Un incesante desfile, al estilo de las grandes despedidas
Emoción, reconocimiento y dolor fueron las notas principales de la gente común que pasó frente al féretro. Hubo llantos y gestos hacia la Presidenta.
Buenos Aires. "Estoy tranquila, les pude decir que los quiero", confiesa Sonia (50 años) junto con Eduardo, su marido. Ella intenta sonreír, él llora desconsolado. Esperaron pacientemente más de seis horas para ver el féretro con el cuerpo de Néstor Kirchner y mirar de cerca a su viuda, la presidenta Cristina Fernández, para darle ánimo. A las 18.30, la misión está cumplida, por eso la tranquilidad, sin embargo, la congoja no da tregua. Decenas de miles de argentinos se acercaron a la Plaza de Mayo para despedir a Kirchner y apoyar a Cristina. Por el velatorio, en la Galería de los Patriotas Latinoamericanos de la Casa Rosada, desfilaban a razón de unas 60 personas por minuto desde las 10, sin cesar. Se calcula que pasaron por allí –al cierre de esta edición– unas 60 mil personas. La capilla ardiente continuará hasta las 10, cuando se inicie el cortejo fúnebre que recorrerá parte de la ciudad hasta la base militar del Aeroparque metropolitano, donde un avión partirá a Río Gallegos, donde será enterrado en una ceremonia privada. Muchos jóvenes. Afuera del palacio, en la plaza, se percibe algo que se parece mucho a una celebración: una mayoría de jóvenes (que dio sus primeros pasos en la política en los últimos años, en los que el kirchnerismo radicalizó sus acciones), anima al resto. Cantos de apoyo al Gobierno para demostrar fortaleza política, vivas al líder desaparecido e insultos a la oposición. La catarsis colectiva va y viene de un estado a otro. Predomina, el de celebrar la memoria. "El matrimonio igualitario es sólo un hito más. Me hice kirchnerista cuando ellos –Néstor y Cristina– confrontaron con el campo", comenta Hernán, 28 años, abrazado a una bandera de la comunidad gay. Detrás, dos formoseños, afincados en el sur del conurbano bonaerense, cantan con la multitud, ansiosos. Les queda sólo 50 metros para entrar a la Casa Rosada y para despedirse. En rigor jóvenes, no tan jóvenes, ancianos y padres con pequeños niños se movilizaron ayer para dar un último adiós, pero ni bien se encontraban y se reunían en grupos comenzaban a cantar para reafirmar su militancia, su pertenencia política. El funeral de un líder político tomó forma de un acto de fe. "Andate Cobos, la puta que te parió", grita Germán (24) con su mamá Mónica (56), parados frente a una pantalla, en la que la multitud veía lo que ocurría en la capilla ardiente. El hijo y la madre multiplican así la bronca y se suman a una enorme masa que dirigió durante todo el día insultos al vicepresidente, el hombre que Kirchner calificó como un "traidor". "Estoy contento porque vinimos a la plaza las agrupaciones políticas y sociales, pero también aparecieron los barrios, la gente. Esto quiere decir que no estamos equivocados", reflexionó Mariano, un militante porteño, para explicar por qué la tristeza dio paso a la alegría y se entremezcló con ella. Adentro de la Casa Rosada las lágrimas no pueden contenerse. Cada vez que la Presidenta se acerca a los ciudadanos "de a pie" y recibe cartas y besos, la Plaza de Mayo estalla en aplausos. "¡Qué fuerza que tenés morocha!", le grita un hombre mirando la pantalla gigante. Es Marcelo (41), bonaerense, quien sueña con llamar a su tercer hijo, una nena, Cristina Eva. Por Diagonal Norte, un padre y sus dos hijos adolescentes desfilan ansiosos. Los chicos, cada uno con sus cámaras digitales, se sacan fotos con los dedos en "V". Casi seguro subirán las imágenes a sus páginas en Facebook. Desde el centro de la plaza, un matrimonio de jubilados, Francisco y Teresa, le dan ánimo a la Presidenta. Viven en el coqueto barrio porteño de Belgrano; él milita en el justicialismo desde chico y Teresa dice ser sólo kirchnerista. A metros de ellos, una muchacha de no más de 20 años arenga a sus amigos de Ituzaingó: "¿Y si metemos las patas en la fuente?", blanquea la tentación de repetir la postal del 17 de Octubre en otro día que saben histórico.

