Argentina necesita implementar una reingeniería económica
La solución a nuestros problemas económicos debe surgir de todos nosotros, de los argentinos, poniendo la creatividad en juego, con programas que generen incentivos para invertir no sólo en bienes de capital, sino en innovación de productos y de procesos
La economía argentina presenta una gran vulnerabilidad, producto de una serie de factores estructurales que no logramos revertir, como la creciente dependencia externa y un sector industrial desintegrado, reprimarizado, con retraso tecnológico, bajos niveles de productividad y orientado principalmente al mercado interno.
Pese a los profundos giros políticos y económicos que hemos sufrido en Argentina desde el regreso de la democracia en 1983; con controles de precios y repentinas aperturas comerciales; con tipos de cambio liberados, metas de inflación y cepos cambiarios; con flexibilizaciones laborales y progresivos planes sociales, no podemos encontrar la solución a los permanentes ciclos económicos. Estos son cada vez más frecuentes y reducidos en el tiempo, se generan luego de un fuerte período de endeudamiento externo, con su consecuente devaluación y posterior aumento generalizado de los precios, lo cual atenta contra los salarios reales de los trabajadores y genera gran incertidumbre y distorsiones en los precios relativos, que a su vez reducen la inversión.
Luego de experimentar casi 20 años de una inflación creciente y sostenida, es poco serio expresar que la inflación en Argentina tiene una sola causa.
Tampoco es respetable que el propio Fondo Monetario critique las fugas de capitales, cuando las divisas que se giran al exterior se dirigen hacia los países más poderosos del mundo, los cuales dirigen esa organización.
Dicho de otra manera, la solución a nuestros problemas económicos debe surgir de todos nosotros, de los argentinos, poniendo la creatividad en juego, con programas que generen incentivos para invertir no sólo en bienes de capital, sino en innovación de productos y de procesos, en la capacitación de nuestros trabajadores, en investigación, en educación, con una visión global y orientada a analizar aquellas tendencias que definen hacia dónde se encaminan las demandas globales y los avances tecnológicos.
Para salir de la crisis que les dejó la Segunda Guerra Mundial, los japoneses visitaron las fábricas estadounidenses para estudiar cómo aumentar la productividad de sus empresas. Pero no copiaron sus métodos sino que observaron y se inspiraron en otras formas de trabajo, para mejorar las propias.
En este sentido, el desafío para sacar el país adelante recae tanto en el sector privado –que debe aumentar su eficiencia y necesariamente debe ingresar en el camino de las exportaciones (porque hoy la economía es global y no admite la excusa de que Argentina tiene un mercado interno reducido)– como en el sector público, que debe garantizar una estabilidad macroeconómica, agilizar el aparato burocrático estatal y, tras consensuar la necesidad de un cambio estructural profundo, coordinar políticas horizontales y verticales en todas y cada una de las instancias jurisdiccionales del país, para generar las condiciones necesarias para invertir, crecer y mejorar la calidad de vida de todos sus habitantes.
Si pensamos en lo que es Argentina hoy, esto significa hacernos las siguientes preguntas, ¿qué recursos tenemos (personal, tecnología, habilidades), cómo podemos administrarlos, en qué actividades debemos especializarnos para insertarnos en la economía global? Ideas radicales como la eliminación del Banco Central o la dolarización de la economía sin duda generan cierta desconfianza o aprensión, pero, ¿no hemos agotado todos los matices de los modelos del neodesarrollismo y del neoliberalismo?
Argentina necesita construir una economía, con una idea de tipo “presupuesto base cero”, planteándose, sin mirar atrás, si no existe una mejor forma de hacer las cosas, y a partir de allí elaborar un plan económico. Argentina necesita una verdadera reingeniería económica.
* Docente de Economía en la UNC

