Ejecutivas. Cecilia Mariani, CEO de Darwoft: Este es un año para sentirnos incómodos, porque de esa manera cambiamos
Lejos de renegar del cambio, la empresaria tecnológica lo celebra. "La innovación es lo que nos saca adelante cuando hay cambios drásticos", dice al sintetizar la impronta con la que lidera a su "staff" de 250 colaboradores.
Cecilia Mariani quebró estereotipos y prejuicios de género desde pequeñita. Mientras otras nenas jugaban con muñecas, ella las desarmaba para entender su funcionamiento. Fan de las matemáticas, tuvo claro que lo suyo era estudiar Ingeniería en Sistemas, aunque ni ella ni su familia entendieran bien, por entonces, de qué se trataba esa carrera.
Con los años, siguió rompiendo barreras: creció en el mundo corporativo de la industria tecnológica (cuando había una minoría femenina aún más notable que la actual), se decidió a emprender en esa arena y liderar, desde hace tiempo, Darwoft, la compañía de la que también es socia.
Allí le toca como CEO comandar la reinvención permanente de la tecnológica para evitar que la inteligencia artificial (IA) la deje fuera de juego y, muy por el contrario, siga impulsando su crecimiento.
Sobre el cruce entre tecnología y género, dialogó con La Voz:
–¿Desde chica mostrabas una curiosidad particular por entender cómo funcionaban las cosas?
–Sí, tal cual. Siempre tuve esa curiosidad. De hecho, pensé que me gustaba la ingeniería porque quería saber cómo funcionaban las cosas. Desarmaba las muñecas que me regalaban, incluso una muy hermosa que venía con un disco, porque me interesaba mucho entender cómo giraba ese disco y cómo funcionaba el motor que tenía.
–Las expertas en género advierten que el divorcio entre las mujeres y las matemáticas empieza en la primaria. No fue tu caso…
–Con la matemática me llevé muy bien desde pequeña. Para mí, hacer ejercicios era algo que me salía naturalmente, no lo sentía como un esfuerzo.
–¿Ese interés fue fomentado por tu familia?
–No. Mi mamá era médica y mi papá, contador, pero nadie me lo fomentó específicamente. De hecho, cuando empecé a estudiar Ingeniería en Sistemas, ni siquiera sabíamos bien qué era o en qué iba a trabajar. Simplemente me veían ahí tratando de hacer "cosas raras", ya que me gustaba mucho la parte científica. Probar cosas y usar juegos de ciencia donde, por ejemplo, conectaba dos cables para ver cómo se prendía un led. Eso fue lo que empezó a llamar mi atención.
–Antes de lanzarte como emprendedora, tuviste un paso importante por el mundo corporativo en empresas como Motorola e Intel. ¿Qué te aportó esa experiencia?
–Siento que ahí lo aprendí todo. Especialmente en Intel me capacitaron mucho en liderazgo, porque tenían un interés serio en formar a las mujeres para que ocuparan posiciones de mando. Hace 10 años o más, antes de 2017, ya trabajábamos temas de brecha salarial y sesgos, prestando mucha atención para no pagar más a un hombre que a una mujer en la misma posición. También aprendí la importancia de contratar mujeres desde que son recién graduadas o pasantes para asegurar que, si no hay suficientes perfiles femeninos senior, al menos podamos traerlas y capacitarlas desde el inicio. Todas esas lecciones las llevé luego a mis propios proyectos, primero a Fukuroo y después a Darwoft.
–¿Qué fue lo que te impulsó a dejar la seguridad del mundo corporativo para crear tu propio negocio?
–Fue una combinación de factores. Intel decidió irse de Córdoba y opté por no mudarme a Estados Unidos. En ese momento, sentí que, si ya trabajaba prácticamente siete por 24 para otros, podía dedicar todo ese esfuerzo a mi propio emprendimiento. Fue una decisión rápida y una apuesta total; no quise buscar un empleo paralelo para tener ingresos extras, sino que me volqué 100% a mi negocio.
Reinventar la empresa
–Sos socia y CEO de Darwoft, ¿cuál es el foco actual de la empresa en semejante transformación tecnológica?
–Mi rol principal es dirigir la empresa con una mirada puesta en la internacionalización, especialmente para vender en el mercado de Estados Unidos. En ese país trabajamos mucho con la industria de la salud (healthtech o healthcare) ofreciendo servicios relacionados con datos. Creamos tableros de información eficiente sobre clínicas, sobre médicos y sobre enfermeras que permiten a los clientes tomar mejores decisiones. En Argentina, nuestro foco está más volcado a las telecomunicaciones.
–¿Cómo los impacta la inteligencia artificial (IA)?
–Este año decidimos que el lema fuera transformarnos o adaptarnos rápido. La innovación es lo que nos saca adelante cuando hay cambios drásticos. No nos asusta; al contrario, nos pone creativos. Estamos automatizando funciones que antes eran manuales y eso nos lleva a tener equipos más chicos, pero más eficientes. Si hace 20 años un equipo era de 20 personas, y luego bajó a siete o a nueve, ahora apuntamos a equipos de dos o cuatro personas que, con la ayuda de la IA, pueden producir más. Esto no significa que tengamos menos trabajo, porque cada vez más empresas quieren ser eficientes y transformarse. Claro, capacitamos muchísimo a nuestra gente.
–¿Qué sensación te genera, como líder, estar atravesando esta?
–En la fiesta de fin de año, les dije a todos que este es un año en el que debemos sentirnos incómodos. Si no es así, es porque no estamos cambiando nada. Como empresa de software, no podemos seguir construyendo soluciones de la misma manera que antes. La IA cambió la forma de hacerlo y estamos acompañando a nuestra gente en ese proceso de cambio.
–¿Cómo se distribuye el negocio de Darwoft y cómo les afecta la coyuntura económica argentina?
–Tenemos un 60% del negocio en el exterior –principalmente Estados Unidos y Colombia– y un 40% en Argentina, con un equipo total de 250 empleados. La diversificación de mercados nos ayuda a mantener la estabilidad. Respecto de Argentina, creo que estamos mejorando porque ya no hay cambios tan bruscos como antes.
–La merma de la inflación trajo algo de calma…
–Era imposible explicarle a un cliente extranjero una inflación del 40% y los aumentos salariales derivados de ello. En nuestra industria, se paga por performance o buen desempeño, pero antes la inflación mataba cualquier incentivo por trabajar bien. Ahora estamos volviendo a un esquema más natural donde pagamos por el valor y el trabajo realizado, lo cual nos permite enfocarnos nuevamente en las cuestiones de fondo del negocio.
En busca de mujeres
–Volviendo al tema del género, ¿buscás conscientemente el equilibrio y la equidad dentro de tu "staff"?
–Sí, lo tengo muy presente porque soy mujer. Es fundamental que haya mujeres en posiciones de liderazgo para que quienes están arrancando vean que sí se puede. Pero no se trata sólo de ser CEO. Necesitamos mujeres líderes técnicas y en cada mesa donde se tomen decisiones. Más allá del género, lo importante es la diversidad de pensamiento y aceptar visiones distintas. Las mujeres podemos aportar una mayor empatía o diferentes condiciones, pero lo esencial es aceptarnos en la diversidad para mejorar como conjunto.
–Además de tu rol en la empresa, dedicás mucho tiempo a instituciones como el Córdoba Cluster. ¿Qué valor le asignás a esa participación?
–Es vital para generar un ecosistema y ser más competitivos afuera. Si las empresas tecnológicas no nos unimos, nadie sabe que Córdoba o Argentina son polos tecnológicos avanzados. Al estar asociados, potenciamos nuestra presencia en eventos internacionales como el Mobile World Congress en Barcelona o el Imex en Miami. Ya hemos comprobado que el talento y la calidad de los servicios de Córdoba pueden competir con cualquier parte del mundo; cuando nos conocen, nos eligen. Por eso, unirse para dar charlas o mostrar lo que estamos haciendo tecnológicamente nos hacen visibles ante el mundo.
–¿Esas redes institucionales también ayudan a fomentar la participación femenina?
–Absolutamente. Cuando entré al Cluster, casi no había mujeres y hoy somos cada vez más. Es importante que nos vean ocupando esos espacios porque eso demuestra que podemos tomar buenas decisiones y tener grandes ideas. Recuerdo que en mi primera reunión ni hablaba, pero después empecé a expresar mis pensamientos y a perder el miedo a decir cosas diferentes. Al integrarnos, todo empieza a fluir mejor: se terminan ciertos chistes, se acostumbran a escuchar otros tonos de voz y voces distintas, y eso nos mejora como clúster tecnológico que exporta al mundo.

