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El bien y el mal

El ser humano fue creado por Dios con la capacidad de discernir entre el bien y el mal. No es un muñeco, no se maneja por simple instinto. Daniel Annone.

05 de marzo de 2013 a las 12:01 a. m.
Daniel Annone | Pastor evangélico, miembro del Comité Interreligioso por la Paz (Comipaz)
El bien y el mal

Si hay algo realmente fascinante y misterioso es el ser humano. Lo analizamos en su triple dimensión: cuerpo, alma y espíritu. Es capaz de las mayores proezas, heroísmos, acciones solidarias, y a la vez, de involucrarse en lo peor.

Es admirable ver a tanta gente en acciones benéficas y organizaciones en favor de los más necesitados. A la vez, asusta la situación actual de nuestra sociedad. Delincuencia creciente. Inseguridad. Explotación y esclavitud. Trata de personas. Tráfico de drogas. Muchas muertes injustas. Y violencia de todo tipo: la de las barras bravas en el deporte, la de los políticos que pareciera desean aniquilar a los contrarios. Nuestra sociedad está enferma de violencia.

El ser humano fue creado por Dios con la capacidad de discernir entre el bien y el mal. No es un muñeco, no se maneja por simple instinto.

La conciencia y la inteligencia son dos valores con los que el creador nos distinguió. Y esas capacidades humanas las podemos usar para lo bueno o para lo malo.

Por lo tanto, todo ser humano siente en lo íntimo de su ser esa dualidad y es plenamente responsable de sus acciones.

La tentación define la situación cuando un ser humano se siente atraído por algo o por alguien, y allí debe definir, en lo íntimo de su ser y conciencia, la actitud que tomará.

La Biblia es el libro de la verdadera sabiduría. Los escritores fueron inspirados por el Espíritu Santo. Damos gracias a Dios por darnos un libro tan maravilloso.

En sus páginas dice: “¡Qué es lo que fue, lo mismo que será! Pues nada hay nuevo bajo el sol. ¿Acaso hay algo de que se pueda decir ‘he aquí, esto es nuevo’?” (Eclesiastés 1:9 y 10).

A la luz de esta enseñanza no estamos mejor ni peor que ayer, pero no nos hagamos ilusiones, que el mañana será igual que el hoy.

Desde el punto de vista del ser humano, no hay ninguna posibilidad de cambiar la realidad, porque no podemos cambiar nuestra naturaleza enferma.

Y acá viene lo bueno, la razón de ser de Jesucristo y del evangelio es justamente la acción de Dios para cambiar de raíz al ser humano.

“Dios amó de tal manera al mundo que envió a su propio hijo a morir en la Cruz y cargar con nuestros pecados y hacer posible nuestra salvación eterna” (San Juan 3:16).

San Pablo agrega: “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es: las cosas viejas pasaron, todas son hechas nuevas” (II Corintios 5:17).

La historia nos demuestra que toda la buena intención y la fuerza de los buenos es insuficiente para cambiar a las personas y al mundo.

Jesucristo no sólo reconcilia al ser humano con Dios y le perdona sus pecados sino que lo transforma, lo capacita interiormente, lo fortalece, y lo hace capaz de ser un verdadero instrumento útil para luchar por el bien y por la paz.