Caminando por la cornisa
Debido a cómo está distribuido el poder, este es un estrecho camino de cornisa, pero es el único que existe para convertir a un gobierno que nació débil en uno fuerte.
El resultado electoral de las elecciones españolas –más cercano al empate que al apoyo incondicional a un líder, partido o programa de gobierno– repitió lo que ocurrió en los recientes comicios de Venezuela y Argentina, como los de Estados Unidos hace un año. El mensaje del pueblo es claro: quiere que quienes eligió para gobernar resuelvan sus problemas, sin preocuparse mucho de sus ideologías, tradiciones políticas; ni si son de derecha, de centro o de izquierda; ni si son estatistas o privatistas, nacionalistas o globalistas, de un partido o alianza o de otra, o si son políticos viejos o nuevos.El reparto equilibrado de votos a las distintas opciones obliga a conversar, debatir, mediar, buscar consensos y gestar acuerdos, alianzas o coaliciones para decidir, aprobar normas o integrar equipos de gobierno.Las hegemonías, los poderes concentrados, las luchas por imponer criterios y el pretender uniformar los poderes –que alguna vez dividió Montesquieu– parecen concordar con lo que la voluntad popular manifiesta.En el caso argentino, el nuevo presidente, Mauricio Macri, si bien fue jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, ejerce un liderazgo que no tiene su raíz en la política. Su notoriedad viene de haber sido presidente en Boca Juniors. No fue legislador, su partido es nuevo y se creó y desarrolló alrededor de su figura.
Tiempo de decisiones
Macri fue elegido como candidato de una alianza en la que se distingue la UCR –un partido histórico, en crisis por la falta de líderes nacionales–, y muchos de los votos que cosechó, para obtener la estrecha mayoría por la que fue elegido, estaban motivados por el rechazo al gobierno de Cristina Fernández.
No tiene mayoría en el Congreso, que en los últimos años se convirtió en una especie de escribanía, y la administración que le tocará dirigir, la Justicia y los órganos de control están infiltrados por militantes del anterior gobierno.
Luego de sortear los obstáculos que la expresidenta le intentó imponer al asumir, el Presidente tomó importantes decisiones, como: hablar desde el balcón de la Casa Rosada a una multitud reunida en la Plaza de Mayo, un día después de que Cristina Fernández se despidiera de sus partidarios en ese mismo escenario; reunirse con los candidatos a presidente derrotados y con los gobernadores; participar de un tedéum interreligioso en la Catedral; iniciar una más fluida relación con la prensa; subir el mínimo del Impuesto a las Ganancias para los sueldos; otorgar 400 pesos a los que tienen jubilaciones y pensiones mínimas o asignación universal por hijo; bajar y suprimir retenciones a las exportaciones, y unificar el mercado del dólar, todo lo cual le amplió el respaldo de la opinión pública.
Además, puso sobre la mesa importantes iniciativas que se tendrán que implementar, debatir y consensuar, como la controvertida designación en comisió n de dos jueces de la Corte Suprema de la Nación, como un primer paso para encarar una negociación que dé pie a una reforma de la Justicia.
Con ello, Macri aprovecha la “luna de miel” que la oposición le concedió, que el receso del Congreso le permite y que no sabemos si será de 100 días como ha sido costumbre. Mientras tanto, procura avanzar en áreas, como la internacional –al dar por caído el memorando con Irán y reclamarle a Venezuela por los presos políticos–, donde la intervención del Parlamento es menos necesaria.
Debe iniciar el difícil camino que termine con la pobreza, la corrupción, el narcotráfico, la inseguridad, el centralismo porteño y hacer que la educación mejore en calidad e inclusión.
Debido a cómo está distribuido el poder, este es un estrecho camino de cornisa, pero es el único que existe para convertir a un gobierno que nació débil en uno fuerte, lo que parece difícil pero no imposible.
Para transitarlo, la brújula que debe guiar –tanto a oficialistas como a opositores– no es otra que la que resulte de la buena lectura que hagan de los últimos resultados electorales, en los que quienes sufragaron reclamaron soluciones concretas, repudiaron la grieta y eligieron a políticos a los que se les pide honestidad, que hablen menos y que escuchen más.
A no equivocarse, entonces. No es poco lo que está en juego.

