El apogeo del Fausto
“¡Callesé amigo! ¿No sabe usté que la otra noche lo he visto al Demonio?”, le cuenta Anastasio “el Pollo” a Laguna en el Fausto, de Estanislao del Campo. Ángel Stival.
"¡Callesé amigo! ¿No sabe usté que la otra noche lo he visto al Demonio?", le cuenta Anastasio "el Pollo" a Laguna en el Fausto , de Estanislao del Campo. Una campechana ingenuidad les impide distinguir lo real de lo representado, tema que ha dado fuertes dolores de cabeza a muchos ciudadanos ilustrados cuando se han puesto a pensar el asunto en apariencia tan sencillo. El caso es que "el Pollo" relata a Laguna, como si hubiese ocurrido de verdad, lo que vio durante la representación de Fausto , ópera de Charles Gounod basada en el libro de Johann Wolfgang von Goethe.Antes de contar, entre temblores, la forma en que Fausto vende su alma al diablo, "el Pollo" describe el amontonamiento producido a las puertas del viejo Teatro Colón: "Y si es chico ese corral / ¿a qué encierran tanta oveja?". Descubre luego que ha sido víctima de lo que aún hoy ocurre en los amontonamientos: "Y para colmo, cuñao, / de toda esa desventura, / el puñal de la cintura / me lo habían refalao".Laguna se persignó, febril, cuando escuchó el relato de la aparición del Diablo, convocado por Fausto: "El hombre allí renegó, / tiró contra el suelo el gorro, / y por fin, en su socorro, / al mesmo Diablo llamó. / ¡Nunca lo hubiera llamao! / ¡Viera sustaso, por Cristo! / ¡Ahí mesmo, jediendo a misto / se apareció el condenao!".Gracias a este poema, conocemos, quizá mejor que otros pueblos, la historia del hombre que vendió su alma.En sus estudios sobre la modernidad, Marshall Berman dedica un capítulo a ese mito que, para él, Goethe llevó a su máxima expresión. "Las encarnaciones anteriores de Fausto habían vendido sus almas a cambio de ciertas cosas buenas de la vida claramente definidas y universalmente anheladas: sexo, poder sobre los otros, fama y gloria". El del escritor alemán va más allá: "Lo que este Fausto desea para sí es un proceso dinámico que incluya todas las formas de la experiencia humana, tanto la alegría como la desgracia, y que la asimile al crecimiento infinito de su personalidad".Pese a que lo conocemos desde hace mucho, aquí todavía vendemos nuestra alma al Diablo por sexo, poder, fama y gloria, según parecen insinuarlo algunas historias tejidas en torno de personajes como Carlos Menem o Sergio Schoklender.Quizá no hemos llegado más lejos porque la versión más antigua y difundida entre nosotros procede de la boca de dos gauchos que se encuentran por casualidad en el medio del campo, atan sus caballos, destapan una ginebra y se ponen a charlar en un ambiente bucólico.

