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Los hermanos no son hijos de desaparecidos, dice el examen

El análisis clave de ADN fue realizado por el Banco Nacional de Datos Genéticos. Cotejaron con muestras de familiares de desaparecidos en 1975 y 1976, año en que nacieron.

16 de julio de 2011 a las 05:10 p. m.
Especial
Los hermanos no son hijos de desaparecidos, dice el examen

Buenos Aires. Los resultados del análisis central de ADN, que comparó los perfiles genéticos de los hermanos Marcela y Felipe Noble Herrera con las muestras biológicas de personas desaparecidas en los años 1975 y 1976, confirmaron que los hijos de la directora del diario Clarín, Ernestina Herrera de Noble, no son hijos de desaparecidos.

Este es un expediente iniciado hace 10 años por una denuncia concreta.

Esta es la segunda respuesta negativa –y central por su importancia– que brinda el Banco Nacional de Datos Genéticos (BNDG). La primera confirmación de que Marcela y Felipe no son hijos de desaparecidos se conoció el 11 de este mes, cuando se comprobó que los perfiles genéticos de los hermanos no coincidían con los de las dos familias querellantes (Lanuscou-Miranda y Gualdero-García).

Ahora, en otra etapa clave de la pericia, se analizaron los casos de familias con personas desaparecidas durante 1975 y 1976. El entrecruzamiento con las muestras biológicas de Marcela y Felipe volvió a dar negativo. Se trató de un cotejo central en todo el estudio ya que 1976 es el año de nacimiento de los hermanos.

Según los informes médicos que constan en sus actas de adopción, Marcela nació en marzo de 1976 y Felipe en abril del mismo año.

La Justicia le otorgó la guarda de Marcela a Noble de Herrera el 14 de mayo de 1976, mientras que la guarda judicial de Felipe data del 7 de julio de ese mismo año.

El resultado dejó claro que Marcela y Felipe no son hijos de personas desaparecidas en ese año, y tampoco en 1975. Por lo tanto, resulta imposible que lo sean de casos posteriores a 1976, ya que desde mayo y julio de ese año los hermanos, entonces bebés, vivieron con Ernestina Herrera de Noble, luego de que la Justicia le otorgara la guarda de ambos.

No sólo eso, además obtuvieron sus documentos y cédulas de identidad, y viajaron al exterior con su madre luego de esas fechas, entre otras pruebas de convivencia.

El cotejo fue aún más allá de los límites temporales que había fijado la Cámara de Casación en su fallo del 2 de junio pasado, ya que abarcó hasta fines de 1976, y aquel fallo establecía como límite la fecha de las guardas judiciales, esto es mayo y julio de ese año. O sea que la compulsa involucró todo el segundo semestre de 1976, donde ya no había ninguna razón cronológica para confrontar los perfiles genéticos de los hermanos, porque existían actos que probaban que vivían con su madre adoptiva.

Estos casos también dieron negativo.

Pedido. Esta ampliación de los límites que había fijado Casación fue posible gracias a la decisión de los hermanos de pedir, el 17 de junio pasado, el cotejo con todo el Banco Nacional de Datos Genéticos, por más que la compatibilidad fuera imposible.

Ese día, Marcela y Felipe no apelaron ante la Corte Suprema y ofrecieron el nuevo análisis para “poner fin a la inédita persecución sufrida durante 10 años”, dijeron.

En su escrito, Marcela y Felipe detallaron los padecimientos sufridos durante todo este tiempo. “La causa ha sido una fuente de sufrimientos inenarrables”, expresaron los hermanos. Y explicaron que su decisión buscaba “llevar paz y tranquilidad” a su madre, a la que “por su edad y estado de salud, no querían exponer a nuevos agravios” durante el plazo que podía durar una eventual apelación ante la Corte.

El discurso oficial parece ir ahora más allá. A medida que el BNDG comenzó a realizar las pericias, desde el oficialismo se lanzó la idea de que, a pesar de la existencia de resultados negativos que confirman que Marcela y Felipe no son hijos de desaparecidos, la causa no se va a cerrar.

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