La economía. El nuevo mapa del gasto público: una mitad será igual a 2023 y la otra cae 50% respecto de 2023
El Gobierno busca seguir bajando impuestos, destinando parte de los recursos tributarios extras que brinde el crecimiento económico a financiar la pérdida de recaudación derivada de bajar la presión fiscal.
En esta columna se presentan los principales resultados de un análisis del posible cierre fiscal del Gobierno nacional en 2026. El punto de partida son los datos recientes de recaudación correspondientes al primer cuatrimestre, a partir de los cuales se proyectan los ingresos para los meses restantes del año.
En paralelo, se estima la trayectoria del gasto primario indexado, que participa con el 55% del total.
Considerando la meta de superávit primario de 1,4% del PIB acordada con el FMI, se calcula la intensidad del ajuste que va a recaer sobre el gasto primario no indexado (45% del gasto primario total), constituido por subsidios a la energía, transferencias no automáticas a provincias, obra pública y gasto salarial, entre los más importantes.
Como marco de referencia, sirve repasar que la Ley de Presupuesto aprobada por el Congreso de la Nación para 2026 establecía un aumento real del 6,7% de los ingresos tributarios y uno del 6% del gasto primario del sector público nacional. Es decir que no estaba previsto en la ley de leyes una nueva reducción real del gasto para este año.
La recaudación tributaria nacional efectiva de 2026
Dada la caída real interanual del 6,7% de la recaudación durante el primer cuatrimestre, se considera factible que la recaudación de los siguientes ocho meses sea igual en términos reales a la de igual período de 2025, incluyendo la pérdida de recaudación de contribuciones a la seguridad social derivada de la implementación del Fondo de Asistencia Laboral (FAL) durante el segundo semestre.
En efecto, la recaudación podría terminar el año con un descenso real interanual del 2,3%.
Si se distribuye la recaudación tributaria nacional entre Nación, provincias y Caba, la proyección muestra una caída real interanual del 2,9% en los ingresos tributarios del Gobierno nacional y una del 1,1% en las transferencias automáticas a provincias y a Caba.
¿Qué pasó con el gasto primario en el primer cuatrimestre?
En el primer cuatrimestre del año, el gasto primario nacional base caja tuvo una baja interanual real del 3,3%, con cinco gastos subiendo y 11 ítems bajando. Los gastos que subieron fueron: subsidios a la energía (106,5%), otros gastos corrientes (18,2%), gasto en capital a provincias (15,1%), jubilaciones y pensiones no contributivas (2,6%) –que participa en el 41% del gasto primario– y asignación universal para protección social (0,6%)
Por otro lado, los gastos que más cayeron fueron subsidios a otras funciones (-93,7%), transferencias corrientes a provincias (-42,4%) y otros programas sociales (-27,5%).

Si se agrupan los distintos gastos en indexados y no indexados, se aprecia que los primeros crecieron un 1,5% real interanual durante el primer cuatrimestre. Por el contrario, los segundos descendieron un 8,6% en igual comparación.
¿Cuánto tendría que descender el gasto primario no indexado durante el período abril-diciembre para cumplir con el objetivo de superávit primario de 1,4% del PIB?
La caída real interanual de 4,3% en los ingresos totales y de 3,3% del gasto primario generó un deterioro del 11% del superávit primario durante el primer cuatrimestre.
Dada la proyección de ingresos descripta en la sección anterior, el Gobierno nacional podría alcanzar el objetivo de superávit primario disminuyendo la intensidad de la reducción del gasto. Concretamente, de una caída real del 3,3% en el primer cuatrimestre, podría sostenerse una del 2% en los últimos ocho meses del año.
En términos anuales, los ingresos totales del Gobierno nacional terminarían con una baja del 2% (incluye el FAL, que reduce la recaudación de contribuciones patronales en 0,19% del PIB) y el gasto primario acabaría, igualmente, con un descenso del 2,4% real interanual.
Dentro del gasto primario, se destaca que el gasto indexado (en función de la inflación de dos meses previos) crecería un 1% real interanual y el gasto no indexado bajaría un 6,2% real interanual. Como resultado de un descenso del gasto primario superior a la baja de ingresos totales, el resultado primario mejoraría un 2% en términos reales.
El gasto no indexado, con el objetivo de lograr un determinado superávit, es la variable de ajuste. Si los ingresos tributarios anuales cayeran 5%, el gasto primario no indexado debería descender un 11% real interanual. Por otro lado, en el caso opuesto de una suba de los ingresos tributarios nacionales del 3% real interanual, el gasto primario no indexado podría subir un 6,5%.
Si se diera el escenario base planteado, el gasto primario nacional terminaría el año 2026 con una importancia relativa equivalente al 13,7% del PIB, el menor ratio de gasto de los últimos 20 años.
El recorte en cada gasto
Dado que buena parte de la discusión actual se centra en el margen que existe para seguir recortando el gasto público, resulta importante identificar la cuantía del recorte que lleva hasta ahora cada uno de los principales gastos que integran el llamado grupo de gastos no indexados automáticamente por inflación.
En efecto, se compara el gasto acumulado de 2023 con el gasto acumulado de los últimos 12 meses respecto de abril de 2026. De esta comparación surge que la mayor reducción de peso relativo la tuvieron las transferencias no automáticas de capital a provincias, con un 93%.
De estar en 0,43 puntos porcentuales del PIB en los 12 meses de 2023, bajaron a 0,03 puntos porcentuales del PIB en los últimos 12 meses acumulados a abril de 2026.
El segundo componente con mayor caída de peso relativo fue el gasto de capital nacional, con un 73%, y el tercero, las transferencias corrientes no automáticas a provincias, con un 68%.
En orden de importancia de caída, le siguieron los programas sociales, los subsidios a la energía, los subsidios al transporte, las transferencias a universidades, el gasto salarial, el consumo de bienes y servicios y el Instituto Nacional de Servicios Sociales para Jubilados y Pensionados (Pami).
El gasto primario indexado y no indexado comparado con 2023
Luego de una caída real interanual significativa del 13,5% en 2024, el gasto primario indexado en 2025 recuperó un nivel muy similar al de 2023 y en 2026 se acercaría aún más, terminando solamente un 0,8% abajo.
Por su parte, el gasto primario no indexado bajó 36,5% en 2024 y luego un 11% en 2025. Al finalizar 2026, tendría una baja anual del 6,2%, y quedaría un 47% debajo del nivel real de 2023.
Es decir, entre 2023 y 2026, el gasto primario total anual tendría un descenso en términos reales del 29%, explicado prácticamente en su totalidad por la reducción del 47% del gasto primario no indexado. En efecto, el gasto en jubilaciones (sin bono), pensiones, asignaciones familiares y AUH retomaría el nivel real del año 2023.
El desafío hacia adelante
De la situación descripta surge que ha habido una reducción sustancial de la mitad del gasto público, mientras que prácticamente se ha mantenido constante el nivel real de la otra mitad. Esto implica que el menor peso relativo del gasto se ha logrado principalmente bajando casi 50% la mitad del gasto.
De cara al futuro, el Gobierno buscará continuar con la disminución de impuestos, destinando parte de los recursos tributarios extras que brinde el crecimiento económico a financiar la pérdida de recaudación derivada de la baja de la carga tributaria.
Para esto, se requiere seguir bajando el peso relativo del gasto público, siendo poco probable que se pueda lograr con mayor caída real de gasto. Como se mencionó, muchos gastos ya están en niveles muy bajos, no pudiendo seguir siendo achicados.
Dado esto, es esencial que la economía aumente el nivel de actividad y la recaudación, para que la disminución del peso relativo del gasto pueda lograrse con aumento real de gasto inferior al crecimiento de la economía.



