Una batalla imperial
Si bien otros tres candidatos procuran terciar, la campaña por la intendencia de Río Cuarto se polarizó entre Juan Jure y Miguel Minardi, aunque por acción del gobernador José Manuel de la Sota, que apuesta allí como no lo hizo en otros comicios locales. Julio C. Perotti.
Dentro de dos domingos, la segunda ciudad de la provincia, Río Cuarto, elegirá intendente. Será el único atractivo en la agenda de comicios de este 2012, después de la maratón del año pasado, que incluyó la definición de jefes municipales, gobernador y hasta presidente de la Nación. Y no es que un día de votación hechice a toda la sociedad, pero la presencia de José Manuel de la Sota, metido de lleno en la campaña, otorga un plus que excede a los mentideros dirigenciales.Residente en Río Cuarto desde que unió su vida a Adriana Nazario, De la Sota puso todas sus fichas a favor de Miguel Minardi, un médico cardiólogo de 55 años que nunca jugó en las grandes ligas de la política, pero que llegó a la postulación después de ganar una interna.Enfrente, el intendente Juan Jure, un radical que el próximo 26 de abril cumple 44 años y que busca prolongar la presencia de la UCR en la Municipalidad riocuartense, sólo interrumpida entre 1999 y 2004 por el hoy funcionario ultrakirchnerista Alberto Cantero Gutiérrez.Si bien otros tres candidatos procuran terciar (Eduardo Scoppa, de Encuentro Ciudadano; Eduardo Massa, del Frente Nacional y Popular; y Juan Carlos Giuliani, de Unidad Popular), la campaña se polarizó entre Jure y Minardi, aunque por acción del propio De la Sota. Ahora bien, ¿por qué el gobernador se juega a todo o nada en una elección municipal, cuando ni siquiera lo hizo, por ejemplo, en la ciudad de Córdoba?Dentro del mismo peronismo, hay dos vertientes de opinión: Porque De la Sota no puede dejar pasar una elección en "su" ciudad sin "ponerle el pecho", sostienen los que están alineados con el gobierno. Porque Minardi es un candidato de la fusión Unión por Córdoba-Frente para la Victoria y, por ende, De la Sota quizá se juegue para hacerlo notar en la Casa Rosada, recelan otros peronistas no delasotistas. Como fuere, el impacto del resultado será siempre importante para De la Sota: Si gana, habrá consolidado su liderazgo en un distrito que lo quiere bien y le retribuirá con votos, una vez más, los recursos que le destinó.Si pierde, aun cuando le quedan tres años y medio de gestión y eso ayudará a olvidar el traspié, no le servirá a su proyecto político ni a la eventual gestualidad hacia el kirchnerismo.Alicaído a nivel nacional y adormecido en la provincia, el radicalismo parece tener poco y nada que ofrecer a Jure, que trata de arreglárselas como pueda. Por eso, hizo el jueves los 200 kilómetros que separan a Río Cuarto de San Luis para obtener una bendición inédita, la de los Rodríguez Saá, acompañados por el actual gobernador, Claudio Poggi, un hombre oriundo de Alcira Gigena.Hay dos cosas que nadie puede ignorar de los hermanos puntanos: Que el sur los quiere. Tienen buena ascendencia, a punto tal que cuando Adolfo fue candidato a presidente en 2003, ganó en toda la región. Luego, Alberto obtuvo buenos resultados, aunque sin llegar a tanto. Que son osados. Y, por ende, no dudarían un minuto en meter un pie en Río Cuarto, aun cuando, de momento, no tengan ganancia política. Por eso, le prometieron a Jure que lo apoyarán en la construcción de viviendas para Río Cuarto, uno de los compromisos de campaña del actual intendente. La virtud de la paciencia. Hasta tanto llegue el domingo electoral, De la Sota sigue esperando que el Gobierno nacional abra alguna puerta a la búsqueda de un arreglo. Esto, desde luego, debería servir para desahogar las finanzas provinciales, un poco más complicadas desde que debió acceder a un aumento salarial escalonado del 25 por ciento al básico para todo el escalafón docente. Con todo, en plan de mostrar a Córdoba distinta y superadora de la política del kirchnerismo a nivel nacional, el líder del gremio de los maestros (UEPC), Juan Monserrat, le hizo un favor a De la Sota y vendió en público el aumento como "el mejor acuerdo en todo el país de un sindicato adherido" a la Confederación de Trabajadores de la Educación de la República Argentina (Ctera).Para la Provincia, todavía queda cerrar un arreglo (crucial y siempre caro) con los empleados de la Empresa Provincial de Energía (Epec), que a través del Sindicato de Luz y Fuerza pide un 30 por ciento, contra un 25 que le ofrecen.Hasta ahora, según dijo la ministra de Administración, Mónica Zornberg, el aumento a los estatales significará para las arcas provinciales 2.300 millones de pesos durante 2012, más del doble de lo incluido en el presupuesto.Si no llega la plata de la Nación, es obvio que De la Sota deberá ordenar un ajuste de gastos a niveles extraordinarios, más allá de la búsqueda de financiamiento externo que, como siempre, tiene intereses elevados.Mientras Córdoba trajina para ver si cobra algún peso, Cristina habría hecho, al parecer, algún tipo de guiño para que el gobernador santafesino Antonio Bonfatti sí cobre al menos una buena parte de la deuda de la Nación con esa provincia, que se calcula en ocho mil millones de pesos.¿A cambio de qué? No se dijo, pero muchos sospechan que Cristina quiere estar bien con el socialismo santafesino para contar con un aliado en caso de ir por una reforma constitucional. Obvio: si esto compromete, además de Bonfatti, a Hermes Binner, el socialismo de Santa Fe puede alinearle en el Congreso un bloque importante de respaldo a Cristina. De momento, Bonfatti está en la misma encerrona que De la Sota y, para enfrentar los aumentos salariales, necesita 2.700 millones, por lo cual debe emitir Letras.La otra alternativa que Bonfatti sinceró es algo que, en el caso de Córdoba, De la Sota no quiere ver ni dibujada: una suba de impuestos.

