Un buen comienzo para este año: menos armas nucleares
La tendencia hacia la prohibición total de las armas nucleares parece estar en el camino de la racionalidad para lograr la tan ansiada paz en el mundo.Hugo R. Martin.
Al comienzo de cada año es casi inevitable preguntarse con qué escenario nos encontraremos de cara hacia el futuro. Y tal vez la cuestión más importante, muchas veces soslayada inadvertidamente en la vida cotidiana, sea la referida a la paz en el mundo, condición imprescindible para cualquier expectativa. Aunque las relaciones políticas entre los estados son suficientemente complejas como para formar parte habitual de las preocupaciones del ciudadano común, existen algunos eventos que merecen ser destacados porque renuevan las esperanzas de un mundo mejor.En este caso se trata del tercer Tratado para la Reducción de Armas Nucleares Estratégicas (Strategic Arms Reduction Treaty, Start-3), celebrado entre las superpotencias que mantuvieron en vilo al planeta durante la Guerra Fría. El comienzo de su ejecución tuvo lugar hace pocos días durante la 47ª Conferencia de Seguridad, celebrada en Munich, Alemania, que dio cumplimiento a uno de los compromisos acordados durante la Conferencia de Revisión del Tratado de No Proliferación de Armas Nucleares (TNP), celebrada en mayo último en Nueva York. Armas y carrera armamentista. Las explosiones atómicas que terminaron con la Segunda Guerra Mundial demostraron el terrible poder que las armas nucleares podían aportar a la capacidad militar de los ejércitos. Como consecuencia, Estados Unidos y la ex Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) orientaron sus esfuerzos hacia la disuasión nuclear y conformaron poderosos arsenales atómicos. Mediante la complementación de tres tipos de tecnologías para el lanzamiento de sus dispositivos nucleares, diversificaron la forma de alcanzar los objetivos, y optimizaron así su capacidad destructiva. La "destrucción mutua asegurada" se fundamentó en misiles balísticos intercontinentales emplazados, ya sea en tierra (Intercontinental Ballistic Missile, ICBM, con alcance mayor a cinco mil kilómetros), o bien en submarinos y bombarderos aéreos, que estaban equipados con misiles. Aquella carrera armamentista dio lugar a una nueva etapa de la política internacional, caracterizada por la posibilidad de que en el caso de una nueva guerra en gran escala, ¡ya no habría ganadores!Sin embargo, a mediados de la década de 1970 se comenzó a tomar conciencia sobre la necesidad de limitar la carrera armamentista. La cantidad excesiva de armas construidas, el alto costo de su mantenimiento y el riesgo de una guerra accidental fueron los principales motivos para fundamentar esa decisión. Otros, menos evidentes, fueron la necesidad de cada bloque ideológico de mostrarse más pacifista que su rival para ganar la confianza de la opinión pública mundial y la necesidad de eliminar parte de las armas existentes, ya que desarrollos más avanzados las hacían innecesarias. Limitación y reducción. Las primeras conversaciones para la limitación de armas nucleares estratégicas (Strategic Arms Limitation Talks, Salt I, por sus siglas en inglés) comenzaron en 1972 y condujeron a los tratados ABM (Anti-Ballistic Missil Treaty), por el que se establecía el compromiso de no desarrollar defensas antimisiles. Luego sobrevino el Salt II, por el que se estableció, por primera vez, un límite a la cantidad de misiles que podía disponer cada una de las partes. Tras la caída del Muro de Berlín (1991) se celebró el Start-1, que estableció que las cabezas nucleares desplegadas quedaban limitadas a seis mil, y los ICBM, SLBM y bombarderos a 1.600 en cada uno de los arsenales. Esto representó la eliminación de casi el 80 por ciento de las armas nucleares estratégicas existentes en aquel momento. Paradójicamente, el material recuperado fue convertido en combustible para los reactores nucleares (pacíficos) de producción de electricidad. Posteriormente, en 1993, se suscribió el Start-2, por el que se prohibía el uso de dispositivos de reingreso múltiple en la atmósfera (Multiple Independent Re-Entry Vehicle, Mirv), una original idea de los rusos para poner en cada ICBM (cuya cantidad estaba limitada), más de una cabeza nuclear y que rápidamente fue copiada por los norteamericanos. Pocos años después, el Tratado de Moscú fue sólo un intento por reducir algo más la cantidad de armas. Fracasó cuando Estados Unidos decidió retirarse unilateralmente para desarrollar un sistema de defensa antimisiles, popularmente conocido como la "Guerra de las Galaxias". A partir de entonces, se buscaron nuevos acuerdos que permitieran continuar con la reducción de armas nucleares hasta que la semana pasada finalmente entró en vigencia el Start-3. Por este tratado, se prevé reducir en pocos años la cantidad máxima de lanzadores a 700 y la de cabezas nucleares instaladas en ellos a 1.550. Si bien estas cantidades siguen siendo una preocupación, la tendencia hacia la prohibición total de las armas nucleares parece estar en el camino de la racionalidad para lograr, en algún momento de la historia humana, la tan ansiada paz en el mundo.
*Magíster en Relaciones Internacionales; CNEA Córdoba

