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Ataque al profesor

En mi escuela experimentamos con mucha tristeza la agresión física a un colega. Fernanda Castillo.

04 de septiembre de 2010 a las 12:01 a. m.
Fernanda Castillo (Profesotra de Historia)
Ataque al profesor

Soy profesora del nivel medio y madre de tres niñas. Hace dos meses, en mi escuela experimentamos con mucha tristeza la agresión física a un colega; se le cortó el cuero cabelludo con un objeto cortante. Se llevó a cabo un taller pedagógico para considerar el hecho, inclusive con la presencia de psicólogos. La actitud repudiable de semejante hecho, que tomamos todos los colegas, contrastó con la que tomó el área de Políticas Educativas: que el alumno continuara en el sistema educativo (el alumno sigue estudiando, en otra escuela).Mi planteo es el siguiente: ¿No es esto una locura? ¿Qué quiere Políticas Educativas con este tipo de resoluciones?¿Qué quiere el Gobierno con esto, que funcione una guardería o una escuela? Otro problema es que la familia hoy no contiene y ha perdido la función de "contenedora" de la niñez, la adolescencia y la vejez. ¿Es acaso la escuela la encargada? ¿Por qué debemos los profesores contener a niños cuando ni sus propios padres lo pudieron hacer?El problema es complejo, ya que aparece otro tema y es la relación entre instituciones, como escuela y familia, escuela y trabajo, escuela y comunicación social. Muchas veces, los directivos son nombrados sin concurso y no son idóneos en su tarea.También es verdad que hoy la escuela pública no educa en valores, trascendencia. Esto ayudaría en su relación con la familia, que sí lo hace o al menos trata de hacerlo.Otro tema son los alumnos, objetivos primordiales de la educación, que continúan en el sistema con 25 amonestaciones y faltas injustificadas. ¿No los estamos engañando? ¿Quién emplea a un joven con ese currículum? En el fondo, hay un alumno para el que las reglas son el libertinaje, sin valores ni trascendencia y una mentira para su futuro. El trabajo de las escuelas con parroquias, con familias, debería ser un objetivo de los padres y, por qué no, implementar en la escuela pública la educación en Dios y en los valores.