Benedicto se fue porque no se sentía seguro en el Vaticano
No se puede negar que hay una crisis política en la conducción del Vaticano. Adrián Vitali.
¿Por qué nadie sabía de la decisión de la renuncia de Benedicto XVI en el Estado Vaticano? ¿Por qué no se la comentó a nadie? ¿Por qué dudaba de todos? Quizá Benedicto XVI aprendió de la historia de uno de sus antecesores, Juan Pablo I, quien en su momento comentó a sus íntimos que tenía dudas sobre los fondos del banco Ambrosiano y apareció muerto piadosamente en su habitación.Benedicto no llamó a sus cardenales para presentarles la renuncia. La difundió en un acto público eclesiástico. Tal vez buscando proteger su vida en la opinión pública mundial porque, para los jerarcas eclesiásticos, la renuncia es un signo de debilidad y la debilidad en el poder se paga con la vida. Benedicto no se sentía seguro en el Vaticano y su renuncia era lo último que tenía como anticuerpo.Joseph Ratzinger llegó al poder con los votos de la mayoría de los cardenales y terminó siendo un papa solitario y débil desde que cambió la política de Juan Pablo II sobre la pederastia.Empezaron las divisiones en el colegio cardenalicio y, en febrero de 2012, se denunció un complot para asesinarlo en noviembre de ese mismo año. En mayo de 2012, su mayordomo fue acusado de filtrar documentos confidenciales, por haber entregado las cartas personales del Papa a un periodista para que las publicara en un libro.Después de la muerte de Juan Pablo II, el Vaticano no pudo seguir ocultando su larga crisis moral y la pederastia se instaló en la opinión pública y en su pontificado como un delito aberrante, que a la vez se tradujo en una profunda crisis económica (la Iglesia pagó dos mil millones de dólares en indemnizaciones por los abusos de sacerdotes y obispos a menores) y hoy termina en una grave crisis política y de gobernabilidad.El Vaticano no quedó inmune a la crisis de la eurozona y perdió a su monarca.Por más que se quiera disfrazar la renuncia de Benedicto XVI con relatos históricos, este hecho es tan grave como la renuncia de cualquier presidente o primer ministro de cualquier país. No se puede negar que hay una crisis política en la conducción del Vaticano. Pero tampoco se puede negar que los intereses y los problemas de la Santa Sede poco tienen que ver con los problemas de Jesús de Nazaret.

