Compañías en crisis. Cierre de empresas: por qué algunas firmas no sobreviven al nuevo modelo económico argentino
A un mercado más chico se suman problemas “puertas adentro” de las empresas: falta de inversión y poca competitividad. Pero, además, llegó de golpe una coyuntura interna y externa muy diferente a la de años anteriores, que obliga al empresario a “cambiar el chip”.
La Argentina viene perdiendo empresas desde hace más de un gobierno nacional. Sin embargo, el cambio que dio la economía argentina con la llegada de Javier Milei ha puesto a este fenómeno más en evidencia.
Según datos de la Superintendencia de Riesgo del Trabajo (SRT) de la Nación, que lleva una estadística de la cantidad de unidades productivas, el país terminó 2025 con 2% menos de empresas en relación con 2024; en promedio se cerraron 27 firmas por día. Córdoba sufrió un poco más este proceso, con una reducción de 3,3%.
Mal arranque de año
Este 2026 empezó con noticias más complicadas aún, por la importancia simbólica de las empresas que están en proceso de cierre; a saber:
Fate cerró en febrero su planta de San Fernando (Victoria), provincia de Buenos Aires
Sancor pidió en abril su propia quiebra tras años de deterioro financiero y la Justicia santafesina ya la dispuso.
En Rosario, Frimetal, que produce para Electrolux, confirmó que este mes deja de fabricar heladeras y sólo producirá freezers y lavarropas
Garbarino cerró en mayo las puertas de los últimos tres locales y su sitio online.

Ediciones de la Flor anunció su cierre definitivo cuando finalice el año. Para muchos será la más dolorosa, pero tiene causas más familiares que económicas: la editorial que publicó a Quino y a Fontanarrosa, con 60 años, sufrió el año pasado el fallecimiento de su fundador, Daniel Divinsky, y la familia no estaría dispuesta a continuar o a vender la empresa.
Un cambio que desequilibró la micro
Esto abre una serie de preguntas incómodas: ¿por qué cierran determinadas empresas? ¿Por qué en otros rubros se anuncian grandes inversiones y planes de expansión regional? ¿Pueden las empresas argentinas sobrevivir al ajuste y al intempestivo cambio en las reglas de juego que aplica el Gobierno? ¿La estabilización de la macroeconomía está minando la microeconomía y poniendo en riesgo la supervivencia del empresario argentino?
Para tamañas preguntas no hay una sola respuesta. Lo que se puede hacer es tratar de observar qué pasa en el mercado interno, qué pueden ajustar las empresas puertas adentro, qué debe cambiar en la mentalidad empresarial y cómo los cambios en el mundo están impactando en el país.

Un mercado más chico
El ajuste del Gobierno viene frenando la inflación y estabilizando la macroeconomía, pero le ha dado un duro golpe a la microeconomía.
Un informe de Orlando Ferreres & Asociados muestra que, desde enero de 2019 hasta la actualidad, el salario se redujo en términos reales cerca de 15%, pero el ingreso disponible, el dinero que les queda a las familias luego de pagar servicios, impuestos y otras obligaciones, se redujo casi 40%.
Esto achicó un mercado interno que siempre ha tenido un tamaño mediano, complicando a las empresas que vivían del mercado interno y venían en problemas. Sancor –en situación crítica desde la presidencia de Néstor Kirchner– es el ejemplo evidente.
“Aun en empresas con modelos económicos distintos, el contexto ayudó al martillazo final, sobre todo en aquellas que venían complicadas desde hace mucho tiempo. Muchas tomaron deudas a tasas impagables; otras estaban basadas en modelos de negocios donde la inflación permitía un holgado nivel de rentabilidad, que luego no pudieron sostener; las que nunca miraron el mercado internacional y que dependen de un solo país no pudieron diversificar el riesgo”, explica Gustavo Campos, socio de PWC Argentina a cargo de la oficina Córdoba.
Los problemas de dinero atraviesan en forma transversal a todos, empresas y consumidores.
“El mercado se achicó en dinero. Se estima que en el país son 25 millones los consumidores que compran los productos que releva el índice de precios al consumidor (IPC) del Indec; si se toma como referencia el mayor conglomerado de trabajadores formales, los empleados de comercio, tienen un salario promedio de U$S 800. ¿Quién va a invertir en un mercado así? Por eso, hoy la inversión está en la minería, en el petróleo y en el gas”, advierte Walter Brizuela, consultor especializado en pymes y en empresas familiares.
El problema, advierte el consultor, es que esto cambió la conducta del consumidor, que ya no busca el producto o servicio, sino la rebaja y la oferta.
Apertura sin preparación
En la actualidad, la importación en Argentina en dólares todavía es menor que en los años 2022 y 2023. El problema es que se abrió en el segmento de consumo, donde las empresas argentinas son poco competitivas por la mayor carga impositiva y por los altos costos.
“Metieron a las pymes a la cancha sin pretemporada y sin entrenamiento. Muchas no se pudieron acomodar a la competencia externa. Los gobiernos liberales piensan que todos tienen que competir; pero el que antes estaba protegido, sin un tiempo de adaptación, se reconvierte en la medida y en el tiempo en que puede. Por eso, algunas empresas caen y otras nacen”, agrega Brizuela.
Parte de la adaptación que deben encarar las empresas es invertir en tecnología. En un contexto de altas tasas, la mayoría de las pymes tuvo una reconversión acotada, lo que les quitó más competitividad aún.
“No culpo al empresariado por no invertir. Con tantos años de ausencia de crédito para el sector productivo, la modernización en las pymes se dio en algunas y en otras no; las que pudieron lo hicieron con capital propio. La empresa que tuvo que poner del bolsillo y de la rentabilidad vio anulados sus flujos de pagos”, resalta Campos.
Para el socio de PWC, la solución pasa por equiparar las condiciones de la economía, tanto en lo impositivo como en materia de tasas crediticias, que activen el consumo y que permitan al Estado recaudar más y bajar impuestos.
Pero esto implica el mediano plazo. Mientras tanto, ¿qué está haciendo el empresario que puede sostener su posición e, incluso, crecer?

"Cambio de chip": bajar la rentabilidad ante la caída de precios
El ciclo de inflación permanente en Argentina acostumbró a las empresas a manejarse con altos niveles de rentabilidad.
“La rentabilidad en el mundo está bajando, por el conflicto en Medio Oriente y por la guerra de tarifas. El empresario pyme argentino tiene que hacer las paces con el costo para soportar menos beneficios; trabajar más para ganar menos”, recomienda Brizuela.
Sebastián Santiago, director comercial de Helacor, dueña de las franquicias Grido y Vía Vana, advierte que se viene un necesario “cambio de chip en el empresario argentino”.
“Este nuevo modelo económico hace que haya rubros que se están transformando y otros que dejan de ser viables. Esto se da en el largo plazo. Las empresas que hoy mueren es porque no cambiaron el chip. De repente, sin inflación, la empresa se debe gestionar de otra manera”, previene.
Al respecto, el directivo resalta que, para sobrevivir, la estrategia de Helacor es sostener “a rajatabla” el plan de crecimiento, para no perder volumen, y sacrificar rentabilidad. La compañía cordobesa llegó a 2.080 franquicias de Grido, a 1.300 de Vía Bana y empezó a diseñar su desembarco en Brasil.
“Veníamos con un plan para crecer a un 10% anual. Entonces dijimos: es preferible llegar al mínimo posible de rentabilidad, incluso salir hechos, a no crecer, porque el nuestro es un negocio de volumen. Así, en 2025 crecimos 9% con un ticket que aumentó 2% en cantidad y 5% en pesos, que es mucho en un contexto donde las familias tienen menos capacidad de compra; vendimos más”, explicó.
¿Cuál fue la clave? Defender el volumen con promociones y descuentos.
“El empresario debe entender que hay que ser más eficiente puertas adentro. Empezar a ver todo aquello en los procesos que antes tapaba la inflación. Sobre todo esos gastos que antes no tenías en cuenta y a replantearte procesos. Por ejemplo, con la inteligencia artificial (IA), Helacor está metiendo agentes para resolver procesos administrativos”, agrega Santiago.
A diferencia de otros mercados, los helados no tienen competencia de China, “al menos por ahora”, advierte el ejecutivo. Sin embargo, el empresario invita a dejar de ver la importación como una amenaza y comenzar a verla como una oportunidad para la eficiencia y la mejora competitiva.
“Hay que prepararse para competir en el mundo, en el rubro helado todavía no llegó, pero no va a pasar demasiado tiempo para que vengan los helados chinos. De hecho, nosotros estamos bajando los precios en dólares; permanentemente nos planteamos cómo hacemos para seguir bajando los valores en dólares, pero siendo competitivos. No se puede perder, porque la situación actual, con márgenes tan bajos, no es sostenible si hay pérdidas", dice Santiago.
El mundo también cambió de modelo
Luciano Nicora, vicepresidente de la fundación Endeavor, está dedicado a la inversión en la construcción (con Grupo Mapa) y en el desarrollo de tecnologías para el agro (a través del fondo Pampa Start). Para el empresario, no sólo se modificó el modelo económico argentino; también cambió el mundo.
“En todo el mundo, las empresas están planteándose cuántos colaboradores pueden tener o cómo organizar sus procesos con la IA. Se viene un mundo más dinámico”, resalta.
Según Nicora, la AI y la relación entre Estados Unidos y China “están tensionando cada cadena de valor en el mundo”.
“Tu empresa o tu economía, ¿en qué país se define? ¿A qué modelo seguir? Depende de la capacidad productiva. Entonces, tenés tres frentes mundiales que están cambiando la economía y hay que ver cómo adaptarse. A lo mejor, Argentina no es favorable para mi sistema productivo, pero a nivel mundial sigue siendo atractivo, y puedo hacerme más eficiente para sostenerlo. Habrá otras verticales que no van a funcionar en el mundo. Estos cambios, que antes demoraban 50 años, ahora se dan de un año a otro. Es impactante”, agrega.

