Psicología. Preocupación en Chile por la Generación Alfa que creció sin ver a su selección en un Mundial: impacto de identidad y vínculo
Niños nacidos desde 2010, y especialmente después de 2014, no han visto a Chile en una Copa del Mundo. Especialistas advierten efectos en el sentido de pertenencia.
En Chile, casi 3,4 millones de niños menores de 14 años —la denominada Generación Alfa— comparten una experiencia inédita: nunca han visto a la selección nacional disputar un Mundial. La última participación fue en Brasil 2014, lo que deja fuera también a Rusia 2018, Qatar 2022 y la actual cita de 2026.
Según cifras del Instituto Nacional de Estadísticas (INE), este grupo representa cerca del 17,1% de la población. A pesar de ser descriptos por sus familias como más informados, creativos y plenamente integrados a entornos digitales, su vínculo con la "Roja" está mediado por recuerdos ajenos: videos, relatos y archivos históricos.
Un vínculo construido a distancia
Para los más grandes de esta generación, los recuerdos de Sudáfrica 2010 o Brasil 2014 son difusos o inexistentes. Incluso los hitos recientes, como los títulos de la Copa América 2015 y la Centenario 2016, no fueron vividos de forma consciente por la mayoría.
“Figuras como Alexis Sánchez, Arturo Vidal o Claudio Bravo pertenecen más a hitos históricos antiguos que a una experiencia viva”, explica Gerardo Riffo, director de la carrera de Psicología de la Universidad de las Américas al diario La Tercera.
Esta distancia generacional configura una relación distinta con los referentes deportivos nacionales, más cercana a lo histórico que a lo emocional.

El fútbol como experiencia colectiva
Riffo subraya que los mundiales no son solo eventos deportivos: funcionan como espacios de cohesión social. Durante estas competencias, se generan instancias donde las personas —incluidos niños— experimentan una identidad compartida.
“Se produce una comunión colectiva donde el país se sintoniza bajo una misma emoción. Quedar fuera implica perder una oportunidad de aprendizaje en torno a la identidad social”, sostiene.
Desde la Teoría de la Identidad Social de Henri Tajfel, este tipo de experiencias fortalece el autoconcepto individual ligado a la pertenencia a grupos. En ese marco, la ausencia reiterada de Chile en mundiales limita ese proceso simbólico.
Desapego y nuevas formas de identificación
El especialista advierte un fenómeno que denomina “desapego protector”. Se trata de una estrategia psicológica mediante la cual los niños se distancian emocionalmente de la selección para evitar frustraciones.
“El riesgo es el debilitamiento del sentido de comunidad y el desinterés por símbolos nacionales”, señala.
Sin embargo, esta desconexión convive con una fuerte globalización del consumo deportivo. Los niños acceden a ligas internacionales, siguen clubes europeos y eligen referentes globales, muchas veces por encima de los locales. En los comentarios en redes, padres chilenos afirman que sus hijos tienen de ídolos por ejemplo a Lionel Messi, Mbappé o Cristiano Ronaldo, lejos de referentes chilenos.

Entre la globalización y el arraigo
Desde el modelo bioecológico de Urie Bronfenbrenner, el desarrollo infantil depende de interacciones en distintos niveles, desde el entorno inmediato hasta el contexto cultural amplio. En este equilibrio, la falta de referentes nacionales cercanos puede afectar la construcción de identidad.
“Si bien la globalización amortigua el vacío, el desarrollo psíquico saludable sigue necesitando anclajes territoriales concretos”, explica Riffo.
En ese sentido, el entusiasmo por el fútbol internacional puede funcionar como compensación, pero no sustituye completamente la experiencia colectiva local.
Una oportunidad educativa
Lejos de una mirada exclusivamente negativa, el académico plantea que este escenario también abre una oportunidad. La ausencia de logros deportivos puede ser utilizada para trabajar habilidades como la resiliencia y la tolerancia a la frustración.
“Es una instancia para enseñar el valor del trabajo en equipo, el apoyo en contextos adversos y la persistencia, manteniendo el sentido de pertenencia incluso sin resultados favorables”, concluye.
Así, la Generación Alfa chilena crece entre la hiperconectividad global y la falta de referencias deportivas inmediatas, en un contexto que redefine cómo se construyen los vínculos con la identidad nacional.

