Entrevista. Andrés Malamud: La sociedad le pide a Milei que estabilice la macro sin romper la micro
El politólogo analiza el presente del gobierno libertario, el impacto de la baja de la inflación, el caso Adorni, el rol de Patricia Bullrich y las chances electorales del oficialismo para 2027.
Mientras presenta Operación Argentina, el libro que escribió junto a la periodista Astrid Pikielny en el que se plantea un puente analítico del proceso histórico entre la recuperación democrática de Raúl Alfonsín y la llegada al poder de Javier Milei, el politólogo Andrés Malamud actualiza su mirada del presente argentino.
Malamud estuvo en Córdoba esta semana y habló con La Voz en Vivo. En una extensa entrevista, el oriundo de Olavarría y con residencia en Lisboa, Portugal, analizó el estado del mandato social que llevó a Milei a la Casa Rosada, el caso Adorni, el rol de Patricia Bullrich y las tensiones internas del oficialismo, entre otros tópicos centrales.

–En el libro conectan el ciclo que va desde Raúl Alfonsín hasta Milei. ¿Qué relación encontrás entre ambos procesos?
–La idea del libro es que en 1930 se produce una doble ruptura: cae la democracia con el golpe de Estado y se derrumba la economía con la crisis internacional. Argentina quedó afuera del mundo. Alfonsín consiguió suturar la primera herida. Radicales y peronistas fracasaron en sus gobiernos, pero la sociedad nunca volvió a buscar militares. Siempre buscó candidatos en elecciones. La economía, en cambio, siguió rota. Y Milei llega justamente por eso. Milei es un producto del éxito democrático de Alfonsín y del fracaso económico de Alfonsín. No es un Bolsonaro ni un Trump. La gente no lo votó por la inmigración o por guerras culturales. Lo votó para terminar con la inflación. Es un economista elegido por un problema económico.
–¿Ese mandato sigue siendo exclusivamente económico?
–Sí, y ahí está la clave de todo. El mundo político de Milei nace y muere con la economía. Si la economía funciona, puede sobrevivir políticamente. Si no funciona, se termina. A veces él se distrae con la batalla cultural. Va a Davos y habla de homosexualidad o del aborto. Pero esos son temas que la sociedad argentina ya resolvió. Acá el problema es otro: inflación, salarios, empleo. La batalla cultural es irrelevante frente a eso. Lo que la sociedad le pide es estabilizar la macro sin destruir la micro. La macro es el Estado. La micro son las familias y las empresas. El equilibrio fiscal no se come. No educa ni cubre necesidades por sí solo.
–¿La sociedad considera cumplida la primera etapa del mandato, la baja de la inflación?
–Parcialmente sí. Y ahí aparece algo muy interesante: la paradoja del éxito. Vos vendés un producto, la sociedad te lo compra y después te pide otra cosa. A Alfonsín le pasó con la democracia. La gente compró democracia y después le exigió resultados económicos. El radicalismo no tuvo respuesta para eso. Milei hoy vende estabilidad macroeconómica y orden fiscal. Cuando la sociedad sienta que eso ya está adquirido, le va a pedir otra cosa. Y además el equilibrio fiscal todavía es precario. Porque el Estado no solamente depende de bajar gastos. También depende de recaudar. Si la economía no se mueve, no entran impuestos y el déficit vuelve.

–¿Coincide con quienes sostienen que el superávit actual es fruto más bien de un “gasto reprimido”?
–Sí. Basta mirar las rutas. Argentina se está descapitalizando en infraestructura. Y eso no solamente implica deterioro o accidentes. También afecta la logística y las inversiones. Si vos querés desarrollar minería o exportaciones, necesitás infraestructura. Las empresas internacionales miran eso. Miran cuánto cuesta mover mercadería, cuánto se rompen los camiones, cuánto demora la producción.
–¿Milei tiene capacidad para ofrecer algo más que estabilización económica?
–Hay algo que yo le reconozco y que muchas veces no se destaca: logró terminar con los piquetes. Y lo hizo combinando palo y zanahoria. Por un lado, Patricia Bullrich implementó un protocolo anti piquete de orden público. Por el otro, la ministra Sandra Pettovello desintermedió los planes sociales y aumentó la AUH por encima de la inflación. Entonces, con coerción y asistencia directa, el Gobierno consiguió orden territorial sin muertos ni represión masiva. Eso es un logro político importante.
–¿Alcanza con una inflación estabilizada en torno al 2% mensual?
–No necesariamente. Porque las prioridades sociales empiezan a cambiar. Cuando Milei llega al poder, las grandes demandas eran estabilidad y seguridad. La inflación bajó y Argentina sigue siendo relativamente segura comparada con el resto de América Latina. Entonces ahora aparecen otras preocupaciones: desempleo y poder adquisitivo. La gente quiere saber cuánto puede comprar con su salario y si va a conservar el trabajo. El verdadero desafío de Milei ya no es bajar la inflación. Es generar empleo y recuperar ingresos. Si no logra eso, la baja de la inflación no alcanza.
–Planteó recientemente que la corrupción importa más cuando la economía anda mal.
–Cuando las necesidades básicas están cubiertas, la corrupción se vuelve moralmente intolerable. Pero cuando la vida cotidiana está en crisis, la gente prioriza sobrevivir. Es duro decirlo, pero si vos necesitás salvar a un familiar o conseguir algo indispensable, la corrupción aparece como un mecanismo aceptable. Cuando la urgencia desaparece, la corrupción vuelve a ser inadmisible.
–El caso Adorni genera tanto ruido por eso.
–Claro. Porque no era corrupción para sobrevivir. Era corrupción vinculada al lujo. Eso indigna mucho más.
–La pregunta que muchos se hacen es por qué Milei todavía sostiene a Manuel Adorni.
–Hay varias hipótesis. La primera es que Milei realmente crea que es inocente y que puede demostrarlo. La segunda es que no depende solamente de él, sino también de Karina Milei. Milei puede desplazar a cualquiera menos a su hermana. Ella es parte constitutiva de su esquema de poder. La tercera hipótesis es que Adorni funciona como pararrayos. Mientras la inflación sigue siendo un problema, toda la atención pública se concentra ahí. Y después están las hipótesis más graves: que el sistema de sobresueldos y financiamiento en negro sea más amplio de lo que parece.

–¿Esta situación puede seguir erosionado políticamente al Gobierno?
–Depende de los resultados económicos. La gente tolera sacrificios cuando siente que son compartidos. Cuando percibe privilegios, deja de tolerarlos. Si un gobernante vive como vive la sociedad, hay más paciencia. El problema aparece cuando hay ajuste para unos y privilegios para otros.
–¿Cómo describe hoy el funcionamiento interno del Gobierno, con internas muy a la vista?
–Como una corte. Hay un monarca y alrededor aparecen aduladores. El caso más parecido hoy es el de Donald Trump en Estados Unidos. Mientras hay resultados económicos, eso funciona. Cuando los resultados desaparecen, el esquema se vuelve un problema. Porque el líder empieza a ver el mundo solamente a través de quienes lo elogian.
–¿Y quién capitaliza eventualmente un desgaste de Milei?
–Hoy, nadie. No hay una oposición que esté creciendo sobre las pérdidas del oficialismo. Lo que muestran las encuestas es otra cosa: hay un tercio que quiere seguir exactamente con Milei; otro tercio que quiere volver al kirchnerismo; y un tercio intermedio que dice “queremos este rumbo económico, pero con alguien más prolijo”.
–¿Las diferencias que plateó Bullrich por el caso Adorni responden en parte a eso?
–Sí. Patricia Bullrich olfateó eso antes que nadie. Ella nunca se sumó completamente al esquema de adulación total. Acompañó, se alineó, pero mantuvo cierta autonomía. Si Milei se fortalece, ella seguirá en un rol secundario. Pero si el Presidente se debilita, Bullrich puede transformarse en la continuidad del rumbo económico, aunque con mejores modales institucionales.

–¿Cómo ve a Mauricio Macri en ese escenario?
–Macri apuesta a algo parecido: equilibrio fiscal, instituciones, república y moderación. Un liberalismo de buenos modales, si querés llamarlo así.
–¿Y del lado del peronismo, qué hay?
–Hoy el único dirigente que asoma es Axel Kicillof. Entre otras cosas porque no tiene reelección en Buenos Aires. Pero tiene un problema: representa todavía una identidad demasiado asociada al kirchnerismo. Y hay una parte importante de la sociedad que no quiere volver al desorden fiscal ni a la inflación.
–¿Qué factores pueden definir el futuro político de Milei y sus chances de ser reelegido?

–Dos factores externos: el precio de las commodities y la tasa de interés internacional. Si la soja y el petróleo mantienen buenos precios, Argentina recibe dólares. Y si baja la tasa en Estados Unidos, el capital financiero vuelve a mirar mercados emergentes. En ese contexto, Milei solamente necesita sostener el equilibrio fiscal y evitar errores graves. El problema principal de este gobierno es el propio gobierno.

–¿Cómo juega ahí la relación con Estados Unidos y China?
–Hay una ironía enorme. Milei fue salvado tres veces por estructuras estatales internacionales: primero por China con el swap, después por el Fondo Monetario y finalmente por Estados Unidos. Es curioso porque tiene un discurso antiestatista muy radical, pero políticamente depende de los Estados más poderosos del mundo. Eso habla menos de anarquía y más de pragmatismo.

