El caso Evo y la política exterior
El escenario regional se está convirtiendo en una arena de conflicto para el frente interno que se vislumbraba desde hace meses. Tanto para Alberto Fernández como para el canciller Felipe Solá, calibrar discursos y acciones en un vecindario en tensión es un arma de doble filo. Por un lado, puede comprometer la visión de pragmatismo externo que postulan. Por el otro, pone en juego la coherencia discursiva y el respeto por los estandartes ideológicos que se enarbolan desde el frente gobernante.
Esto no implica que pragmatismo y principios sean antagónicos en política exterior. Por el contrario, pueden coexistir. Pero son el contexto (interno y externo) y las necesidades nacionales los que definen la posibilidad de convivencia de una orientación pragmática y principista al mismo tiempo. Y esto debe sopesarse caso por caso.
Hoy, el asilo a Evo Morales está en la mira y plantea desafíos a este débil equilibro, tanto desde adentro como desde afuera. No hay dudas de que la decisión está en línea con la tradición argentina de defensa de las libertades políticas y la democracia, sobre todo a nivel regional. Negarle el asilo político sería impensable en un país con el compromiso democrático, humanitario y plural de la Argentina.
Lo que está en discusión son las condiciones: hasta qué punto se puede habilitar la acción política de Evo en el territorio argentino, y hasta dónde realmente se podrá limitar. En recientes declaraciones, Felipe Solá dejó entrever esta disyuntiva. No se puede impedir a Evo Morales hacer política, pero sí que sea prudente en las formas.
Pensando en la mirada desde afuera, es imperioso evitar que las lecturas que se hagan generen una imagen tergiversada de las intenciones locales, que pueda repercutir en otros ámbitos de las relaciones externas del país.
Con la configuración actual de orientaciones políticas en la región y en el continente, esta será una tarea difícil de encauzar. Ya desde Washington y desde Brasilia, principales referentes para la política exterior argentina, se escuchan voces disonantes sobre el estatus de Evo Morales en el país y su agenda política. Y tanto Donald Trump como Jair Bolsonaro, que reconocieron a Jeanine Añez como presidenta interina de Bolivia, son piezas clave para la estrategia económica y financiera de Argentina.
El panorama se complejiza aún más si se toma en cuenta la relativa soledad de Alberto Fernández en el espacio político regional. La difícil relación entre necesidades internas, principios políticos y percepciones externas fuerza a la política exterior a caminar en una delgada cornisa.
El dilema está en cómo evitar quiebres al interior del frente y mantener la coherencia política y discursiva sin llevar al extremo las tensiones con socios indispensables para el crecimiento económico y para la estabilidad financiera. O, en todo caso, cómo contrapesar esas tensiones emitiendo señales de confianza en otras esferas y evitar que se creen espacios de confrontación potencialmente insostenibles.
En el contexto convulsionado de la región, y ante la delicada situación económica interna, el sutil balance entre pragmatismo y principios será un reto constante de la política exterior.
* Directora del Doctorado en Relaciones Internacionales de la UCC; investigadora adjunta del Conicet

