El final de la política de desendeudamiento
El análisis económico del día. El Gobierno busca volver a los mercados financieros para dejar de pagar deuda con reservas. Y ha comenzado a subir la deuda con relación al tamaño de la economía. Dos acepciones del “desendeudamiento” que llegan a su fin.
El inicio de la política de desendeudamiento, entendida como el pago de deuda pública con reservas del BCRA, podría fecharse en enero de 2006, cuando por decisión del presidente Néstor Kirchner, Argentina pagó, con reservas del BCRA, el total de la deuda con el Fondo Monetario Internacional (FMI), por casi u 10,000 millones, con un discurso crítico hacia el FMI. Instrumentaron aquella decisión Felisa Micelli, a cargo del Ministerio de Economía, y Martín Redrado, a cargo del BCRA.
La motivación del pago era librarnos de la injerencia del FMI, aunque en realidad no existía acuerdo vigente que condicionara la política económica. Sí se suspendieron, desde entonces, las revisiones de la situación económica establecidas en el artículo IV del estatuto del FMI.
El final de esa política de desendeudamiento es más difícil de fechar, pero la participación de Axel Kicillof en la reunión de primavera del FMI, con declaraciones de funcionarios del Fondo elogiando el nuevo rumbo económico, bien podría convertirse en una especie de símbolo de ese final. Algo impensado un año atrás, pero que hoy ocurre por la necesidad de volver a los mercados financieros.
Ocurre que usar reservas del BCRA para pagos de deuda pública, aunque discutible, al menos era viable en épocas de Kirchner, cuando las reservas subían sistemáticamente en un contexto de dólar alto y elevados excedentes de comercio exterior. Pero dejó de ser viable hace tiempo, cuando las reservas comenzaron a caer sistemáticamente, desde los u 52,000 millones de mediados de 2011 hasta los u 27,000 millones actuales. Ya no hay margen para seguir utilizando las reservas para pagos de deuda. Es por ese motivo que estamos llegando al final de esa política.
Una segunda acepción de desendeudamiento que también ha comenzado a revertirse es la del desendeudamiento entendido como la reducción del peso de la deuda pública con relación al tamaño de la economía.
Según información oficial, la deuda total del sector público nacional representaba el 45.7% del PBI en 2000, un año antes del colapso económico de 2001. Subió al 166.4% en 2002, como consecuencia de la devaluación de ese año, se redujo al 73.9% en 2005, luego del canje y la quita de deuda de ese año, y continuó bajando hasta el 41.8% en 2011. Pero desde entonces ha estado subiendo, hasta llegar al 45.6% durante el tercer trimestre de 2013, último dato oficial disponible, regresando así al nivel de 2000.
Las críticas al Gobierno Nacional por pasar de un discurso que enfatizaba el desendeudamiento a la búsqueda, casi con urgencia, de endeudamiento en el exterior, formará parte, naturalmente, de los debates políticos.
Pero desde el punto de vista del análisis económico es importante tener en cuenta que colocar nueva deuda para pagar vencimientos de deudas anteriores, es decir, refinanciar vencimientos, no es precisamente una política de endeudamiento, ya que no modifica el monto total de la deuda, y es una opción mejor que utilizar reservas del BCRA, justo cuando éstas ya han llegado a niveles muy bajos.
Y es importante también tener en cuenta que si bien tenemos un nivel de deuda pública, con relación al tamaño de la economía, similar a la de 2000, su composición es hoy más favorable, con 61.8% de deuda en moneda extranjera sobre el total de deuda en 2013, frente al 94.3% en 2000, y con 29.5% de deuda externa sobre el total de deuda en 2013, frente al 62.7% en 2000.
Esto último da algo de margen para colocar nueva deuda, por encima de la necesaria para pagar vencimientos, aunque para ello es necesario avanzar con el cierre de los frentes externos pendientes, como la negociación con el Club de París, la revisión de cuentas por parte del FMI y el cierre de los litigios en Estados Unidos de bonistas que no entraron en los canjes de 2005 y 2010.
Y acomodar mejor las variables macroeconómicas, para dar señales de que el repago de esas deudas no estará en juego y, así, reducir el costo financiero con que inversores externos están dispuestos a comprar deuda argentina.
De todos modos, durante la segunda mitad del año ya no estarán ni los dólares de los bancos ni los dólares agropecuarios, con lo cual el Gobierno se verá seguramente obligado a colocar deuda aún a tasas de interés altas.
La política de desendeudamiento habrá quedado en la historia.
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