Tendencias. Empleo: inteligencia artificial, despidos y longevidad definen el nuevo mapa del trabajo

Las nuevas tecnologías digitales impulsan una reconfiguración global del empleo. La industria tecnológica, en particular, registra 45 mil despidos en lo que va del año. Pero el aumento de la esperanza de vida suma otro factor: a partir de 2050, uno de cada tres trabajadores tendrá más de 65 años.

20 de marzo de 2026 a las 08:10 p. m.
Empleo: inteligencia artificial, despidos y longevidad definen el nuevo mapa del trabajo
Economía de la longevidad, una tendencia cada vez más extendida en el mundo por el aumento en la expectativa de vida. (Imagen ilustrativa)

La adopción de nuevas tecnologías, como la inteligencia artificial (IA), impulsan una reconfiguración global del empleo: la industria tecnológica, en particular, registra 45 mil despidos en lo que va del año.

A esto se suma el aumento de la esperanza de vida. Para 2050, se espera que uno de cada tres trabajadores tenga más de 65 años.

Ambos factores parecen distantes. Pero son tan sólo algunos de los elementos que configuran el nuevo mapa laboral, que no sólo está marcado por la automatización, sino también por una crisis de inclusión que incluye a los adultos mayores.

El avance tecnológico y el recorte global

El mercado laboral global atraviesa una transformación profunda impulsada por la tecnología. En lo que va de este año, más de 45 mil trabajadores fueron despedidos en compañías tecnológicas a nivel mundial.

Una parte significativa de esos recortes, cerca del 20%, está directamente vinculada con la adopción de soluciones basadas en IA y la automatización de procesos que antes realizaban profesionales y ahora resuelven agentes virtuales.

El fenómeno no es nuevo. Durante 2025, la industria tecnológica ya había registrado más de 244 mil empleos eliminados. Gigantes como Amazon, Meta, Intel, Google e IBM encabezaron estas rondas de ajuste, vinculando su reestructuración a cambios en modelos de negocio y reducción de costos. Amazon, por ejemplo, anunció cerca de 16 mil despidos globales bajo esta lógica.

Argentina: entre la crisis estructural y la discriminación

En Argentina, el escenario combina este avance tecnológico con un contexto económico local complejo que afecta a miles de trabajadores por cierres de plantas y crisis sectoriales. Sin embargo, la ola de recortes no responde sólo a ciclos económicos, sino a una reconfiguración estructural impulsada por la digitalización.

En este mapa, la discriminación laboral emerge como un problema profundo. Según el estudio Diversidad en el Trabajo de Bumeran, el 71% de las personas trabajadoras en Argentina fue víctima de discriminación en su empleo. Esta cifra sitúa al país a la cabeza de la región, superando a Chile (70%), Ecuador (58%), Panamá (55%) y Perú (53%). Aunque representa un descenso respecto al 83% registrado en 2024, los niveles siguen siendo alarmantes.

La paradoja de la edad: la longevidad en ascenso

Uno de los puntos más críticos es la edad. Andrea Falcone, directora de Silver Economy Alliance (SEA), advierte que para 2050 un tercio de los empleados superará los 65 años; el problema es que la realidad actual es hostil para los mayores. El 55% de los talentos argentinos menciona haber sido discriminado por su edad, convirtiendo al edadismo en el principal motivo de exclusión.

Este sesgo se confirma con datos de contratación: siete de cada 10 empresas argentinas no incorporaron a ninguna persona mayor de 55 años en el último año. De hecho, los empleados de entre 50 y 65 años representan apenas el 7,41% de la dotación total en las compañías.

Además, el 68% de los participantes en encuestas de selección identificó la edad como la barrera principal, afectando especialmente a los mayores de 45 años. Muchos postulantes denuncian haber sido descartados explícitamente por su rango etario a pesar de cumplir con todos los requisitos técnicos.

Brechas de género y diversidad

La reconfiguración del trabajo también deja al descubierto deudas en materia de género y diversidad. El 20% de los trabajadores argentinos reporta haber sufrido discriminación por género. Según el Índex del Mercado Laboral de Bumeran, existe una brecha salarial persistente: mientras el sueldo promedio pretendido por los hombres aumentó un 1,43% recientemente, el de las mujeres descendió un 3,34%.

La disparidad se agrava con el nivel de jerarquía. Las mujeres representan el 48,8% de las postulaciones junior, pero esa cifra cae drásticamente al 28,8% cuando se trata de puestos de jefe o supervisor. Además de la brecha salarial, otros motivos de segregación incluyen el color de piel (11%), la discapacidad (8%) y la orientación sexual (6%).

Incluso, la identidad personal sigue siendo un tabú por miedo a represalias: el 16% de las personas ocultó su orientación sexoafectiva en el trabajo y el 11% hizo lo mismo con su identidad de género, en su mayoría por temor a perder su empleo.

Un ambiente poco inclusivo y perspectivas pesimistas

A pesar de los discursos corporativos sobre diversidad, el 74% de los trabajadores considera que en sus empresas no se implementan medidas reales para desarrollar espacios inclusivos. Entre las razones citadas figuran la falta de igualdad de oportunidades de desarrollo (30%), un ambiente poco cordial o respetuoso (30%) y la ausencia de políticas de cuidado (13%).

Lo más preocupante es la visión a futuro. El 55% de los trabajadores argentinos cree que la inclusión laboral no ganará importancia en los próximos años, una tendencia negativa que ha crecido sostenidamente desde 2022. Este pesimismo es exclusivo de Argentina, ya que en países como Perú o Panamá la mayoría espera avances significativos.

Hacia la economía de longevidad y el aprendizaje continuo

Frente a este mapa de despidos tecnológicos y barreras discriminatorias, surge la necesidad de rediseñar la productividad. La esperanza de vida aumentó más de 30 años en el último siglo, lo que obliga a extender la vida activa. En una existencia que puede superar los 100 años, trabajar y aprender deben dejar de ser etapas separadas para convertirse en procesos continuos.

Según destaca SEA, el debate internacional se centra hoy en tres ejes:

Lifelong learning. Educación continua durante toda la vida laboral para adaptarse a la IA.

Rediseño de carreras. Trayectorias más largas, flexibles y no lineales que abandonen el modelo tradicional de 30 años en una misma actividad.

Economías de longevidad. Aprovechar el potencial de las poblaciones activas de mayor edad, fomentando la intergeneracionalidad.

Actualmente, sólo el 11% de los trabajadores nota cambios positivos significativos en cómo las empresas tratan la diversidad. El riesgo, como señala Andrea Falcone, no es la longevidad en sí misma, sino la inacción. Si las organizaciones no reforman sus sistemas para combatir el edadismo y las brechas de género, la nueva demografía y la IA generarán una crisis de empleabilidad sin precedentes.