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Negocios

El "fomo" y las cuotas. Milei y los costos para sostener el aguante

Con diferencia de días, el Gobierno nacional pasó de hablar de niveles récord de consumo y de actividad a un sintomático pedido de paciencia.

10 de abril de 2026, 18:40
Milei y los costos para sostener el aguante
POSTEO. En un mensaje en la red social X, el presidente Javier Milei reconoció que "los últimos meses fueron duros".

Con lo justo y necesario. Así pasó el primer tramo de 2026 en buena parte de los hogares. En lo que va del año, el deterioro del ingreso disponible –el dinero que queda después de cubrir los gastos fijos del mes– ha impactado en el endeudamiento de muchas familias.

La escalada de la morosidad marcó un nuevo pico en febrero y ya está en el punto más alto en dos décadas, según un análisis de la consultora 1816, con datos del Banco Central.

Semanas atrás, no pasó inadvertido un posteo en redes sociales de Naranja X, uno de los principales financiadores del consumo en el país. “El Fomo dura 15 segundos. Las cuotas, 12 meses. Elegí bien qué emoción financiar”.

Fomo es el acrónimo, en inglés, de fear of missing out; es decir, el miedo a quedarse afuera, a perderse algo que otros están disfrutando. Años atrás, esos gastos se licuaban entre tanta inflación. Y en la salida de la pandemia, los justificó la sed de revancha. Bienvenida la educación financiera.

Pero en el fondo, una cartera con alta irregularidad es mala para todo el sistema, porque obliga a trabajar con tasas de interés pesadas para atajar el cargo de incobrabilidad. Es algo que hoy está en el foco de todos los bancos.

Sin embargo, el meollo es más profundo en otros dos planos. Uno es el de los entornos en los que, más que emociones, se financian necesidades.

La pobreza bajó, pero sigue siendo alta. Hace tiempo que, en los almacenes y los comercios de cercanía, casi 90% de los clientes pagan el consumo de alimentos con tarjeta de crédito.

El consultor Guillermo Oliveto calcula que la clase media alta, que abarca al 17% de los hogares, es hoy lo más representativo de la clase media tradicional.

Por debajo están quienes todo el tiempo ven cómo la pobreza roza sus pies o directamente los moja hasta la cabeza.

Las venas de la tolerancia

El otro vector es el humor social, un territorio en el que el Gobierno parece que ha tomado nota de los cambios en la morfología del aguante.

Una encuesta de Casa Tres revela que casi 70% de los consultados resignaron consumos. Son 10 puntos más que hace seis meses. Las respuestas son múltiples, pero lo que destaca es el difuso universo del ocio, ligado a la posibilidad de disfrute y bienestar.

Puede sonar trivial, pero hay un fino cable que conecta esta situación con la epidermis de la tolerancia. ¿Tanto esfuerzo para tan poca recompensa? Ese interrogante es la bisagra de una puerta riesgosa: la de la crisis de sentido o de propósito. El famoso “para qué”.

Con diferencia de días, el presidente Javier Milei pasó de hablar de niveles récord de consumo y actividad a un sintomático pedido de paciencia, en un ejercicio de empatía poco común, aun cuando estuvo salpicado de críticas al periodismo.

El Gobierno sabe que la tasa de interés que implica el cambio de modelo es alta para quienes giran alrededor de los sectores “perdedores”. Pesa mucho el desaguisado del pasado reciente, pero también la ausencia de señales de buenas noticias en el corto plazo.

Financiar las cuotas de la tolerancia también tiene un costo político sistémico, al que se han adosado las capas de los escándalos que salpican a la gestión libertaria, como $Libra, Andis y las desventuras del jefe de Gabinete, Manuel Adorni.

Por eso la apelación a un estoicismo que siga acompañando el proceso, para –escribió Milei– “normalizar la economía y, con ella, la vida de todos los argentinos”.

Al fin y al cabo, la esperanza es lo último que se pierde, aunque no todos los relojes marquen la misma hora.