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Negocios

Proyecto de ley. Empresas sin humanos: la apuesta de la gestión Milei para convertir a la Argentina en polo global de la IA

El Gobierno nacional impulsa una reforma integral de la Ley de Sociedades que otorga reconocimiento jurídico a compañías automatizadas. Busca captar inversiones que hoy escapan de Europa y Estados Unidos. Entusiasmo y reparo en un debate audaz e ineludible.

10 de julio de 2026, 19:48
Empresas sin humanos: la apuesta de la gestión Milei para convertir a la Argentina en polo global de la IA
Ilustración Oscar Roldán. (La Voz)

"Quizás sea el proyecto más importante que haya pasado por el Congreso en toda su historia. No quiero ser exagerado, pero creo que es súper importante”, señala con gran entusiasmo el ejecutivo tecnológico cordobés Fabio Grigorjev en relación a la iniciativa de la gestión Milei, que propone crear un marco jurídico a empresas operadas y también comandadas por algoritmos o agentes de inteligencia artificial (IA) en relevo de personas humanas.

El proyecto de ley propone actualizar de manera integral la ley de sociedades, un marco normativo que rige desde 1972. Sin embargo, los puntos que despiertan mayor curiosidad y debate son la creación de las sociedades automatizadas y de Sociedades Descentralizadas Autónomas Operativas (DAO).

El Gobierno y voces como la de Grigorjev –experto en IA– consideran a la iniciativa como una innovadora apuesta, con chances de colocar a la Argentina en una vanguardia jurídica inédita y convertirla en un polo del tipo de compañías que indefectiblemente veremos nacer en gran cantidad.

Sin embargo, su novedad y disrupción detonan temores en un arco integrado por opositores políticos, referentes gremiales y otros dirigentes. Un indicador del tipo de debate que activa fue el intercambio que, a través de las páginas del diario británico Financial Times, tuvieron el presidente Javier Milei y el renombrado filósofo e historiador Yuval Noah Harari. Respondiendo a la defensa de Milei de esta propuesta, el pensador llamó a no brindar personaría legal a los agentes de IA. “¿Qué clase de sanción podrían mantener en regla a una corporación no humana?”, se preguntó Harari.

El ministro de Desregulación, Federico Sturzenegger, defendió la nueva Ley de Sociedades en el Senado.
El ministro de Desregulación, Federico Sturzenegger, defendió la nueva Ley de Sociedades en el Senado. (Comunicación Senado)

“Esa discusión me parece alucinante. Que alguien como Harari se interese en este debate o que empresarios de la magnitud de Peter Thiel miren a Argentina es increíble, fantástico”, celebra Grigorjev.

Alude al magnate –uno de los inversores más influyentes en Silicon Valley, co fundador de PayPal e inversor temprano en Facebook– que no sólo visitó al libertario en la Casa Rosada sino que compró una casa en Argentina y se muestra interesado en tener aquí una de sus bases.

Cofundador y chairman de Palantir Technologies, una compañía creada en 2003 con apoyo de la CIA que desarrolla plataformas de análisis de datos utilizadas por agencias de defensa, inteligencia y organismos estatales; Thiel también tiene a sus detractores.

Economía agéntica

Más allá de nombres puntuales, Grigorjev, que hoy se desempeña como CAIO (Chief Artificial Intelligence Officer o director de IA) en Evoltis, explica que en el mundo de las empresas los algoritmos y agentes de IA ganan espacio y toman a su cargo la resolución de un número cada vez mayor de procesos, decisiones y operaciones.

Define el momento actual como el nacimiento de una “economía agéntica”, donde agentes de IA interfacean con humanos para vender servicios, realizar balances o alquilar propiedades de forma autónoma.

Existen, incluso, compañías donde el grado de automatización es casi total: desde centros de distribución robotizados a fondos de inversión gobernados por tokens.

“Esto (el proyecto oficial) puede llegar a ser, a nivel de magnitud, Vaca Muerta y el campo juntos. Y de un día para el otro”, anticipa Grigorjev. Y destaca que no se trata de regular la tecnología, sino la estructura jurídica que la contiene.

Sin embargo, reconoce los desafíos: “Claro que hay riesgos. La tecnología puede ser libre y autónoma, pero la responsabilidad jurídica no. Ese es el desafío del legislador”. También señala que el país debe estar a la altura para desarrollar sistemas de control y "observabilidad" estatal que serían únicos en el mundo.

Los dos tipos innovadores de sociedades

Está claro que con el proyecto, la gestión libertaria abre una discusión que bien vale la pena dar. Y si hay un ámbito para canalizarla, es el Congreso. Allí, el ministro de ministro de Desregulación, Federico Sturzenegger, creador junto a su equipo de la iniciativa, acudió a defenderlo al Senado.

Sintetizando parte del texto, hizo foco en las dos grandes novedades tecnológicas que incluye.

Sociedad Automatizada. En primer lugar, el artículo 14 crea la Sociedad Automatizada. Se trata de un subtipo de la sociedad anónima donde la gestión operativa queda en manos de sistemas algorítmicos o agentes de IA, sin necesidad de trabajadores en relación de dependencia para su funcionamiento ordinario.

Sturzenegger aclaró que en este caso la administración sigue en manos de humanos o personas jurídicas, pero al “trabajo” lo hace el software.

Las DAO. En otro punto, irrumpen las DAO (Sección V del proyecto de ley). Aquí, la lógica se invierte o se profundiza: la administración misma de la sociedad la ejerce la inteligencia artificial a través de protocolos y “contratos inteligentes”. Según el ministro, una DAO podría contratar humanos para la gestión de esa tarea.

El proyecto establece que estas sociedades pueden representar sus participaciones en tokens o fichas criptográficas y que sus reglas de gobernanza se rigen por el protocolo técnico declarado al momento de la inscripción.

El ministro de Desregulación, Federico Sturzenegger, expuso en el Senado sobre la ley de defensa de la propiedad privada
El ministro de Desregulación, Federico Sturzenegger, expuso en el Senado sobre la ley de defensa de la propiedad privada (Comunicación Senado)

Fuente del área de Desregulación explicaron a La Voz que lo novedoso de la idea es dar personería jurídica a las sociedades automatizadas. “Observamos que en el mundo hay un auge de desarrollos con IA y que estos necesitarán una organización jurídica. Las empresas ya buscan un marco regulatorio favorable para esas operaciones: nuestra apuesta es ser el primer país en brindarlo”.

La oportunidad para Argentina surge, según el oficialismo, por defecto de las potencias actuales. Sturzenegger sostiene que Europa sufre una "sobreregulación" que asfixia la innovación, mientras que en Estados Unidos la jurisprudencia asocia a las DAO con sociedades de hecho, donde los socios responden con su patrimonio personal. Argentina, en cambio, ofrece un régimen de responsabilidad limitada, donde la sociedad automatizada responde únicamente con su patrimonio ante daños causados por sus algoritmos.

Desde su cartera, relativizan los temores y destacan que como subtipo societario, las entidades automatizadas son blanco de las mismas regulaciones, límites y obligaciones que las sociedades con trabajadores humanos.

“Si a estas sociedades las usa una persona para violar la ley cabe, como en casos donde no está presente la IA, la inoponibilidad de la persona jurídica”, señalaron desde el entorno de Sturzenegger. Este recurso legal permite dejar de lado temporalmente el velo de una sociedad o entidad para imputar sus actos y deudas directamente a los socios, asociados o controlantes, cuando se utilizó la figura para cometer fraude, violar la ley o perjudicar a terceros.

Reparos por el empleo

La oposición y sectores gremiales miran con desconfianza esta reforma. En el Senado, el kirchnerismo planteó la necesidad de identificar sujetos responsables ante eventuales perjuicios: “Si una persona es dañada por una decisión automatizada, debe poder identificar a quién demandar”, reclamaron en el debate en comisión ante Sturzenegger.

Desde el sindicalismo, Jorge Sola, secretario general de la CGT, marcó un reparo ético. Si bien reconoció que la tecnología “es algo que va a venir”, advirtió que “sí o sí tiene que estar conducida por una mirada humana”. Para Sola, el proyecto debe tener un lineamiento moral dictado por el ser humano que la IA no puede reemplazar.

“Es un proyecto que seguramente seduce a muchos. Pero en una Argentina en la que falta construir tanto todavía, me parece que ponerlo en marcha sería un gran error”, aseguró a La Voz el dirigente gremial. Su mayor preocupación radica en el impacto social: “Esto tiene que ver no solamente con la vida de los trabajadores que podría reemplazar, sino con los trabajadores que van a recibir los beneficios o perjuicios de ese accionar”.

La integración entre robótica, inteligencia artificial y sistemas informáticos impulsa una nueva etapa industrial donde la ingeniería vuelve a ocupar un rol central.
La integración entre robótica, inteligencia artificial y sistemas informáticos impulsa una nueva etapa industrial donde la ingeniería vuelve a ocupar un rol central. (Freepik)

Incentivos fiscales

Para completar el esquema de atracción, el Gobierno planea avanzar también en el plano tributario. Desde la cartera que comanda Sturzenegger adelantaron a La Voz que, tras la creación del marco legal, seguirá la discusión tributaria. Esto es, debatir qué impuestos se aplicará a las ganancias de estas empresas.

El objetivo es que Argentina reciba un beneficio por ser sede sin que la magnitud de esa carga desaliente la registración. “Se trata de atraer algo que no existe en Argentina, por lo tanto, pensar en darles beneficios tributarios no es una pérdida, sino la posibilidad de ganar. El marco debe seducir para que esas compañías elijan Argentina”, resumieron desde el Ministerio.

Irlanda, el ejemplo citado

Al fundamentar Sturzenegger fundamenta la urgencia del proyecto en una analogía histórica: el despegue económico de Irlanda a finales del siglo XX. El ministro relata cómo Irlanda, un país que en los años 80 tenía un ingreso per cápita equivalente a la mitad del promedio europeo, logró superar ese promedio en apenas dos décadas gracias a un marco jurídico y fiscal atractivo para la inversión extranjera directa.

El ejemplo paradigmático es Apple. La firma registró en Irlanda la empresa dueña del software de los iPhones. Así, cada equipo vendido en el mundo genera un pago por regalías a esa sede irlandesa, que tributa en ese país. “La visión que tiene el presidente es ¿por qué no podemos hacer lo mismo con la inteligencia artificial?”, planteó Sturzenegger ante los senadores.