Guerra en Irán. El pueblo iraní, entre la teocracia y el oportunismo

Salvo que el régimen chiíta caiga en poco tiempo, nada garantiza por ahora el anhelo de democratización de una sociedad abandonada por todos. Menos aún con los intereses explícitos de EE.UU., que Trump expone desde el grotesco.

28 de febrero de 2026 a las 06:53 p. m.
El pueblo iraní, entre la teocracia y el oportunismo
Un grupo de hombres ondea banderas iraníes durante una manifestación en apoyo al gobierno y contra los ataques estadounidenses e israelíes en Teherán, Irán, el sábado 28 de febrero de 2026.

En un mundo ideal, el ataque contra Irán ordenado por el presidente de EE.UU., Donald Trump, y ejecutado por el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, serviría para liberar al pueblo iraní del régimen teocrático que en las últimas protestas masacró entre 7.000 y 40 mil civiles, según la fuente.

En ese universo ideal, los ataques contra instalaciones iraníes no matarían civiles, servirían para que ese gobierno cayera, y luego EE.UU. propiciaría una transición hacia la democracia, devolviendo a Irán la soberanía sobre sus recursos. Al mismo tiempo, ayudaría a reconstruir una economía doméstica destrozada por la inflación y la devaluación de la moneda.

Lamentablemente, según las noticias de las últimas horas, lo que sucede está lejos de esa ucronía. Y a la luz de la experiencia de las intervenciones estadounidenses, no es descabellado pensar que no sucederá.

¿Cambio de régimen?

Suena trillado, pero es imposible abstraerse del caso de Venezuela, en donde tras la captura de Nicolás Maduro lo único que cambió fue la cantidad de petróleo del que Trump dispone para beneficio de las compañías estadounidenses.

Por lo demás, en el país latinoamericano el régimen chavista sigue intacto, la represión directa o indirecta continúa, la inflación carcome la moneda y no hay indicios de elecciones democráticas ni siquiera a largo plazo.

En el caso de Irán, está claro que cuando Trump dice que propicia un “cambio de régimen”, su cerebro piensa más en el petróleo y en el control de las armas nucleares que en los derechos humanos. Mientras eso suceda, poco le importará si continúa el terror doméstico.

En el caso de Israel, Netanyahu vuelve a demostrar que es un especialista en subvertir el legítimo derecho de Israel a defenderse y a existir con fronteras seguras.

Desde hace décadas utiliza esos argumentos clásicos para su propio interés: mantenerse el poder, eludir la Justicia, dividir al pueblo israelí, sin que le importen las vidas palestinas pero tampoco la de sus propios conciudadanos.

Si se confirma, por ejemplo, que fue un misil israelí el que impactó en una escuela de niñas iraníes –lo que habría provocado más de 50 muertes– Netanyahu seguirá colaborando para insuflar el antisemitismo en el mundo, parte del cual está siempre ávido por recibir estas noticias.

Daños más que colaterales

La guerra nunca es una buena noticia. Nunca se sabe cómo terminará, y amenaza con incendiar gran parte de Oriente Medio y del mundo.

Irán es un rival de menor cuantía militar para EE.UU. e Israel, pero el daño que puede causar sigue siendo preocupante. Antes de los ataques a sus instalaciones nucleares en junio de 2025, el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) señaló que Irán poseía 440 kilogramos de uranio enriquecido al 60%, muy cerca del 90% requerido para uso armamentístico.

Pero no está claro qué sucedió después, en parte porque Irán no autorizó la inspección a esos sitios en enero pasado.

Irán cerró el estrecho de Ormuz, por donde pasa el 20% del intercambio mundial de petróleo. Con las graves consecuencias que esa situación traerá: retracción de parte del comercio global, suba del petróleo y parálisis del tráfico regional.

Por ahora, Rusia y China condenan, pero no parecen dispuestos a involucrarse directamente en el conflicto. Por ahora. Advirtieron a EE.UU. y a Israel que frenen la ofensiva, pero no mencionaron nada que pudiera indicar una defensa directa del régimen chiíta.

No está claro aún si todo esto puede beneficiar de alguna manera al castigado pueblo iraní –sólo sucedería con una caída del régimen- o si, por el contrario, el estado de conflicto reforzará la represión oficial.

En un mundo ideal, los iraníes verían caer su régimen, retornaría la democracia, dispondrían de sus recursos para reflotar la economía y volverían a relacionarse con el resto del mundo.

Pero enfrente tienen a un régimen que ya demostró que no tiene límites para sojuzgar a a la gente, caiga quien caiga. Y del otro lado está Trump, que no garantiza nada de ese mundo ideal.