El hilo entre fallos electorales, corrupción e impunidad
La Cámara Federal de Apelaciones de Córdoba le dio una buena noticia a Menem, después de que el ex presidente se transformase en funcional al kirchnerismo. Roberto Battaglino.
Los fallos electorales, las resoluciones del Consejo de la Magistratura o los Jury de Enjuiciamiento, las absoluciones o falta de mérito que involucran a hombres del poder sospechados de corrupción suelen formar de un combo, que se va a armando a tono con los tiempos políticos.
Un ejemplo se dio en estos días en Córdoba, con una causa en la que la impunidad le gana por goleada a la Justicia: la explosión de la Fábrica Militar de Río Tercero, un ícono de hasta dónde puede llegar el poder cuando intenta tapar la corrupción.
Para entender, al menos en parte, el fallo que le dictó falta de mérito a Carlos Menem en esa causa hay que empezar por recordar que uno de los integrantes de la Cámara Federal de Apelaciones de Córdoba es Ricardo Bustos Fierro.
Este magistrado, funcional con sus fallos al menemismo en la década pasada, dictó un fallo en 1999 que le abría las puertas a un tercer mandato a Carlos Menem, pese a tenerlo expresa y tajantemente prohibido por la Constitución Nacional.
Desafiar la letra de la Carta Magna no le alcanzó a Bustos Fierro para ser destituido y siguió en su cargo. Nada mejor para el poder que los jueces dóciles.
Menem logró el viernes en Córdoba uno de los fallos más aliviadores, después de haber sellado una alianza con el kirchnerismo a partir de ausencias en el Senado, que suelen ser salvadoras para el oficialismo en una Cámara casi empatada.
Y los Kirchner y sus seguidores, que habían considerado a Menem como el peor de los demonios, le empezaron a ver algún costado angelical y a tenderle mantos de impunidad, gracias a la acción de magistrados predispuestos a cumplir con los deseos del gobierno de turno.
Los gobiernos de Menem y de los Kirchner tienen unas cuantas diferencias muy profundas, que deben ser reconocidas, pero hay un hilo conductor que los emparenta: la corrupción. Por eso, no era extraño que el punto en el que se encontrasen tuviese que ver con aflojar la acción de la Justicia ¿independiente?
Consultas. En ese escenario, y como los fallos electorales suelen ser la antesala de la sintonía entre poder y justicia (casi nunca hay resoluciones en ese sentido a contramano de los intereses de la fuerza gobernante), Daniel Giacomino anda haciendo consultas para que le habiliten un nuevo mandato, vedado por la Carta Orgánica de la ciudad de Córdoba. Ese texto habilita sólo una reelección para los integrantes de la formula de intendente y vice, y Giacomino fue viceintendente de Luis Juez en el anterior período.
El intendente lo hace porque le dijeron que si no juega una carta de esa, el escasísimo poder que hoy tiene se le diluirá rápidamente. Se lo dictan algunos dirigentes y funcionarios más acostumbrados a las raras alquimias políticas que a aportarle soluciones concretas a un jefe municipal hundido en el mayor de los descréditos, que -además- tiene otras preocupaciones en ámbitos tribunalicios.
Aunque no se la tome muy en serio, la maniobra de reelección del intendente enciende otra señal de alerta sobre esa funesta combinación de fallos electorales, corrupción e impunidad.

