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Un juicio que deja al descubierto miserias del submundo "narco"

Enla Cámara 4° del Crimen se ventila el brutal asesinato de un adolescente de 16 años.

30 de diciembre de 2011 a las 12:01 a. m.
Un juicio que deja al descubierto miserias del submundo "narco"
Acusados. Ariza (de oscuro), Vivas, Dueñas (de anteojos) y Maldonado (de remera naranja) (Raimundo Viñuelas / La Voz).

Darío Antonio Vergara tenía 16 años. El sábado 7 de marzo de 2009, junto a un grupo de amigos, estaba parado en una esquina de Villa Unión, en la ciudad de Córdoba (entre el cruce de Cárcano y avenida Fuerza Aérea –ruta 20–), sin saber que estaba a punto de ser asesinado. De pronto, la reunión fue interrumpida por el paso de un Ford Falcon color crema, de cuyo interior varias armas de fuego se asomaron por la ventanilla. La andanada de disparos fue tremenda. Los peritos estiman que hubo por lo menos 15 balazos, calibre 9 milímetros, todos disparados desde el auto hacia la vereda. La estampida de los jóvenes que estaban reunidos fue inmediata. Vergara fue el último en reaccionar, acaso porque era el único de todos que se encontraba en el momento y en el lugar equivocado, desconociendo una disputa previa que le era ajena. Cuando intentó irse, recibió un disparo en un pie, por atrás. Cayó al suelo y se hizo un nudo de dolor. Sin darse cuenta, quedó de cara frente al auto del que escupían los balazos. Lo fusilaron: el segundo disparo le ingresó por el pecho. Murió minutos después.En la balacera, otros dos jóvenes resultaron heridos, aunque sin riesgo para sus vidas. La pista "narco". Hoy, cuatro personas, todas mayores de edad, son juzgadas en la Cámara 4ª del Crimen de la ciudad de Córdoba, sospechadas de ser las que aquella madrugada dispararon contra el grupo en el que se encontraba Vergara. La investigación preliminar, encabezada por el fiscal de instrucción de Distrito 4 Turno 5, Pablo Molina, permitió desentrañar la dinámica de un sector social de Córdoba forjado cada vez más alrededor del submundo del narcotráfico. Una historia de favores, traiciones y venganzas entre jóvenes y más grandes dedicados al comercio minorista de la droga. Según la instrucción, la absurda muerte de Vergara fue el corolario de una disputa territorial por el control de la venta al menudeo de marihuana.Esta crónica roja, con varios protagonistas, puede comen­zar a escribirse durante la siesta del 1º de marzo de 2009, cuando Mariano Fabricio Maldonado (37, alias "Johny Walker", uno de los imputados) amenazó con un cuchillo a Ezequiel Antonio Elías, al que le dijo que le devolviera el dinero que le debía o, caso contrario, lo iba a matar.Según la investigación, y los testimonios escuchados hasta ahora en el juicio, Elías habría sido un "delivery" de droga que trabajaba para Maldonado. Al parecer, se quedó con un vuelto (serían 70 pesos), pero el problema mayor radicaría en que habría empezado a armar por su cuenta una estructura paralela, lo que creó una competencia territorial.Horas después, Maldonado junto a tres sujetos, Edgar Ariza (37, también imputado) y otras dos personas aún no i­dentificadas, llegaron en dos vehículos hasta el frente de una casa ubicada casi en la esquina de Los Tártagos y Zuluaga, siempre en Villa Unión. Frente al domicilio se encontraban Elías junto a Diego Leyva y Ramón Gómez.Al notar que uno de los llegados llevaba un arma de fuego en una de sus manos, Elías y Gómez corrieron, quedando Leyva a merced de Maldonado, Ariza y compañía. Lo golpearon en la cabeza y lo obligaron a que se desprendiera de sus zapatillas, Nike blanco y gris, talle 39. Dejarlo descalzo significaba una humillación en los particulares códigos del hampa.Esa noche, desconocidos habrían baleado la casa de Mal­donado, según declararon dos testigos durante la instrucción. Afirmaron que el ataque se debió a una represalia por lo sucedido durante la tarde.Ante esto, el espiral de violencia continuó agigantándose. Según consta en la investigación previa, ahora ratificada por los dichos de testigos durante las primeras audiencias, Maldonado habría subido la apuesta, ofreciendo tres mil pesos y un auto Chevrolet Corsa verde para matar a Elías y a todos aquellos que lo amparaban.El sábado 6 de marzo, a las 22.30, Elías y otros ocho jóvenes se reunieron frente a la casa de uno de ellos, en la esquina de África y Viedma Recalde, para celebrar un cumpleaños. En el grupo estaba Vergara. La ronda se extendió, y cuando el sábado ya había trocado a domingo, apareció por calle África el Ford Falcon crema, con vidrios polarizados, de cuyo interior salieron los balazos mortales. "Sicario". En la investigación quedó apuntado que Maldonado viajó hacia la ciudad de Santa Fe, donde contactó a Carlos Ariel Dueñas (38), con quién regresó a Córdoba aquel 6 de marzo. Dueñas vive cerca de la cancha del Club Colón de Santa Fe, un sector donde han proliferado los vendedores de estupefacientes. Al llegar a Córdoba, siempre según lo fijado por la instrucción, ambos se habrían reunido con Ariza y con Esteban Adrián Vivas, un soldado voluntario de 25 años, que es el cuarto imputado por el homicidio de Vergara y el único que llegó al juicio en libertad.El auto Ford Falcon que los testigos ubican al momento del crimen es propiedad de Dueñas. En su descargo, el hombre dijo que lo había traído para vender en Córdoba a un conocido de Maldonado, pero cuando éste y la otra persona, a la que iden­tificó como Vivas, lo fueron a probar, a la medianoche, regresaron con dos balazos en una puerta, disparados de adentro hacia afuera, sin saber él en qué se habían involucrado.¿Contrató Maldonado a Dueñas para cometer los crímenes? ¿Se trata de un sicario "narco"? Ante la feria judicial, las audiencias recién se reanudarán el próximo 3 de febrero, día en el que puede llegar a alegar la fiscal de Cámara, Laura Ba­ttistelli.En el juicio ya declaró el policía comisionado Eduardo Molina, de la sección de Procesamiento de las Telecomunicaciones de la Policía Judicial, que hizo un seguimiento de las llamadas de Maldonado, a través del cual lo ubicaron en los días anteriores al crimen en Santa Fe, regresando el mismo 6 de marzo a Córdoba.Entre otras evidencias en torno a que el ataque se pudo haber organizado en Santa Fe, figuran que las vainas servidas halladas en el lugar del crimen no se comercializan en la ciudad de Córdoba, pero sí en las armerías santafesinas.Aunque puede suponerse, a través de la instrucción, que Dueñas actuó como "sicario", la conducta de este, recibiendo en su casa a Maldonado, hablando con él por teléfono de manera seguida, viajando incluso juntos y llevando en su auto a otras personas –según lo fijado en la investigación previa–, hacen dudar de que fuera realmente un asesino a sueldo. Tal vez, en caso de comprobarse su participación en el crimen, podría tratarse de una persona que, por motivos de su conveniencia, intentó ayudar a "despejar" Villa Unión en la lucha territorial que comenzaba a asomarse por el control de la venta minorista de droga.