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Agarrate, Catalina

Además de simpatías mutuas, José Manuel de la Sota y Ramón Javier Mestre tienen una necesidad en común: que los habitantes de la provincia de Córdoba y los de la Capital -por partida doble- acepten sin chistar que en 2013 tendrán que pagar impuestos más caros. Julio Perotti.

04 de noviembre de 2012 a las 12:01 a. m.
Redacción La Voz
Agarrate, Catalina

Uno es peronista y el otro radical, pero no pueden ocultar que los atraviesa una indisimulable corriente mutua de simpatía. Bajo el argumento de la necesidad de “buenas relaciones institucionales”, resulta imposible escuchar alguna crítica cruzada entre el gobernador José Manuel de la Sota y el intendente de Córdoba, Ramón Javier Mestre.

También los cruza la misma necesidad: que los habitantes de la provincia de Córdoba y los de la Capital –por partida doble– acepten sin chistar que en 2013 tendrán que pagar impuestos más caros.

Y que los contribuyentes entiendan que esos tributos serán una cuarta parte más altos de los que abonan ahora, por una sencilla razón: la inflación será de entre el 23 y el 25 por ciento, aunque el Indec manipulado, de Guillermo Moreno, meta los verdaderos precios bajo la alfombra.

Pero hay más en común entre De la Sota y Mestre: los dos están convencidos de que la gente les perdonará esta nueva metida de mano en el bolsillo si son capaces de exhibir que la plata se destina a obras públicas y no a gastos improductivos en las burocracias estatales.

Lo que los diferencia es desde dónde arribaron a esta situación y a dónde quieren llegar en sus futuros inmediatos.

Para De la Sota, la relación con la presidenta Cristina Fernández está en un punto de quiebre, sin retorno. Ni siquiera es válido el argumento de que los peronistas, al final, siempre arreglan todo.

“El vínculo se rompió cuando no quisimos ponerle un vicegobernador para que ellos mandaran a destituirnos”, aceptó un funcionario conocedor de los entresijos del divorcio definitivo que llevó a Cristina a ordenar que no le pagaran un centavo de la deuda que la Nación tiene con la Provincia.

Y como hoy las puertas de la Casa Rosada siguen cerradas, no aparece alternativa alguna para que el justicialismo cordobés arme el año próximo una lista de confluencia entre el delasotismo y el kirchnerismo.

Ninguno lo desea. Por eso, De la Sota –puesto en precandidato presidencial– aplaudió el regreso al centro de la escena de su antecesor y socio político, Juan Schiaretti, para quien tiene reservado el primer lugar en la lista de candidatos a diputados nacionales.

Como contrincante podrían estar Carolina Scotto, la rectora de la Universidad Nacional de Córdoba, o Martín Fresneda, el secretario de Derechos Humanos de la Nación. Cada quien tiene sus padrinos y sus detractores dentro del cristinismo.

Pero el peronismo cordobés confía en sus propias fuerzas, aun cuando la reelección de Cristina Fernández sea una alternativa que, al final, el oficialismo pudiese lograr.

Cuestión de aguante. "Nosotros tenemos futuro, aunque el kirchnerismo tenga reelección", es el mensaje de confianza que baja de la dupla De la Sota-Schiaretti.

¿Cómo van a hacer si la Nación no manda un centavo?, se le preguntó a un calificado referente partidario que conoce al dedillo la situación de la Provincia.

“La deuda es autofinanciable. Nadie aplaude una suba de impuestos, pero la gente se lo va a bancar siempre que vea que hacemos obras”, respondió.

En este punto, anota que las medidas que tomó De la Sota, como el diferimiento de los aumentos jubilatorios, ya comenzaron a tener efecto. “Explíquenme cómo aguantó la Provincia hasta 10 meses después los 2.200 millones que la Nación le debía”, se exalta el dirigente. “Ellos (los kirchneristas) apostaban a que no llegábamos a agosto. Y acá estamos”, se ufana.

Lo cierto es que la tasa de inflación juega a favor del Gobierno provincial, porque licúa esos aumentos postergados.

Hay, también, una referencia política más directa a la imposibilidad de sobrevivir en estas tierras con el escudo cristinista al frente: dicen que la imagen de la Presidenta tiene en Córdoba un altísimo grado de rechazo. “Si queremos gobernar Córdoba o Santa Fe, no podríamos nunca ser kirchneristas”, sostiene un allegado a Schiaretti.

Afirma, también, que en las otras provincias –a las que la Nación les debe recursos– la moneda de cambio es cada una de las listas de diputados nacionales. O sea: el gobernador recibe la plata y el kirchnerismo arma la boleta.

En busca de la eternidad. ¿Cuál es el objetivo de Cristina? El mismo de las elecciones de 2011: juntar una masa crítica de diputados que, en algún momento, le sumen para tratar de llegar a los dos tercios necesarios para abrir el debate de la reforma constitucional, con la reelección como meta.

De momento, el Senado parece un escollo infranqueable: la semana pasada, 28 senadores de la oposición le pusieron la firma a una declaración en la que se comprometen a rechazar cualquier intento de reforma de la Constitución. En el Senado, los dos tercios son 48 sobre 72 miembros, por lo cual si los 28 cumplen el compromiso, el intento perdería vuelo.

Pero nada es definitivo en el planeta K: ya están barajando alternativas, entre ellas quedarse con las listas de la provincia de Buenos Aires y hacer llover millones de pesos en ese distrito, para que un triunfo contundente en Diputados deje al Senado como una expresión simbólica e incapaz de frenar la ola reeleccionista.

El radicalismo nacional evalúa la alternativa de construir, a partir de este consenso antirreforma, un frente opositor. Pero Córdoba, un distrito siempre necesario para la UCR, no parece ir en esa línea.

Vamos solos, ratificaron el jueves por la noche Mestre y el presidente del partido, Alberto Giménez.

Esta es una buena noticia para De la Sota, que ve así naufragar cualquier intento de coalición entre los radicales y Luis Juez, compelido a jugar en persona en esta instancia, en la que debería volver a enfrentar a Schiaretti, como en 2007.

Obras, no palabras. Mientras no quiere ceder espacios en el partido, Mestre tiene problemas menos entretenidos que la interna partidaria: cómo conseguir recursos.

Es que la Municipalidad necesita financiar más de 900 millones de pesos de incremento presupuestario para 2013 respecto de este año, de los cuales más de la mitad van a un mayor gasto salarial. En tanto, la diferencia será para Tamse y la basura, y las migajas, para obras públicas.

Allí está el problema central: qué argumento ofrecer a la sociedad de que la plata que sale de sus menguados ingresos 
no termina en manos de los empleados municipales y sí, en cambio, en baches tapados, luces en las calles, desagües y cloacas.

En definitiva, si a Cristina la economía le sonríe y es la impericia su peor enemigo, para De la Sota y Mestre no les es esquiva la política, sino la realidad.

La mano viene de sacudones. Para ellos o para los cordobeses. Como fuere, ya lo decía el maestro Irineo Leguizamo: “Agarrate, Catalina”.