250 años de "La riqueza de las naciones". Lo que Argentina puede aprender de Adam Smith
La necesidad de un enfoque prudente: en qué momento las economías deben optar por el librecambio o la protección. Reflexiones aplicadas al presente argentino.
Fue en marzo de 1776, hace un cuarto de milenio, cuando vio la luz uno de los libros más aludidos pero quizá no tan leídos: Investigación sobre la naturaleza y causas de la riqueza de las naciones. Fue escrito por el escocés Adam Smith, a quien se suele considerar el fundador de la ciencia económica, aunque no fue el primero que sistematizó, bajo la forma de teoría universal, sus ideas sobre la economía.
El libro apunta a explicar largamente los copiosos beneficios del libre comercio entre países y las razones por las cuales el librecambio beneficia a todas las naciones, especialmente al Reino Unido. También se atribuye a la adopción de este conjunto de ideas que Gran Bretaña haya escalado a la cúspide de la economía mundial.
Antes de Smith
La versión romántica establece que Smith, en sus largas caminatas, elucubró un sistema genial que abrió las puertas a la producción y el crecimiento económico, que apareció completo en forma instantánea como Minerva de la cabeza de Júpiter. Pero no es así como surgen las ideas sistematizadas. Lo hacen interactuando con la realidad, respondiendo a una demanda del contexto social, como una respuesta reclamada por los hechos.
Más allá de toda candidez, el voluminoso libro de Smith propuso desmantelar un riguroso sistema proteccionista que había regido la vida económica del Reino Unido durante los dos siglos previos a la publicación de La riqueza de las naciones.
Las ideas previas a las de Smith, altamente proteccionistas, fueron explicadas en dos libros de Thomas Mun: Discurso acerca del comercio de Inglaterra con las Indias Occidentales (1621) y La riqueza de Inglaterra por el comercio exterior (1664). Entre uno y otro está el Acta de Navegación, de Oliverio Cromwell (1651).
Todos ellos eran fuertemente nacionalistas, destinados a proteger la naciente producción británica de la competencia extranjera, principalmente francesa y neerlandesa.
Con el paso de los años, y gracias al proteccionismo, Inglaterra se había transformado en el país más industrializado del mundo, y aquellas medidas defensivas ya habían dado todo lo que podían y se habían transformado en una traba para que el país continuara creciendo. Por eso, el economista propuso que fueran eliminadas, no sin reconocerles el alto valor que habían tenido en el crecimiento británico.
Proteccionismo y librecambio
¿Cuál era la intensidad del proteccionismo de Inglaterra que cuestionaba Smith? Daremos un ejemplo.
Durante el reinado de Isabel I (1558/1603), regía una norma que establecía que “el exportador de ovejas, de corderos y de carneros debería sufrir, por la primera contravención, la confiscación absoluta y perpetua de sus bienes, un año de prisión, la pérdida de la mano izquierda, en un día de mercado y en el lugar que se hubiera cometido el delito, donde quedaría clavada a la vista del público”.
Se buscaba impedir la exportación de ovejas para dificultar el acceso a la lana, principal materia prima de la industria textil, por parte de los países con los que competía Inglaterra.
Algunas décadas después del libro de Smith, Federico List le respondió con otro libro: Sistema nacional de economía política. En él decía que las ideas de Smith eran buenas para Gran Bretaña, pero no para las regiones que aún estaban retrasadas en su desarrollo, como la que habitaba List, donde luego se constituiría Alemania.
Algo similar ocurrió con EE.UU., que como consecuencia del triunfo del Norte en la Guerra de Secesión (1861-1865), adoptó una política fuertemente proteccionista. Cuando los ingleses reclamaron al presidente Ulises Grant por esta circunstancia, les respondió que Inglaterra debía su poderío industrial al proteccionismo, que abandonó una vez que extrajo de él todo lo que podía darle, tras 200 años. Y agregó: “Dentro de 200 años, cuando Norteamérica haya obtenido del régimen protector todo cuanto este pueda darle, adoptará definitivamente el librecambio”.
Liberalismo en clave argentina
Quizá la mayor enseñanza que deja el libro de Smith para un país como la Argentina sea que hay momentos en que la protección sirve para crecer, y otros en los que genera atrofia y conviene removerla. Pero, aun en este caso, el desmantelamiento debe ser prudente y cuidar las industrias existentes.
Proteccionismo y librecomercio continúan siendo aplicados en forma alternada y selectiva por todos los países del mundo. Europa, Japón y los EE.UU. son proteccionistas en los rubros en que se sienten débiles, y promueven el librecambio en los que se perciben competitivos.
En los años 1970, Abelardo Ramos decía que el marxismo fue pensado para la Europa desarrollada, especialmente para Inglaterra. Afirmaba también que debía ser reelaborado para América latina. Incluso acuñó la denominación “marxismo de Indias”, para señalar que cada país tenía luz propia y, en consecuencia, demandaba una adecuación de las teorías sociales y económicas.
Con el liberalismo y Argentina sucede algo similar: todo debe ser repensado y adaptado a las circunstancias específicas de nuestro país. Toda teoría económica o social tiene la pretensión de validez urbi et orbi, pero no hay que olvidar las circunstancias concretas y casi siempre utilitarias de su surgimiento.
La adopción ciega de un recetario reseco y abstracto lleva inevitablemente al desastre.




