
El petróleo cayó a su menor valor en cuatro meses: qué puede pasar con el precio de la nafta en Argentina
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Redacción La Voz
“Hoy hay dólares para todos”, afirmó días atrás el ministro de Economía de la Nación, Luis Caputo, durante un encuentro con empresas de la construcción. Lo dijo pensando en quienes quieren importar, en las empresas que quieren girar dividendos y en las personas que quieren ahorrar.
Cuando bajó la persiana la última ronda cambiaria de 2025, el dólar levantó la copa y brindó. No era para menos. Después del agite electoral que lo había llevado en agosto del año pasado a $ 1.524 para el tramo minorista, terminó en $ 1.482 en la punta vendedora.
Ahora, casi con un semestre ya recorrido en 2026, la divisa está tocando de nuevo la puerta de los $ 1.500. Con una salvedad: en seis meses se acumuló una inflación superior al 15%, mientras que el tipo de cambio se movió por debajo del 1%.
Parece que ha llegado a su fin una fase de apreciación del peso (por lo menos por ahora), sobre la que el Gobierno cabalgó para volver a domar los precios y, de paso, recuperar el tiempo perdido en la compra de reservas.
La brecha acumulada le regala al equipo económico un margen de acción inédito para liberar cierta presión cambiaria, mejorar los incentivos a las crecientes exportaciones y apuntalar la reactivación en los sectores retrasados, sin que eso impacte sobre los bolsillos.
Incluso, especialistas como Enrique Szewach –exdirector del Banco Central– creen que este movimiento alcista es bueno, bajo el argumento de que la economía no está aún en condiciones de soportar un tipo de cambio muy bajo.
“Quizá al final del camino, si todo sale bien, pero no podemos tener hoy el tipo de cambio del final del cuento”, apuntó a La Voz en Vivo.

El último cálculo oficial señala que los argentinos tenemos casi U$S 270 mil millones entre billetes guardados en algún rincón de la casa, en cajas de seguridad o en cuentas no declaradas en el exterior.
La cifra es tan grande que resulta difícil de dimensionar, pero, para tener una referencia, equivale a más de 400 meses de recaudación impositiva de Córdoba (entre tributos propios y coparticipación). O sea, 30 años de recursos. Es realmente un montón.
Y, más allá de algunas operaciones, no hay atisbos de un nivel de confianza tal que persuada a los ahorristas a sacar sus dólares para ponerlos en circulación. En cambio, la compra por parte de los individuos sigue en un promedio de U$S 2 mil millones mensuales y no todo queda en depósitos bancarios.
Pero la presión de esa demanda ha sido soportada con holgura por la oferta de divisas. Tanto que hasta hubo espacio para que el Banco Central también captara dólares sin que eso elevase el tipo de cambio.
Esa abundancia está abrazada a la performance de las exportaciones y a las colocaciones de deuda corporativa. Si bien la cuenta corriente fue deficitaria hasta marzo, ese “rojo” es 70% menor al de un año atrás.

El tercer trimestre del año suele ser, por factores estacionales, el de menor oferta de dólares. Sin embargo, todo indica que esta vez, esa “sequía” no será tal o, por lo menos, no tendrá el mismo nivel de contraste con el trimestre previo.
El vaticinio del presidente Javier Milei de que nos iban a salir dólares por las orejas goza de buena salud. El analista financiero Salvador Di Stefano, confeso promotor del cambio de régimen, aconsejó a los productores agrícolas no sentarse sobre los granos a la espera de una devaluación.
“Es un error que tengan U$S 40 mil millones en el campo”, dijo, en referencia al stock de la reciente cosecha que está retenido en acopios y en silos bolsa.
En el sector financiero, coinciden en que hay suficiente oferta de dólares como para que el tipo de cambio incluso modere su ritmo de suba, que ha sido intenso en la última semana.
De ser así, deberíamos ver movimientos más elocuentes que apunten, por ejemplo, a mover el músculo de las tasas de interés para incentivar el crédito.