Caleidoscopio sudamericano: elecciones e insurrección
Quizá en el corto plazo, Correa salga fortalecido de la agresión a la democracia, pero la crisis ha vuelto a poner en evidencia la inestabilidad estructural de Ecuador. Daniel Zovatto.
En términos políticos, América del Sur acaba de vivir la semana más intensa de 2010. En tan sólo siete días, la región vivió tres fenómenos de gran importancia: elecciones legislativas en Venezuela, insurrección policial (o intento de golpe de Estado) en Ecuador y comicios generales en Brasil. Chávez y el desafío opositor. "El que hace la ley, hace la trampa", ésta es la conclusión más trascendental de las recientes elecciones legislativas que tuvieron lugar en Venezuela el 25 de septiembre último. El chavismo, con 48 por ciento de los votos, logró 60 por ciento de los cargos en disputa para la Asamblea Nacional. Tal (des) proporción es la consecuencia directa de la reforma a la Ley Orgánica de Procesos Electorales, aprobada por el chavismo en agosto de 2009, que borró de un plumazo el sistema de representación proporcional en el Parlamento e instauró un modelo de sobrerrepresentación de las mayorías. La campaña electoral se caracterizó por un alto nivel de polarización, cuyos resultados lo confirman. Sin embargo, gracias a la citada ley, el chavismo, con sólo 100 mil votos por encima de la oposición, conquistó 98 diputados contra 65 de la Unidad Democrática, una diferencia de 33 escaños. Pese a estos trucos legales, el chavismo no obtuvo la mayoría parlamentaria de dos tercios, objetivo declarado por el propio gobierno, lo cual le hubiese permitido seguir aprobando a su antojo leyes decisivas y efectuar nombramientos en puestos clave del Estado. Las elecciones se vieron, asimismo, marcadas por la intensa utilización de la figura presidencial, lo que convirtió estos comicios en una especie de plebiscito sobre la figura de Chávez. La grave situación económica, una inflación superior a 30 por ciento, los serios problemas que enfrentan los servicios esenciales y altísimos niveles de inseguridad pasaron la factura al chavismo. Esa situación fue aprovechada por una oposición que entendió que su fortaleza estriba en su unidad y en no dejar espacios vacíos.Los resultados han sido negativos para Chávez, pero no constituyen una derrota concluyente. Con la nueva Asamblea, el chavismo tendrá menos poder, pero aún sigue siendo muy popular y cuenta con muchos recursos a su favor. El gran interrogante que se abre en el corto plazo es qué hará Chávez entre ahora y el 5 de enero de 2011. Un escenario probable es que pretenda aprobar el mayor número posible de leyes para intentar consolidar su proyecto antes de que se produzca el cambio de correlación de fuerzas en la Asamblea. El verdadero desafío para la oposición es el de mediano plazo. La gran pregunta, si será capaz, además de mantener y consolidar la unidad, de encontrar un liderazgo firme y reconocible y elaborar una plataforma bien definida que le permita presentarse como una verdadera alternativa al chavismo en las presidenciales de 2012. ¿Golpe o insurrección? Más allá de cómo se lo denomine, lo sucedido en Ecuador constituye la crisis más grave desde la llegada de Rafael Correa al poder. La estabilidad que lo había acompañado desde su elección –inusual en un país con ocho presidentes en poco más de una década, de los cuales los tres últimos fueron depuestos en manifestaciones populares–, se fracturó. A la grave situación política hay que agregarle la complejidad económica y la crispación social que hoy vive Ecuador. La caída del precio del petróleo, la gran disminución de las remesas y la falta de inversiones extranjeras han comprometido los recursos necesarios para mantener el ritmo de los gastos sociales. Ello ha obligando a Correa a intentar pasar por el Congreso un programa de austeridad –la disminución de los beneficios salariales de la política es una parte–, al cual se resisten en gran medida incluso figuras de su propio partido. Esta situación ha provocado un enfrentamiento entre Correa, acusado de autoritarismo, y un Congreso que se niega a apoyar sus reformas legislativas. Una posible salida sería el mecanismo constitucional llamado "muerte cruzada", que permite a Correa disolver el Congreso y gobernar por decreto hasta que se realicen las elecciones presidencial y parlamentaria. Pese a que los hechos aún no se han aclarado debidamente, considero que no se trató de un golpe de Estado sino de un "burdo" atentado contra la democracia y una agresión "intolerable" contra el presidente, un deplorable e injustificable acto de insurrección policial que debe ser condenado y repudiado. Lo más probable es que, en el corto plazo, Correa salga fortalecido, como ocurrió en su momento con Chávez y con Evo Morales. Pero la crisis ha vuelto a poner en evidencia la inestabilidad estructural del país. Por ello, la sociedad toda debe analizar cuidadosamente lo ocurrido y hacer una autocrítica, incluido el presidente, quien debería reconsiderar su estilo de gobernar, morigerar sus conflictos, reevaluar sus relaciones con los distintos sectores y, sobre todo, estar más abierto a dialogar, a escuchar y a negociar. Lo peor que podría suceder es que Correa radicalizara su gobierno. Triunfo insuficiente del PT. Dilma Rousseff ganó con una diferencia amplia (46 a 33 por ciento), pero insuficiente para no acudir a una segunda vuelta el domingo 31 de octubre contra José Serra. Sin embargo, las enormes expectativas despertadas por la candidatura de Dilma podrían perjudicarla en segunda vuelta si su triunfo en la primera ronda, indudable pero insuficiente, se percibe como una derrota. La negociación para la segunda vuelta se dificulta y otorga un papel de gran importancia a la candidata del Partido Verde, Marina Silva, quien con un espectacular repunte a última hora logró casi 20 por ciento de los votos. Por lo general, en América latina las segundas vueltas confirman los resultados de la primera, sobre todo en elecciones muy polarizadas, como ocurrió en Chile y Colombia, pero hay excepciones. El obstáculo para Rousseff es la existencia de una tercera fuerza –el Partido Verde– con una excelente candidata y un importante caudal de votos que, de aliarse con el PSDB, podría complicar la victoria al PT. Parece que la advertencia de Serra de que un éxito excesivo de Dilma y del PT supondría un riesgo para la vida democrática, cuando dijo que "la segunda vuelta es necesaria para el bien de Brasil", caló en los votantes. Se puso en evidencia la realidad caleidoscópica de la democracia en nuestra región, con sus luces y sombras. Mientras las elecciones en Venezuela (pese al truco legal chavista) y en Brasil ratificaron la voluntad de seguir apostando al sufragio como el mecanismo democrático por excelencia, la crisis ecuatoriana resucitó los fantasmas del reciente golpe en Honduras y dejó al desnudo los serios déficits que aquejan a varias de nuestras democracias. Es importante el consenso regional que existe ante cualquier intento de ruptura del orden constitucional. De ahí, la prioridad de fortalecer la Carta Democrática Interamericana y adoptar una similar en el ámbito de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) para poder hacer frente, con rapidez y eficacia, a este tipo de crisis. Estos mecanismos deben trascender la protección del orden constitucional. Los gobiernos de los países miembro deben comprometerse a respetar a los otros poderes, el Estado de derecho y la libertad de prensa, así como brindar garantías a la oposición. En otras palabras, no basta con haber sido elegido democráticamente, de igual importancia es gobernar democráticamente.

