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Alguien tiene coronita

Habrá entonces que dejar de buscar quién tiene coronita, mirando los atributos que porta, para restituir la autoridad a donde debe estar. Marcelo Polakoff.

08 de mayo de 2012 a las 12:01 a. m.
Marcelo Polakoff (Rabino, integrante del Comipaz)
Alguien tiene coronita

La autoridad, ¡vaya concepto! No hay ser humano que no esté tocado por sus garras ni cultura que no le dedique varias de sus páginas más célebres. No por casualidad, ya desde chiquitos nos acostumbramos a preguntar quién tiene la coronita. Sucede que la imagen de la autoridad –y específicamente la de la realeza– está incorporada a la genética de la humanidad y la tradición judía no es ajena a ello.Una bellísima enseñanza del Pirkei Avot , una suma de máximas rabínicas compilada como un tratado de principios que data del segundo siglo de la era común, nos ilustra.Rabi Shimón dice: "Hay tres coronas: la corona de la Torá, la corona del sacerdocio y la corona de la realeza. Pero la corona de un buen nombre está por encima de ellas".A la luz de lo que nos enseña este sabio, parece que hay tres coronas, aun cuando al final del texto nos topemos con una cuarta.La primera corona que menciona es la "corona de la Torá", una corona que está relacionada con el conocimiento; la autoridad que destilan aquellas personas que realmente saben. Se trata de una corona que es accesible a través del esfuerzo, de la dedicación y –¿por qué negarlo?– también de ciertos dones que acompañen semejante transpiración.Un tipo de autoridad que en principio parte de una oportunidad democrática para quienes quieran acercarse a ella.Una cadena que comenzó con Moisés y que de generación en generación atravesó estructuras, geografías y demás poderes, hasta recaer en nuestros sabios, pero que no se restringe a ellos, sino que implica la sabiduría en todo campo, homologable al saber científico. La segunda corona que menciona Rabi Shimón es la "corona del sacerdocio", una corona que proviene netamente de lo religioso; la autoridad que emanan quienes tienen a su cargo la conducción del culto.Un tipo de autoridad que tiene a Aarón, el primer sumo sacerdote del pueblo de Israel, como precursor, y que hoy la podemos traducir como el poder espiritual, aquel que ostentan las autoridades que representan lo trascendente en cualquier confesión.Por último, tenemos la "corona de la realeza"; una corona que posee el halo mayor del poder, al punto tal de dotar de su objeto simbólico al resto de los tipos de autoridades. Aquí estamos ante la autoridad en grado sumo. Una corona que de algún modo competía, en el seno de nuestro pueblo, con la autoridad divina. Una corona cuyo poder estaría hoy evidentemente identificado con el gubernamental.Así podría haber concluido Rabi Shimón esta enseñanza. Pero, al margen de sendas tres coronas, nos presenta una más: el Keter Shem Tov , la "corona de un buen nombre". Parece que por encima de quien posee conocimientos, por sobre aquellos que ostentan el establishment religioso y más allá de quien ocupa un trono –con o sin elecciones–, se halla esa persona que se granjea la autoridad de sus congéneres por ser el autor de un buen nombre, ni más ni menos que el suyo propio.En última instancia, nos susurra Rabi Shimón con su cuarta corona, dejar un buen nombre es coronarse de trascendencia gracias al respeto de los prójimos. Algo que garantizaría que el uso de las otras tres fuese honorable. Porque no necesariamente el saber promete moral, ni tampoco una creencia asegura lo ético, y demás está decir que el poder político no es indefectiblemente respetuoso.Habrá entonces que dejar de buscar quién tiene coronita mirando los atributos que porta, para restituir la autoridad donde debe estar. Se trata más de un "quién es" y no tanto de un "qué hace". ¿Me equivoco o acaso la autoridad no fue siempre un tema de autor?