Convierte el calor en frío. De siete camiones a una planta robotizada única en Argentina: la transformación de Pedrolga desde Villa María
La firma de la familia Brondello inauguró una nave en Río Cuarto con cero impacto ambiental. También habilitó una aduana de frío en Villa María, lo que redefine la logística regional. Una proyección nacional que cuida sus raíces.
Hay historias que se escriben haciendo frente a las circunstancias y las oportunidades. Una de ellas refleja el legado de Aldo Brondello y Elsa Bianco que, repentinamente, tuvo que asumir su hijo Mario. Aquel proyecto luce hoy lleno de juventud y con mucho futuro, aun cuando el camino transitado lleva más de medio siglo.
Para Mario Brondello, el crecimiento de Pedrolga (surge de la unión de los nombres de los abuelos paternos) no es sólo el resumen de balances exitosos; es el hilo invisible que une los años ‘70 –cuando su padre fundó la empresa– con este presente de tecnología robótica, conciencia ambiental y, fundamentalmente, un sólido núcleo familiar en la conducción.
En el mundo de los negocios, donde a menudo sólo la rentabilidad manda, esta firma de Villa María ha decidido apostar por la trascendencia. Esa búsqueda de dejar una huella y transformar el crecimiento en sostenibilidad cobra su sentido más profundo en la mirada de los nietos del matrimonio fundador.
Para Mario, la incorporación de sus hijos Stefano, Antonela y Natalia al corazón de la empresa es más que una sucesión administrativa; en sus propias palabras, es "una hermosa forma de burlarse de la muerte".

También es la certeza de que el esfuerzo de una vida encuentra eco en el compromiso de quienes vienen detrás, integrando la eficiencia económica con una responsabilidad ética y ambiental que busca perdurar en el tiempo.
La historia de Mario Brondello es la de un abogado que un día tuvo que dejar Rosario y volver a Villa María para hacerse cargo del legado de su padre, quien en pocos meses enfermó y falleció.
25 años después, la empresa que tomó con siete camiones y tres empleados administrativos es hoy un grupo logístico con 150 trabajadores directos, con presencia en Villa María, Río Cuarto y Neuquén, y con clientes como Grido, Arcor y Vista Energy, una de las petroleras más grandes del país.
El proyecto más novedoso es una nave de congelado única en el país que genera frío a partir del calor desechado por otra industria asociada. La planta de Geliar está completamente automatizada, con robots que operan a 35 grados bajo cero.
Pero más que los números, Mario Brondello destaca otra cosa: que sus hijos estén adentro; que la empresa tiene futuro con caras de la familia; y que ese futuro, además, está siendo construido sin perder de vista que crecer y cuidar el entorno no son objetivos contradictorios.
Hay algo en esa combinación que convierte a Pedrolga en una historia que va bastante más allá de la logística.
Por ello, se embarcaron en un proyecto arquitectónico que busca devolverle a Villa María uno de sus más históricos edificios, el viejo Mercado Colón, que data de 1919. La familia, y especialmente Mario, ponen allí su pasión día tras día, un sueño que trasciende generaciones.
–¿Qué es lo que hace que la nave Geliar en Río Cuarto sea diferente?
–Mario Brondello. El proyecto Geliar lo llevamos adelante con César Sismondi, empresario de Río Cuarto. En un momento, me invita a conocer su empresa y me muestra la frutilla: un biogenerador con biomasa. Luego de charlar un tiempo, surge esta sinergia: nosotros conocíamos el mercado del frío y ellos el desafío que implicaba generar frío con el scrap de calor que tiene la industria de biogeneración.
–¿Cómo es eso?
–El calor que le sobraba nosotros lo transformamos en frío a través de un proceso químico de compresión, con tecnología traída desde Holanda, que la empresa argentina BMC nacionalizó. Construimos en tres años y medio una nave de 4.400 posiciones de 26 metros de alto. Claro, un freezer donde entran 6 millones de kilos de mercadería supercongelada a -35 grados. ¿Sabe qué es lo importante?
–¿Qué?
–Que usamos una tecnología que nos acredita huella de carbono a favor, porque no estamos generando frío con energía eléctrica, sino con el exceso de calor de una industria que está a 400 metros. El impacto ambiental es cero.
–Es decir que una actividad que podría exigir un alto consumo de energía extra se desarrolla de un modo que no genera impacto.
–Exactamente. Por eso, es la primera nave ecosustentable. Dejamos de vender posiciones de housing para vender ecoposiciones. Quien compra está adquiriendo una ecoguarda ecológica para su mercadería. Pedrolga tiene más de 10 mil posiciones en Villa María entre seco y frío, y con Geliar agrega ahora el congelado. Además, hemos sido habilitados como aduana de frío y depósito fiscal de la ciudad.

–¿Cómo funciona operativamente la nave de Río Cuarto?
–El funcionamiento es ciento por ciento automatizado. A 35 grados bajo cero es imposible el trabajo humano sostenido. Se puede trabajar entre nueve y 10 minutos, y hay que salir. Los operarios trabajan por fuera y manejan comandos. Después del túnel de frío, ya no ingresa nadie, son todos robots diseñados por la empresa AFG, de Rosario, aunque el robot en sí es chino.
–¿Quiénes son los clientes actuales?
–Esencialmente, estamos trabajando para los helados Grido, que es nuestro principal cliente. Y después distintos clientes como Arcor, con frutas y verduras que se congelan para hacer mermeladas y jaleas. También podemos congelar carne, aunque todavía no tenemos posiciones para pollos y cerdos.
–¿Cuánto están ocupando de este "freezer" gigante?
–La capacidad ocupada está en un 60% y nuestra capacidad de generación de frío nos permite duplicar posiciones usando siempre la misma fuente de energía. Podríamos superar las ocho mil posiciones usando la misma energía.
–¿Y por qué Río Cuarto?
–El proyecto se hace en el parque industrial de Holmberg para usar el calor de esa industria. Antes de que Geliar empezara, esa empresa enfriaba el agua para perder ese calor. Hoy ese calor se usa y luego se enfría el agua. Hicimos un pase de agua que va de una nave a la otra, todo subterráneo, a 3 metros de profundidad y 400 metros de distancia.
–Volviendo a su ciudad, ¿qué implica la habilitación aduanera en Villa María?
–Le permite a un importador traer mercadería y desconsolidar en Villa María sin tener que hacerlo en puerto. Y al exportador le permite hacer aduana acá, cerca de su fábrica, consolidando en un solo contenedor frío para el mercado externo. Hoy la mercadería se carga en un camión, se lleva a Buenos Aires y se hace la aduana allá. Con nosotros, si está acá, cruza la pared, hace aduana y sale desde Villa María. Es más barato, más eficiente, y garantiza al cliente que no se corte su cadena de frío.
–Hablando del negocio en general, ¿cómo creció Pedrolga en estos años?
–Hoy releía una nota de hace 15 años en La Voz, con una foto tomada en el Pasaje Juramento, donde hablaba de que Villa María era un centro logístico natural y que debíamos apuntar a contar con una aduana. En esa época, no llegábamos a 40 empleados; hoy tenemos 150 directos y pasamos los 250 indirectos. Pedrolga es muy importante también en el petróleo y el gas en Neuquén.
–¿Por qué?
–Porque somos los únicos proveedores de transporte y logística de arena húmeda en pozo de perforación de Vista, la segunda empresa productora de petróleo más grande de la Argentina. La perforación necesita 33 toneladas en un camión cada siete minutos. Nunca se detiene. Y nosotros hemos aprovisionado millones de toneladas con cero minutos de retraso.
–Eso implica una logística muy ajustada.
–Sí, tenemos un equipo muy grande. Hacemos todos los tramos: cantera, lavado, pozo; primera y última milla. Vamos diseñando estrategias de carga y descarga, y equipamiento para que el proceso sea eficiente, sin accidentes y justo a tiempo.
La historia
–¿Cómo fue asumir la conducción de la empresa cuando falleció su padre?
–Él se enfermó en diciembre y falleció muy rápido, en febrero de 1999. Yo vivía en Rosario, trabajaba como abogado interno de ciertas empresas, y decidí volverme y hacerme cargo. En ese momento, teníamos siete camiones propios que trabajaban con frío para Cargo y Renault, siete choferes y tres personas en administración.
–¿Cuándo empezó su padre?
–Comenzó en la década del '70, primero transportando para terceros. Mi madre Elsa siempre fue el sostén y la ayudante contable. Se hacía logística sin celulares, con un teléfono de casa discando con prefijo. La empresa era un guante a medida de mi padre. Cuando entré, hubo que profesionalizar procesos. En poco tiempo, se duplicó la flota y se mejoró la relación con los bancos.
La llegada de los hijos
La infancia y adolescencia de Mario Brondello transcurrió entre neumáticos, motores y cabinas de camiones. Algo similar se dio con sus hijos, que de niños jugaban en el predio que la empresa tenía en barrio Ameghino. Su hija Natalia es quien interviene con entusiasmo para dar cuenta de lo que fue esa etapa.
“Nosotros tuvimos una infancia parecida. Papá nos abría los semis y corríamos adentro o nos escondíamos entre los neumáticos. Siempre se habló en casa de negocio y trabajo. Mario es muy generoso y logró que cada uno de sus hijos se sintiera a gusto en alguna de las áreas. Stefano estudió Comercio Exterior; Antonela hizo experiencia afuera, trabajando en Deloitte, y ahora se encarga de la parte financiera, y yo hago comunicación y todos los proyectos de triple impacto y recursos humanos. Él diseñó puestos para nosotros y la transición fue muy amorosa”, afirma Natalia con una gran sonrisa.
Padre e hija comparten sueños y emociones. Hoy la empresa cuenta con un espacio destacado en el Parque Industrial, Logístico y Tecnológico de Villa María, con instalaciones que fueron remodeladas recientemente.
–¿Para usted, Mario, qué significa esto que dice su hija?
–A mí ellos me rejuvenecen, me dan energía. Es una hermosa forma de burlarse de la muerte: mirar a través de los ojos de tus hijos.
–¿Cómo ve la empresa hacia adelante?
–A pesar de sus más de 50 años de vida, la empresa vive una etapa de juventud. Los números hablan de que seguimos con un crecimiento muy innovador e importante, más de lo que soñé en algún momento.
–Y con nuevos proyectos en el horizonte.
–Natalia Brondello. Tenemos un proyecto muy emocionante para la familia: el Mercado Colón. Es algo icónico para la ciudad. Trabajamos con mucho respeto y cuidado desde el patrimonio para que Villa María tenga un espacio comercial fuerte y un patio gastronómico hermoso. Es un trabajo muy minucioso de recuperación edilicia y estamos trabajando para inaugurarlo a fin de este año.

Un apasionado del golf, la lectura y la cocina
Nombre. Mario Brondello, 64 años.
Casado con. Mildren del Sueldo (destacada cardióloga, exfuncionaria de la Secretaría de Salud de la Municipalidad de Villa María).
Hijos. Antonella, Natalia, Sofía y Stéfano.
Le gusta. Apasionado del golf. Lector incansable. "Gran cocinero", dice su hija.
Cargo. Presidente del directorio de Grupo Kerdé, grupo al que pertenece Pedrolga S.A.
Profesión. Abogado.
Empresas. Pedrolga S A., Geliar S.A, Certus y Mercado Colón.
Socios. César Cismondi y Gustavo Martinengo.
Colaboradores. Más de 150 personas.
Teléfono. (0353) 425-2853.
E-mail. [email protected].
Web. www.pedrolga.com

