Reglas electorales, atadas a la conveniencia
Las primarias fueron concebidas como un instrumento de legitimación de la candidatura de Néstor Kirchner. Ahora, dependen de la estrategia que siga el oficialismo. Horacio Serafini.
Casi no ha pasado un día, en lo que va de 2011 sin que el ministro del Interior, Florencio Randazzo, haya tenido que salir a reconfirmar las primarias de agosto. Tampoco sin que haya sido puesta en cuestión su realización por razones operativas, según la Justicia electoral, o por supuesta carencia de voluntad política, que la oposición le atribuye al Gobierno nacional.De hecho, la morosidad con que se maneja el oficialismo en este asunto no hace más que alimentar la incertidumbre.A comienzos de diciembre, por caso, el director nacional Electoral, Alejandro Tulio, dijo a este diario que estaba en preparación el quinto decreto presidencial reglamentario de la ley de Reforma Política: nada menos que el referido a la distribución de los espacios.A más de un mes de esos dichos, el decreto sigue en preparación.Aun sin desconfiar de la voluntad política por reglamentar lo que resta reglamentar, lo cierto es que la lentitud del Gobierno tendría directa relación con su conveniencia electoral. Recuérdese: las primarias abiertas, simultáneas y obligatorias (identificadas con la sigla "Paso") fueron incluidas en la reforma política sancionada en los últimos días del Congreso con mayoría oficialista kirchnerista, en diciembre de 2009.Esas primarias abiertas y obligatorias fueron concebidas como un mecanismo para vigorizar la candidatura de Néstor Kirchner en una interna del PJ en la que estarían obligados a competir los opositores del propio partido. Pero sin Kirchner, con encuestas que a fines de noviembre daban un probable triunfo de Cristina en primera vuelta, las primarias pasaron a ser inconvenientes.De ahí que su implementación, como su eventual archivo este año, puede depender del panorama que pinten los próximos números de intención de voto.La incertidumbre, en tanto, apura movimientos opositores que, de hecho, violan la ley electoral. Ahí están los que ya se lanzaron como candidatos; o los que, como los radicales, se alistan para empezar a serlo.

