Consumo frenado. Aunque baja la inflación, comprar agota: el “cansancio mental” crece entre los cordobeses
Un informe reciente indica que el consumidor se enfrenta ante tres escaseces: cada peso gastado se piensa más, comprar requiere mucha más energía y el placer de comprar quedó relegado. Cuántos cordobeses llegan "bien" a fin de mes.
Un informe realizado en mayo en toda la provincia de Córdoba muestra que, aunque la inflación desacelera, la mejora económica todavía no alcanza para ordenar el consumo. La caída continúa y las decisiones de compra siguen marcadas por la incertidumbre, el “cansancio mental”, la necesidad de analizar el gasto y el temor a necesitar dinero más adelante.
“En Argentina, normalmente gastamos más por expectativa que por realidad; esto ha provocado, por ejemplo, que haya picos de consumo en procesos inflacionarios gracias a políticas que lo impulsaban, a medidas como las cuotas sin interés y a que el horizonte se percibía positivo”, explica Josefina Schapira, titular de la consultora Perspectivas Sociales, encargada de realizar el estudio Radar de Consumo Masivo y Alimentos 2026 para la agencia de medios Smith.
La analista remarca que eso ha cambiado: “En este momento, a pesar de que tenemos una serie que va mostrando niveles inflacionarios mucho más bajos, esto no se vuelca al consumo porque la expectativa es negativa”.
Guardar por las dudas
Schapira advierte que el futuro se está percibiendo como frágil y la fragilidad tiene una característica más individual: “Hay preocupación por la posible aparición de un gasto extraordinario y eso nos lleva a guardar lo poco o mucho que podamos por si ocurre”.
“Si el horizonte es incierto, genera una conducta muy reactiva de reserva, aunque esté sobrando”, agrega al concluir que hay una visión más racional ante el consumo, porque la persona actúa por un entramado emocional más complejo y porque le resulta mucho más importante poder explicar por qué hace las cosas de esa forma.
“La reactivación no empieza cuando entra más plata, sino cuando baja el miedo a necesitarla después”, sentencia.
Este contexto se resume en que pasamos de la lógica del “gastemos, total Dios proveerá”, a un escenario en el que hay que explicarse a sí mismo por qué se gastó de esa forma, porque lo peor que puede pasar es el arrepentimiento posterior.
No una, sino tres escaseces
El informe agrega un hallazgo central: el consumidor ya no administra una sola escasez, sino tres al mismo tiempo.
- Dinero. Cada peso gastado se piensa más por la falta de disponibilidad.
- Energía mental. Comprar empieza a cansar porque requiere un proceso mucho más complejo.
- Permiso para disfrutar. El placer que genera consumir continúa, pero bajo un mayor control.
“Comprar se ha convertido en un trabajo, porque debo analizar, pensar, comparar y preguntarme si no voy a arrepentirme después”, indica Schapira.
Por ejemplo, a la hora de adquirir alimentos la mayoría de los encuestados reconoce que dedica más tiempo, más cálculo y más energía: el 79% mira y compara más, el 74% siente que debe elegir mejor en qué gastar, el 77% reconoce desgaste mental y el 59% experimenta fatiga de consumo.
La analista comenta que el supermercado es un gran termómetro de la situación: “Cuando no hay crisis, el carro se mueve con la persona, que va cargando todo lo que decide comprar; cuando la situación es escasa, el changuito se queda quieto y el comprador se mueve para comparar precios, analizar conveniencias, buscar promociones, etcétera”.
Según el informe, el ticket promedio en este rubro es de $55.617 y la variación real interanual es del -3,6%.
“Todo eso genera un cansancio mental y reduce el disfrute, porque hay que pasar por muchos filtros para que el consumidor sienta que una compra vale la pena”, analiza Schapira.
Cambian las prioridades
En ese contexto, la caída del consumo no puede interpretarse sólo como retracción económica. También expresa una reorganización de prioridades, donde el consumidor protege lo esencial, negocia el placer, recalcula riesgos y redefine marcas y canales de compra.
“Normalmente la ropa es lo primero en que pensamos cuando hablamos de compras para el disfrute, pero muchas veces es una necesidad para el trabajo o para el abrigo”, explica Schapiro, aunque reconoce que 6 de cada 10 hogares han restringido o recortado el gasto en indumentaria y calzado.
“Lo más destacado es que la mayoría dice que en seis meses podría seguir recortando, por lo que no se trata de un esfuerzo para un resultado futuro sino de una expectativa negativa”, agrega.
Ganan los gastos rendidores
La analista dice que las categorías más complicadas son las relacionadas con el entretenimiento, la comida por delivery y las salidas del hogar, mientras que las prioridades casi innegociables siguen siendo la educación y la salud privada.
“El servicio de internet también entra en este último grupo, porque es una prestación cuyos beneficios se ven hoy y porque se priorizan los gastos versátiles y rendidores que brindan varios beneficios, como pueden ser en este caso el trabajo en el hogar, el entretenimiento, la distracción de los niños y el reemplazo del cine”, destaca.
Por el contrario, los consumos cuestionados son aquellos más específicos, como la ropa técnica o para los viajes al frío que pasa al uso cotidiano. Esto pone en jaque a todas las industrias, que deben amoldarse al cambio de estrategia de consumo.
Para los vendedores, el desafío ya no pasa únicamente por competir en precio, sino que tendrán mejores posibilidades de sostenerse y de crecer aquellos que logren reducir incertidumbre, facilitar decisiones y construir confianza, generando familiaridad, claridad, cercanía y disponibilidad.
Cuántos llegan a fin de mes y cómo lo hacen
Según el informe, seis de cada 10 hogares están más ajustados económicamente que hace un año, mientras que sólo tres de cada 10 dicen llegar a fin de mes relativamente bien y sin sobresaltos.
Schapira asegura que no hubo grandes diferencias entre la capital y el interior cordobés en la mayoría de los tópicos.
“Sí en el estrés económico en el hogar, que rondaba el 70% entre los capitalinos y estaba más cerca del 50% en el interior”, resalta, al tiempo que asegura que “todos sienten que tiene menos que el año pasado”.
“Lo curioso es que los sectores socioeconómicos más complicados tienen mejores expectativas futuras que los más acomodados”, concluye. Aún así, el 60% cree que la situación va a seguir igual o, incluso, empeorar.
El estudio tomó como muestra 260 casos distribuidos el 42% en capital y el 58% en el interior de la provincia de Córdoba. El 60% fueron mujeres y el 55% estaba entre los 25 y los 54 años. La mayoría de los encuestados se encontraban en el nivel socioeconómico C2-C3, conocido como clase media.



