo de psicólogos, no es cosa fácil.Atendiendo a las conclusiones precedentes, hoy, cuando está creciendo la idea de generalizar la escolaridad extendida o completa, el ocio pasa a primer plano. Por ello tendremos que ocuparnos en breve de la Ley de Educación de Córdoba, sancionada en 2010.