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Los chicos malos

El candidato a gobernador de la UCR Oscar Aguad recibió el compromiso de los jefes municipales de ayudarlo en la campaña. Eduardo Bocco.

13 de febrero de 2011 a las 12:01 a. m.
Los chicos malos

Mientras el gobernador Juan Schiaretti disfruta de sus vacaciones anuales, sus compañeros de ruta, sus aliados, sus opositores y los detractores del partido de gobierno tratan de acomodarse el traje en este año electoral. Sin definiciones sobre la fecha de la elección, de momento sólo hay lugar para las especulaciones y los preparativos.El radicalismo salió de su letargo y realizó un par de movimientos en medio de una interna perenne que parece florecer cada vez que se acerca un acto electoral.El candidato a gobernador por la UCR, Oscar Aguad, sentó a los intendentes de su partido y les pidió fidelidad, es decir, trabajar juntos y navegar en el mismo barco.El compromiso parece ser únicamente un acto protocolar y una declaración que dice que se formará una mesa de trabajo y que todos contribuirán con la candidatura de Aguad.Eso es un buen eslogan, pero dista de tener un mínimo anclaje en la realidad. El único aporte que pueden hacer los intendentes radicales al candidato de su partido es llamar a votar en sus ciudades, pueblos y comunas el mismo día en que se elijan las autoridades provinciales.El resto no pasa de ser un acto bucólico y de mero compromiso. Las "mesas de trabajo" suelen convertirse en formidables pérdidas de tiempo si sus integrantes e impulsores no definen rápidamente lo que van a hacer y se priorizan los intereses generales sobre los particulares.En este caso, Aguad podría sufrir en carne propia lo que ya pasó otras veces con los intendentes del radicalismo: priorizan sus intereses y su elección local. "Primero yo" parece ser la consigna de los escurridizos intendentes radicales, apegados al buen trato con el gobierno peronista de turno. Son los chicos malos de la política provincial.Muchos de ellos tuvieron –y tienen– una magnífica relación con el ex gobernador José Manuel de la Sota, de modo que una nueva gestión del caudillo peronista de la capital no les quedaría mal.Los diálogos existen y no sólo con los intendentes sino con varios candidatos, entre ellos Ramón Mestre, aspirante a suceder a Daniel Giacomino en la Municipalidad de Córdoba.En medio de la por momentos desopilante interna partidaria, Mestre encuentra mayores canales de diálogo con el delasotismo. Parece increíble, pero real. La planchita. De todos modos, el candidato a intendente por la capital tiene una considerable ventaja en las encuestas y, por ahora, aplica el manual clásico de las campañas electorales: hacer la plancha. Por el momento, no hay opositores a la vista que puedan ensuciar su llegada al Palacio 6 de Julio. El juecismo no encuentra una figura importante como para complicarlos y el peronismo con seguridad presentará sus dos vertientes: la del partido oficial y la de Olga Riutort, cuyo techo de crecimiento es cada vez más acotado. Sin embargo, le alcanza como para desbaratar cualquier posibilidad al peronismo.De allí que Mestre apueste al perfil bajo: para él, y políticamente hablando, quedarse quieto es negocio redondo.La ciudad de Córdoba con seguridad votará en fecha diferenciada a la elección provincial, lo cual significa otro problema para las aspiraciones de Aguad, ya que el distrito Capital es uno en los que el radicalismo presentó un interesante repunte en los últimos tiempos.Si bien falta bastante para los comicios –aunque todavía no se haya anunciado el cronograma–, sería inapropiado apresurarse; hoy, las encuestas vaticinan un escenario con De la Sota y Luis Juez como principales candidatos, relegando a Aguad a un tercer lugar.No hay nada consolidado ni lo puede haber porque los principales aspirantes no han salido a la cancha. Tampoco hay clima electoral ni nada que se le parezca. Y esos ingredientes suelen tener marcada influencia en el electorado, en especial cuando se trata de una elección a cargos ejecutivos. Juez sigue con su entusiasta carrera y camina la provincia, aunque le ha dado otro formato a su estrategia: el perfil moderado. Ya no aparece a los gritos despotricando contra todo el mundo. Sin embargo, el nuevo "modelo" que usa para difundir sus ideas le ha posibilitado a sus detractores ensayar un nuevo cuestionamiento: hablar de un supuesto pacto secreto de Juez con los K.Es verdad que Juez ha bajado el tono, pero hasta ahora todo está por verse ya que, como se dijo, la campaña está en pañales.En la vereda de enfrente, De la Sota sigue inquieto, aunque algunos de sus allegados anticipen un "pronto desembarco". Atornillar la alianza. Hasta ahora, el candidato oficialista se dedicó a hacer buenas migas con dirigentes de otros partidos, fortificar a su tropa y minar la interna kirchnerista provincial. En el último punto, se preocupó especialmente en deshilachar al intendente de Villa María, Eduardo Accastello. Además, hizo y hace denodados esfuerzos para atornillar su alianza estratégica con el oficialismo nacional. Es que su principal punto de contacto, el ministro de Planificación Federal, Julio De Vido, sufre permanente embates de sus rivales en la estructura de poder K. Y en esos embates intentan desacomodar a De la Sota, porque con eso piensan que desestabilizan a De Vido.Entretanto, el ex gobernador mantiene una complicada relación con el que es su sucesor. De la Sota y Schiaretti hoy tienen el diálogo cortado, cuentan asesores de ambos bandos.El gobernador no da la fecha y ahora comienza a hablar de "agosto" cuando antes sugería "julio".Eso molesta a propios y extraños. Schiaretti también juega su juego: el de la supervivencia, aunque muchos le auguran un futuro en el Congreso nacional, pero para eso falta mucho tiempo y muchos encontronazos con De la Sota, quien sigue siendo el jefe del peronismo de Córdoba.