Celebramos la convivencia
No es posible un nuevo orden mundial sin una ética mundial. Hay algunos elementos comunes de las raíces religiosas que pueden servir de base en estos tiempos de cambio de paradigmas culturales. Pedro Torres.
Por estos días, el Comité Interreligioso por la Paz (Comipaz) cumplirá 13 años de existencia, de trabajo conjunto, de fraternidad. Quizá sea muy pequeño lo que podamos aportar a la paz y a la trasmisión de valores desde este rincón de la aldea global; pero para los que participamos de este espacio de diálogo en el respeto y, aun más, en el aprecio mutuo, es un privilegio que creo vale la pena celebrar y compartir con ustedes. La paz y la unidad son posibles en la riqueza de la diversidad. Creo que somos herederos del esfuerzo de muchos que en Córdoba y en otros rincones del mundo han hecho posible que, superando prejuicios, los representantes de diversas religiones se sienten a buscar aportes conjuntos para el bien común de la sociedad. Estamos celebrando por estos días la semana de la oración por la unidad de los cristianos, iniciativa que surgió en 1908. Recordamos con gozo agradecido los 25 años del Encuentro Interreligioso de Asís, promovido por el beato Juan Pablo II, y también los muy importantes encuentros del Parlamento de las religiones del mundo.Para algunos pensadores contemporáneos, la Declaración del Tercer Parlamento sobre la necesidad de una ética mundial, realizado en Chicago con la presencia de más de seis mil líderes religiosos del mundo, en agosto de 1993, es de tal importancia que es equiparable a la primera declaración de los derechos del hombre, de 1776. Un punto de arranque hacia un cambio de actitud en dirección a un mayor entendimiento, respeto y cooperación mutuos. Ética mundial. En esa declaración, se habla de un mundo que agoniza, de una paz que nos da la espalda, de un planeta destruido, de vecinos que viven en el temor mutuo. Situaciones absurdas de miseria, de desprecio por la justicia o anarquía y de un mal uso del ecosistema, que hacen brotar una condena hacia esas actitudes, pero también que urge un compromiso desde la convicción de que somos interdependientes. El Parlamento de las religiones parte de la idea de que no es posible un nuevo orden mundial sin una ética mundial y detecta algunos elementos comunes de las raíces religiosas que pueden servir de base en estos tiempos de cambio de paradigmas culturales.Algunos de los acuerdos de aquella declaración de 1993 tenían afirmaciones que sería importante seguir pensando, como argentinos: "Esta agonía debe cesar. Debe cesar, porque ya existe la base de una ética; tal ética brinda la posibilidad de un mejor orden individual y global que aleje a las personas de la desesperación y a las sociedades del caos".Afirmamos que hay una norma irrevocable, imprescindible en todos los ámbitos de la vida, válida para las familias y las comunidades, para las razas, naciones y religiones. Ya hay criterios ancestrales del comportamiento humano que pueden hallarse en las enseñanzas de las religiones del mundo y que son la condición de un orden mundial duradero.Por lo tanto, declaramos: "Que todos somos interdependientes. Cada uno de nosotros depende de la salud del conjunto. Por ello, respetamos la colectividad de los seres vivientes, hombres, animales y plantas, y nos sentimos preocupados por la conservación de la tierra, del aire, del agua, del suelo. Que como individuos somos responsables de todo lo que realizamos. Todas nuestras decisiones, actuaciones y negligencias tienen consecuencias. Que debemos tratar a los demás como queremos que nos traten a nosotros".

