Atreverse a mirar para ser mirado
En menos de un mes (23 de septiembre) se cumplirán 70 años desde que se consagró el voto femenino en Argentina. Fue a través de una ley promulgada por Juan Perón, pero vale lo dicho: para ser mirados, primero hay que atreverse a mirar.
Parece un gesto de lo más sencillo: dejar de enfocar al piso, perderse en la bruma de los costados, para levantar la cabeza y mirar a los ojos que nos miran. Pero, muchas veces, para los hombres, las mujeres y aun los pueblos, es un turbador desafío, incluso la lejanía de un derecho inalcanzable.
Mirar a los ojos es un acto de desnudez, una puerta abierta, una decisión de vida, una determinación. Las diferencias de fuerzas físicas, psicológicas, sociales, materiales e intelectuales quedan expuestas en las miradas. Incluso, a veces se deciden a través de ellas: el poder está en los ojos.
La fortaleza o la debilidad, en cualquier circunstancia y contexto, se reflejan así, tanto en la relación más cotidiana e individual como en los comportamientos sociales que marcan la historia.
Hubo tiempos en que los poderosos expresamente no permitían ser mirados a los ojos. Claro, en ese plano, una vida es siempre igual a otra vida.
Por eso, también, cuando se trata de un acto deliberado, no mirar a los ojos es una forma de resistencia, de decir: no quiero que compartamos nuestros mundos.
Mientras tanto, gastamos los años en encontrar a la gente con la que podemos mirarnos a los ojos: el mundo individual de cada uno está hecho de miradas, y nada hay como descansar los ojos cargados de ver los días en otra mirada que responde.
Algo así son el amor, la amistad, el compañerismo: remansos de las miradas que se encuentran francas, confiadas, serenas, desarmadas y, sobre todo, afectuosas.
Mirar a los ojos es un desafío incesante, y para ser mirados primero hay que atreverse a mirar. Para entrar por la ventana del alma del otro o para establecer una frontera que dice que los ojos son sólo un espejo y que no habrá manera de atravesarlos.
Es decir, es una manera defensiva y, tantas veces, combativa. En la inmensidad de la marcha de los pueblos, levantar la cabeza y mirar a los ojos muchas veces han sido gestos que sacudieron la historia.
En menos de un mes (23 de septiembre) se cumplirán 70 años desde que se consagró el voto femenino en Argentina. Fue a través de una ley promulgada por Juan Perón, pero vale lo dicho: para ser mirados, primero hay que atreverse a mirar.
Y la mirada de la mujer estremeció los ojos del siglo 20 y lo que va del 21: se trata, quizá, de la mayor revolución que aún vive la humanidad. Tal vez por eso hay miradas que la siguen negando.

