El carné de conducir municipal
Un automovilista imprudente, y que además no sabe conducir, constituye un grave peligro para todos. Es la deuda del Estado con la seguridad vial. Eduardo Gesumaría.
Hasta después del 18 de septiembre, la Municipalidad de Córdoba tiene tiempo para adherir al carné único para conducir, que rige en la provincia desde hace dos años, por lo que caben algunas reflexiones sobre la importancia de este documento. La forma de obtener el carné no es novedad en cuanto a las "exigencias" que existen. Un ejemplo real: la hija de un amigo quería obtener su licencia, pero no sabía estacionar, pasar a otro vehículo o mantener una distancia prudente con el automóvil precedente. Tanto insistió que el padre, para darle una lección, la llevó a un CPC, convencido de que la reprobarían. Sin embargo, la joven aprobó con 10 las elementales preguntas que le formularon, aprendidas de memoria la noche anterior. Y en la "prueba manejo", puso marcha atrás y de casualidad embocó el espacio entre las dos vallas. El inspector felicitó a la joven y al padre. Bastó la foto, el examen médico y ya tenía su licencia para conducir. Un verdadero peligro en las calles y rutas. Lamentablemente, esto es común, sin olvidar que en algunas localidades basta con la foto y el pago, sin rendir ningún examen. En las rutas. Saber manejar no es saber conducir. No se trata de encender el motor, pisar el embrague, colocar el cambio y arrancar. Hay otros conocimientos fundamentales que deben exigirse antes de lanzar a calles y rutas a inexpertos que convierten su automóvil en un arma de guerra. Esto podría explicar las miles de muertes anuales que se producen en la Argentina, que superan las ocho mil. Repasemos algunos accidentes muy comunes. Un vehículo que embiste desde atrás a un camión o a un ómnibus en una ruta. Sucede que a 120 kilómetros por hora, el automóvil recorre 33 metros por segundo y estar muy cerca puede resultar fatal si el de adelante frena en forma brusca por alguna emergencia. Se necesitarían al menos 80 metros para detener totalmente el vehículo. Superar a otro auto a unos 130 kilómetros por hora significa que ambos vehículos están recorriendo en simultáneo unos 80 metros en un segundo. Un mal cálculo es un accidente frontal.A veces se habla de "perder el dominio del vehículo", pero además del sueño, el cansancio o la distracción, hay otro aspecto muy poco tenido en cuenta y es que cuando un automóvil pisa la banquina, aunque sea del mismo nivel que el pavimento, e intenta volver a la ruta o frena, sobreviene el "trompo" y el vuelco o se proyecta a la mano contraria. Sucede porque las ruedas del lado izquierdo, sobre el asfalto, tienen una adherencia distinta a la de las que están sobre la banquina. Seguir serenamente por la banquina, levantar el pie del acelerador, bajar un cambio y no frenar hasta que la velocidad disminuya, para recién volver al camino, eso es lo que corresponde.El amanecer o el atardecer son las horas más peligrosas para adelantarse, porque la luz solar distorsiona la distancia a la que están los vehículos que vienen de frente. Al superar a otro vehículo de gran porte, como camiones u ómnibus, se produce una turbulencia que mueve al vehículo lateralmente, lo que exige una gran firmeza sobre el volante. La lluvia forma lagunas sobre la ruta y se produce el aquaplaning cuando las ranuras de las cubiertas se tapan y el auto navega, con el consiguiente riesgo. Lógicamente, el control vehicular anual obligatorio es fundamental, pero esto rige sólo para la ciudad capital. Un automovilista imprudente, y que además no sabe conducir, constituye un grave peligro para todos. Es la deuda del Estado con la seguridad vial. Y éste puede ser el momento para saldarla.

