Culpas propias y culpas compartidas
La pelea con la Nación es una parte de la explicación, pero, para nada, toda. Walter Giannoni.
La primera lectura es sencilla, rápida y lineal: Córdoba comenzó a pagar en la infraestructura, en particular caminos y viviendas, la decisión política de sus gobernantes de distanciarse claramente del Gobierno y del modelo kirchnerista que, por el contrario, sembró rutas y casas en aquellos estados que le fueron fieles, como San Juan. El índice de competitividad provincial (ICP), difundido ayer por la Bolsa de Comercio, evalúa el comportamiento de variables de los últimos dos años, es decir, toma abarcativamente lo ocurrido en la provincia durante la administración de Juan Schiaretti.Antes de que José Manuel de la Sota se lanzara de frente contra Cristina Fernández, Schiaretti era uno de los dirigentes más aborrecidos por la Casa Rosada, por su inocultable apoyo al campo en la crisis de 2008. Ello le valió el congelamiento de cualquier proyecto que incluyera las palabras "Provincia de Córdoba" en el folio de presentación.Pero cuando se rasca un poquito esa pátina política que encubre el repliegue, es posible advertir que aparecen también muchas culpas propias en la administración de Córdoba, originadas en decisiones adoptadas, incluso, con fines de marketing electoral.¿Qué llevó a priorizar la construcción del Centro Cívico, el Faro del Bicentenario y la Central de Pilar por sobre caminos, casas o redes eléctricas indispensables?Y también otras que habrían resultado un aporte en materia de comunicaciones, como por ejemplo el Wi-Fi de Córdoba Capital, y que derivaron en experiencias frustrantes, todavía no resueltas.La pelea con la Nación es una parte de la explicación, pero, para nada, toda.

