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Adónde estudiar para ser político

Lamentablemente, no hay en nuestro país carreras universitarias ni de estudios superiores que formen a políticos, como las hay en otros países. Horacio Gentile.

04 de marzo de 2012 a las 12:02 a. m.
Horacio Gentile*
Adónde estudiar para ser político

Este dilema se me planteó antes de entrar a la universidad y lo resolví cambiando la idea, que tenía mientras cursaba el secundario, de estudiar Ingeniería Civil por la de inscribirme en la Facultad de Derecho. Hoy no estoy arrepentido, ya que esos estudios me sirvieron para ejercer la profesión de abogado, para militar en política, ejercer cargos legislativos y ser profesor universitario, en la enseñanza de una materia tan política como lo es el Derecho Constitucional.Lamentablemente, no hay en nuestro país carreras universitarias ni de estudios superiores que formen a políticos, como las hay en otros países. En Francia, por ejemplo, existe la Escuela Nacional de Administración (ENA), creada en 1945 por el presidente Charles De Gaulle, con sede actual en Estrasburgo, donde se forman muchos de los altos funcionarios del gobierno y la administración, a quienes se les llama énarques . Lo fueron dos presidentes y siete primeros ministros, aunque los énarques son raros en el gabinete del actual presidente, Nicolas Sarkozy.En Brasil ocurre algo parecido con la Fundación Getulio Vargas, creada en 1944 por el presidente que le dio su nombre y que provee, desde entonces, de personal político y administrativo a los distintos gobiernos del país vecino. Abogados al por mayor. En el nuestro, muy pocos egresados de las escuelas de Ciencias Políticas se dedican a la política, entre los cuales está el actual jefe de Gabinete de Ministros, Juan Manuel Abal Medina. Los que en nuestro país alcanzan el título de abogado, al que en otros países se denomina–a lo mejor con mayor precisión– Licenciatura en Derecho, están habilitados no sólo para ser abogados, sino también jueces, fiscales, defensores públicos, auxiliares de la Justicia, asesores letrados y auditores.Sus conocimientos les sirven para ejercer el arte de la política en cargos como los de constituyente, legislador, concejal, presidente, gobernador, intendente, ministro, secretario de Estado, y también en funciones partidarias o de asesoramiento.Desde que recuperamos la democracia en 1983, todos los presidentes elegidos por el pueblo han sido abogados, y tres de los cinco que lo hicieron provisionalmente en la crisis de 2001 a 2003 también lo fueron. Los dos que no eran letrados, el ingeniero Ramón Puerta y el empresario Eduardo Caamaño, ejercieron la Primera Magistratura sólo tres días cada uno.En la etapa de 53 años, en la que se alternaron gobiernos civiles con gobiernos de facto (1930-1983) y en la que la mayoría de los presidentes fue militar, sólo fueron abogados el presidente Roberto Ortiz, el vicepresidente que lo sucedió por la enfermedad que lo llevó a renunciar antes de fallecer, Ramón Castillo (1938-1943), y Arturo Frondizi y José María Guido, que lo siguió como presidente de facto, luego del golpe de Estado que lo derrocó (1958-1963). Entre 1854 y 1930, de los 16 presidentes que hubo, 11 fueron abogados.Desde que en 1994 se creó el cargo de jefe de gabinete de ministros, siete de los trece que ejercieron ese cargo eran abogados. En el actual gabinete del Poder Ejecutivo Nacional, cinco de los quince ministros son abogados.En la composición actual del Congreso de la Nación, según la Dirección de Información Parlamentaria, hay 62 diputados y 27 senadores que son abogados.En Diputados, hay también 21 ingenieros –10 de los cuales son de especialidad agrónomos–; 10 contadores; nueve médicos; seis economistas; cuatro psicólogos; cuatro licenciados en Ciencia Política, una en Relaciones Internacionales, una en Humanidades, una en Ciencias de la Educación, una en Bromatología, uno en Turismo y otra en Servicios Sociales. Tres son veterinarios; tres arquitectos; dos odontólogos; dos sociólogos; dos bioquímicos; una bióloga; un farmacéutico; un máster en sistema y servicios y 25 se declaran docentes, profesores o pedagogos.En el Senado se cuentan, además, seis ingenieros, tres médicos, tres contadores, dos periodistas, un licenciado en Economía, un arquitecto, una fonoaudióloga, un sociólogo, una bioquímica, un agrimensor y seis son profesores o docentes. Mejorar la formación. La formación y capacitación que hacen los partidos políticos es por demás deficiente y la debilitación de esas instituciones, ocurrida en los últimos años, ha agravado la insuficiencia, que no ha podido ser corregida a pesar de los aportes que el Estado asigna a los partidos con este propósito, mediante el Fondo Partidario Permanente, ni por el Programa Nacional de Formación de Dirigentes y Fortalecimiento Institucional del Instituto Nacional de Capacitación Política, dependiente del Ministerio del Interior, por su sectaria orientación oficialista, ni por los programas o becas de las fundaciones nacionales o extranjeras (como las alemanas Konrad Adenauer, Friedrich Ebert o Friedrich Naumann) y de otras organizaciones no gubernamentales que entre sus fines tienen la educación política. Si queremos mejores políticos tendremos que, además de corregir las carencias antes apuntadas, mejorar su educación. Y, hasta que tengamos una escuela como la que hay en Francia o en Brasil –si alguna vez se creara–, habrá que reformar al menos las currículas de las facultades de Derecho, que son las que proveen mayor cantidad de personal político.La creación, en los últimos años, de cátedras, cursos, seminarios y maestrías de ética y de derechos parlamentario, procesal constitucional, electoral y constitucional comparado, en algunas facultades, ha sido un aporte positivo para la formación de nuestros futuros políticos.

*Profesor de las universidades Nacional y Católica de Córdoba, ex diputado de la Nación.