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Año Nuevo Chino en Valparaíso

Chile trazó hace décadas una ruta firme allende el mar e integra vivamente alianzas de concertación y negociación, como el Foro de Cooperación Económica Asia Pacífico. José Emilio Ortega.

17 de febrero de 2013 a las 12:01 a. m.
José Emilio Ortega (Secretario de Coordinación y Gobierno de la Provincia de Córdoba, profesor universitario)
Año Nuevo Chino en Valparaíso

Son las 12 en punto, pero todavía el océano Pacífico no sacude del todo su modorra. Perezoso, aunque formidablemente sólido, vuelca con parsimonia sus olas frías sobre los peñascos. No muy lejos, buques de gran tonelaje esperan su turno rumbo al gran puerto, distante a unos pocos kilómetros de la costa. Son enormes construcciones que despiertan admiración y curiosidad en alguien no acostumbrado a las rutinas del mar.Está fresco, es domingo, y pocos paseantes –ningún bañista– arriesgan su presencia en la rambla. En tanto, algunos hombres de overol terminan de armar un gran andamio al ritmo de una música cosmopolita.Estamos en Viña del Mar, cabecera turística de Chile, pegada a Valparaíso, la famosa ciudad puerto que da nombre a la región. De pronto, la tranquilidad cadenciosa del mediodía se altera ante un anuncio: en aquel andamio –que en realidad es un escenario–, a partir de ese momento, y por largas horas, se celebrará el Año Nuevo Chino.Faltan pocos días para festejarlo, de acuerdo con las auténticas tradiciones. La llegada del Año Nuevo Chino tiene lugar en la noche de luna llena más próxima a la jornada equidistante entre el solsticio de invierno y el equinoccio de la estación siguiente, la del esplendor y el renacimiento; por eso lo llaman también "Día de la Primavera", que en 2013 ocurrió entre el 9 y 10 de febrero.La iniciativa se realiza por tercer año consecutivo en la ciudad y es organizada por el Instituto Confucio, dependiente del poder político en Beijing. Su objeto es la difusión de la lengua y la cultura chinas, y cuenta con numerosas filiales en todo el mundo, varias en Chile; en este caso, en la sede de una universidad local.La gente comienza a llegar en gran número. Los vecinos de Viña, Valparaíso, Con-Con, Villa Alemana o Quilpue, algunos de ellos inmigrantes chinos con 20 o 30 años de arraigo y otros de pocos meses, gracias a los nuevos intercambios. Ya saben de qué se trata. Hay lazos, vínculos, afirmados.Muchos de los que desfilan, mostrando su destreza en el tai-chi o la simpática "danza del dragón" –conmovedor esfuerzo por pensar y hacer en positivo–, se han preparado largamente para este acontecimiento, que es apoyado por el Instituto Confucio, la universidad, los gobiernos regional y local, más la propia embajada china. Políticas de largo plazo. Chile trazó hace décadas una ruta firme allende el mar e integra vivamente alianzas de concertación y negociación, como el Foro de Cooperación Económica Asia Pacífico, en el cual conviven 21 países que representan el 56 por ciento de la producción mundial y el 46 por ciento del comercio internacional global. Los gobernantes chilenos, actuando como hombres de Estado, suscriben desde hace lustros estudiados convenios –la mayoría bilaterales– y sus empresarios están acostumbrados a tratar con hombres de negocios de los países asiáticos. Sus académicos y gestores de universidades tienen un dinámico trato con sus pares chinos, lo que genera una valiosa gama de iniciativas cuyo impacto repercutirá en ventajas excepcionales para ambos países en las próximas décadas.Hace muchos años, los chilenos dejaron de ver a los asiáticos como extraños hombrecitos de hablar ininteligible y de exóticas costumbres. Hoy los conocen, los comprenden, los reciben e interactúan con ellos.El espectáculo está llegando a su fin y con él vienen los momentos de mayor intensidad. La Ópera de Beijing hace su entrada triunfal y despliega su magia. Muchos de los presentes me comentan su fascinación por una historia milenaria que pacientemente algunos difusores hacen conocer, sin estridencias, a los ciudadanos chilenos.Algunos académicos y profesionales presentes me cuentan también cómo se vienen preparando para aprovechar al máximo las misiones, los contactos, aceitar las relaciones, evitar las decepciones, anticipar posibles fracasos, no desalentarse con el ensayo y error.Mucho rojo, amarillo, recurrentes alegorías a la búsqueda de la felicidad. Al final, asistimos a una demoledora rutina de fuegos artificiales. "Nuestro gran invento", me dice un oriental que pasea con su familia. Me quedo pensando si se trata de una realidad o de un mito. Pero allí están los fuegos, estallando sobre cientos de personas que empiezan a conocer una realidad mucho menos distante.Al fondo, ya bien entrada la noche, el mar se acera aún más y se suma rugiendo al festejo, hendido por las enormes moles, ahora luminosas y atestadas de contenedores cargados en el puerto de Valparaíso, ese mismo que enamoró a Juan Bautista Alberdi y a Domingo Sarmiento. Para aprender. Me quedo cavilando, admirado por las décadas que Chile ha adelantado respecto de otros países de Sudamérica en la relación con los gigantes de Asia. Entiendo que no habrá mejor política de acercamiento al que hoy sigue siendo, para la enorme mayoría de los argentinos, el "continente antípoda" que ordenar la casa y aprovechar la fantástica plataforma de infraestructura. No sólo la clásica y necesaria referencia a las conexiones transfronterizas, "fierros", asfalto o muelles, sino a la búsqueda y aprovechamiento de ideas, vínculos, aprendizajes, inspiraciones, amistades, amores, pasiones, conocimientos, que trasandinos y orientales han puesto en este ejercicio progresista que llevan adelante juntos, desde hace tantos años. No existirán relaciones exteriores argentinas sostenibles hacia el Pacífico sin sentar las bases de un entendimiento y alianza sólida con Chile –su Estado nacional y sus regiones– que nos contenga, nos impulse y beneficie recíprocamente. No será fácil: debemos vencer prejuicios, resentimientos, voltear algunas páginas de una buena vez. Pero es indispensable.Posiblemente, el rumbo marcado por muchas provincias argentinas y regiones chilenas –que, a pesar de ejércitos maleducados y diplomacias inconstantes, hace décadas afirman entendimientos en temas muy diversos e importantes– sea el cauce en el cual sostener esta necesaria búsqueda de la complementariedad y el equilibrio. Lo necesitamos desde ambos lados de la cordillera y también lo requieren quienes viven y producen desde el "otro" lado del "otro" charco, ese monumental océano Pacífico que finalmente veo descansar de noche, tras la magnífica celebración, como si confiara en haber dado marco a un nuevo acercamiento entre continentes cada vez más vinculados.