El cuarto juicio y la memoria de un grupo de teatro popular cordobés
El martes comienza un nuevo proceso por crímenes de la dictadura. Dos de las víctimas estaban ligadas al grupo La Chispa. Sus ex compañeros de ruta los evocan.
El martes comenzará en la ciudad de Córdoba el cuarto juicio por los crímenes de la dictadura militar. Esta vez no estará en el banquillo Luciano Benjamín Menéndez, condenado a prisión perpetua en los tres procesos anteriores. Su ausencia, sin embargo, no obedece a una razón de inocencia: Menéndez estaba procesado también en esta causa, pero fue separado por cuestiones de salud, según determinaron las pericias médicas. El Tribunal Oral Federal N° 2 –integrado por José Fabián Asís, Carlos Lascano y José María Pérez Villalobo– enjuiciará a tres miembros del ex Comando Radioeléctrico de la Policía de Córdoba, por los fusilamientos, en junio de 1976, de los militantes de la Juventud Peronista Jorge Diez, Ana María Villanueva y Carlos Oliva. Los imputados son Jorge Vicente Woroná, José Filiberto Olivieri y Pedro Nolasco Bustos. La crónica de los crímenes perpetrados por la dictadura merece en el marco de este juicio una distinción simbólica. El régimen militar abatió a miles de personas; en Córdoba, militantes políticos, trabajadores, sindicalistas, estudiantes, profesionales y referentes del arte y la cultura sufrieron el secuestro, la tortura y el exterminio, cuando no, el exilio cruel. La cita viene a cuento porque Jorge Diez y Ana Villanueva estaban ligados al grupo de teatro La Chispa, que funcionaba desde 1971 y que, como tantas expresiones populares, se perdió en la disgregación bajo la ferocidad persecutoria de la dictadura. Refrescar la memoria. Con la iniciación del juicio, ex integrantes de La Chispa recrearon la memoria sobre experiencias compartidas dentro del arte y en evocación de aquella jornada en la que los tres jóvenes pasaron a engrosar la lista de víctimas de la represión. Mónica Barbieri, Artemia Barrionuevo, Galia Kohan, Graciela Mengarelli y Toto López, fueron parte de aquel grupo teatral y mantuvieron una charla con este diario; aunque recordaron que en La Chispa trabajaban también otros jóvenes inquietos y comprometidos, como Paco Giménez, luego fundador de La Cochera y hoy un referente calificado del teatro. "Recuperar la figura de Jorge es recuperar para la juventud de hoy algo que fue clave en nuestro tiempo: el sentirnos protagonistas de la historia; para que la juventud, que vuelve a tomar protagonismo, sea consciente de que no somos un consumidor más de lo que nos dan, sino críticos, cuestionadores y generadores de nuevas maneras de pensar. En aquel tiempo había pegado mucho el Mayo Francés, con la consigna 'La imaginación al poder'", relata Barbieri.Artemia Barrionuevo se suma con recuerdos de La Chispa: "Esa época era para nosotros una fiesta; era participar en todos los hechos importantes de la vida, expresar lo que sentíamos, nuestros pareceres políticos e ideológicos. Fue una etapa de muchísimo aprendizaje. Crecimos con el arte. El arte como una expresión de lo que se podía hacer, de cómo se podía transformar la realidad a partir del teatro. Por supuesto que esto fue hasta 1976. Después se produjo una diáspora. Muchos compañeros se tuvieron que exiliar o por razones de seguridad dejaron el grupo", relata. Galia Kohan se suma con evocaciones: "La Chispa fue mutando. Algunos habíamos hecho teatro antes y nos conocíamos de la Universidad, donde militábamos. Fueron los primeros intentos por crear el gremio de actores; estaban Canto Popular, los LTL (Libre Teatro Libre), Teatro Transhumante, Estudio Uno… Hacíamos festivales para los sindicatos y era una época de mucha politización. La política era parte de nuestra vida".Mengarelli acota: "Con Jorge (Diez) compartíamos una suerte de entrega absoluta de la vida y de la juventud a una causa que superaba el hecho ser buenos artistas. Era esto: a dónde poníamos nuestras fuerzas, al servicio de quién y para qué". Toto López recuerda "el espíritu que se respiraba en aquella época y la unidad obrero-estudiantil". "Era natural que miráramos los conflictos de los trabajadores y nos pusiéramos a su lado. Lo que habíamos generado con categoría de estética y de belleza tanto en la música, la danza y el teatro, fue interrumpido por la dictadura y se desparramó todo. La figura de Jorge, Ana María o Carlitos puede estar reflejada en cualquiera de nosotros. Les tocó a ello, pero podríamos haber sido cualquiera de nosotros", dice.

