Una ruta que puede tener fondo negro
En casi todas sus presentaciones, José Manuel de la Sota repitió que “las campañas electorales sólo les importan a los políticos y que la vida real de la gente transcurre entre una elección y otra”. Roberto Battaglino.
En casi todas sus presentaciones, José Manuel de la Sota repitió que "las campañas electorales sólo les importan a los políticos y que la vida real de la gente transcurre entre una elección y otra". Seguramente le asiste buena parte de razón. Ahora bien, a juzgar por los montos que se manejaron en esta campaña que hoy termina, en particular la que él encabezó, es abundante la cifra asignada a eso que "sólo les importa" a los políticos y poco a la gente.Una vez más, la campaña de Unión por Córdoba fue la más costosa, como viene ocurriendo en cada turno electoral desde que la coalición liderada por el PJ cordobés ejerce el poder provincial, a partir de julio de 1999. También Unión por Córdoba volvió a ser, como ocurrió en las últimas elecciones, la única fuerza que no responde el cuestionario enviado por este diario sobre presupuestos de campaña.En general, en todos los niveles y distritos, los oficialismos gastan más que sus competidores de manera desproporcionada, sin contar la gran cantidad de recursos públicos que se ponen al servicio de la campaña del candidato del partido gobernante.Por eso, la tendencia en países y provincias que deciden avanzar en serio en calidad institucional es legislar para que el Estado financie las campañas y limite o prohíba la inversión privada, de modo tal que las posibilidades de difusión sean equitativas.En Córdoba se insinuó algo en la reforma electoral de 2008 (ley 9.571), que contemplaba el financiamiento mixto y ciertas restricciones al manejo de fondos. Pero en forma prolija los legisladores oficialistas borraron con el codo parte de lo escrito con la mano y mediante la ley 9.839, de septiembre de 2010, suspendieron artículos que legislaban esa cuestión. Y el financiamiento de la campaña es una mancha, no menor, en el régimen electoral que se pone a prueba el domingo.Como en las campañas anteriores, los partidos gastan más de lo que informan, tanto a la Justicia como a la prensa. Además del PJ de De la Sota, el Frente Cívico de Luis Juez y el radicalismo de Oscar Aguad tuvieron esa conducta.El tema, aunque no tenga fuerte impacto social, es vital para la salud del sistema, ya que los dineros que se manejan en campaña tienen riesgo de ser semilla y fruto de la corrupción. Semilla, porque los que aportan a la campaña de un determinado candidato pueden después reclamar beneficios por fuera del marco legal cuando su financiado llega al poder. Y fruto, porque los gobernantes suelen hacer "caja" para tener disponibilidad de recursos proselitistas.La enorme cantidad de dinero en efectivo, sin comprobantes sujetos a control impositivo refuerza la duda sobre la ruta de dinero. Una ruta que parece tener el mismo color del asfalto: negro.

