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La cacería de los "LIV"

Los LIV son políticamente analfabetos. No leen periódicos ni libros contaminados por ideologías y cambian de canal ante el menor riesgo de caer en un programa de análisis. J.F. Marguch.

09 de enero de 2012 a las 12:01 a. m.
La cacería de los "LIV"

El martes último, el Partido Republicano inició en Iowa su larga marcha hacia la reconquista del poder en los Estados Unidos. Lo hace en un momento de transición que, según los analistas más experimentados, se presenta propicio para el Great Old Party , por la desilusión generada por el gris desempeño del demócrata Barack Obama, cuyos reiterados fracasos contrastan con el esplendor de sus promesas proselitistas de profunda renovación.En los hechos, Obama resultó levemente más progresista que su predecesor, el ultraconservador George Walker Bush, halcón zafio. Fracasó en todos sus planes y su única gran decisión fue el retiro, apresurado y desprolijo, de Irak, que dejó a la nación árabe en el umbral de la tragedia de una guerra civil, para la cual ya comenzó a enviar armamento a cambio de petróleo. De la reconstrucción de la destrozada nación, tan enfáticamente prometida, menos que nada, salvo gigantescos casos de corrupción con multinacionales de la Unión. Políticamente bíblicos. La renovación de su mandato o su desalojo de la Casa Blanca depende, en cierta medida, de los LIV ( low-information voters , votantes con escasa información), siempre que se decidan a votar. Representan nada menos que las tres quintas partes del electorado, y suelen estar próximos a los republicanos.Son políticamente analfabetos. No leen periódicos ni libros contaminados por ideologías, sean cuales fueren, y cambian de canal ante el menor riesgo de caer en un programa de análisis o, peor aún, de debate. No se afilian a ningún partido y toda su formación se reduce a los informativos de la cadena Fox (que parecen producidos por los servicios de contrainformación del FBI y la CIA). Pero su mayor fuente de conocimiento son la obsesiva lectura de la Biblia y los predicadores electrónicos, que suelen predicar desde cavernas.Con todo, su altísima abstención electoral evita el derrumbe de las agrietadas estructuras de un sistema constitucional cuyas letras y espíritu se van transformando en una bella pieza de arqueología política.Hasta la Corte Suprema cohonestó, a golpes de Bush Junior , la aplicación de torturas a los sospechosos de terrorismo, las detenciones arbitrarias por la policía sin órdenes judiciales, por mera portación de rostro, color de piel o fe, y su expulsión del país sin causa penal. Imprevisibles. Los LIV son de imprevisibles reacciones. En el año 2008, varios millones de ellos votaron por Obama porque escucharon comentarios favorables a su actuación o aconsejados por sus pastores. Pero muchos millones más juran por sus muertos que Barack Hussein Obama es un musulmán clandestino que juró poniendo su mano sobre el Corán, no sobre la Biblia.En materia bíblica son literalistas y creacionistas. Creen que el universo fue creado por Dios en seis días de 24 horas y los tigres, los elefantes, los seres humanos y demás animales son hoy iguales a los de los primeros días de la Creación; las teorías de Darwin son blasfemias tan demoníacas como las teorías de Marx, a quienes nunca leyeron, ni siquiera en condensaciones de la revista  The Reader's Digest .Son casi anárquicos en su rechazo del Estado, los impuestos federales y los declinantes programas públicos de solidaridad social. Son racistas activos, sólo toleran a los extranjeros como empleados domésticos o trabajadores rurales, y mientras millones de ellos apoyan al Estado de Israel (el Antiguo Testamento les recuerda la alianza de Dios con el pueblo judío), millones más son antisemitas (el Nuevo Testamento les recuerda que mataron a Cristo)...Según un artículo de The New York Times , publicado a mediados del año anterior, los LIV rechazan la idea de que el Universo haya sido producido por un Big Bang; a pesar de las periódicas matanzas perpetradas por solitarios demenciales, defienden el derecho constitucional de armarse y, por descontado, son partidarios de la pena de muerte; dudan de que exista algo parecido al calentamiento global; creen que Irak conserva sus armas de destrucción masiva y continúa financiando a Al Qaeda.Rechazan cualquier proyecto de legislación laboral, de seguro de desempleo y de sistema nacional de salud porque favorecen al comunismo. Candidatos extremos. En ese contexto, las perspectivas parecieran favorecer a los republicanos, aunque algunas de las decisiones políticas más valientes de la segunda mitad del siglo 20 fueron tomadas por republicanos: Eisenhower alertó acerca del poderío político y económico que acumulaba el complejo militar-industrial, hoy el gran poder fáctico de la nación; Nixon reconoció finalmente la existencia de China y Reagan estableció mecanismos de consulta permanente con la Unión Soviética. Pero sus actuales candidatos son una refinada selección de oscurantistas, belicistas y racistas, como Ron Paul (afirma que Estados Unidos no debió entrar en guerra contra Hitler y se hermana con el anarquismo en su aversión al Estado, al que niega hasta el derecho de contener el cambio climático), Rick Perry (cuyo caudal político parece basarse sobre su condición de fervoroso evangelista), Rick Santorum (su apellido bíblico oculta al más extremista de los fascistas), Newt Gingrich (cuyas teorías racistas y reaccionarias espantaron al propio GOP, que hizo fuertes inversiones para bloquear su candidatura) y Mitt Romney (sospechoso de low agressive instinct, " bajo instinto agresivo"). Queda John Huntsman, casi un izquierdista, casi sin chances. El miércoles hubo en Iowa un virtual empate técnico entre Romney y Santorum.Los LIV son 75 millones. Una fuerza electoral temible si participase masivamente en las elecciones presidenciales. Si se reconoce que los 35 millones de "hispanos" (inmigrantes latinoamericanos) poseen una fuerte influencia electoral, es fácil deducir la importancia que asume este colectivo que lo duplica en número y constituye todo un indescifrable proyecto político. Pero están ahí. Y son 75 millones.