Carrera presidencial. Perú: giro brusco en el escrutinio y balotaje incierto
El izquierdista Roberto Sánchez desplazó al ultraconservador López Aliaga y se perfila para enfrentar a Fujimori en segunda vuelta, en un conteo ajustado marcado por tensiones políticas y denuncias.
En el escrutinio correspondiente a las elecciones generales del domingo último volvió a ocurrir lo de siempre: el conteo de votos, en su tramo decisivo, desairó una vez más las certezas prematuras. Ayer, con casi el 92% de las actas procesadas, el tablero electoral mutó en silencio, sin épica, pero con consecuencias de alto voltaje político. La conservadora Keiko Fujimori se mantiene al frente, pero la novedad –la verdadera grieta que abre este recuento– es la irrupción del izquierdista Roberto Sánchez en el segundo lugar (12,05%), desplazando al ultraconservador Rafael López Aliaga (11,9%) en una carrera de márgenes sumamente estrechos.
Ese corrimiento, sin embargo, ya había sido anticipado –con matices– por la encuesta en boca de urna de Transparencia (la consultora de Álvaro Henzler) realizada el mismo domingo, a la que tuvo acceso La Voz. El relevamiento ubicaba a Fujimori en primer lugar con 17,1%, seguida por Sánchez con 12% y López Aliaga con 11,3%. Más atrás aparecían Jorge Nieto Montesinos con 10,7% y Ricardo Belmont con 10,2%, confirmando desde el inicio un escenario de fragmentación extrema y diferencias mínimas entre los principales competidores.
Segundo que cotiza
El dato no es menor. En un escenario de dispersión inédita –35 candidaturas, ninguna por encima del 20%–, el segundo puesto vale una presidencia probable. Y ahí es donde la lectura política comienza a pesar más que la aritmética.
En diálogo con La Voz, el analista político peruano Piero Beltrán Arteaga aportó una clave que, por ahora, resulta más reveladora que el propio cómputo oficial. “Si el resultado de la encuesta en boca de urna de Transparencia realizado el domingo se confirma, Fujimori pasaría a segunda vuelta con Sánchez. Hay un empate técnico entre el segundo (Sánchez) y el tercero (López Aliaga), pero las probabilidades del candidato de izquierda, en principio, son mayores”, señala. No es un pronóstico cerrado, sino una advertencia: el escrutinio aún respira incertidumbre.
La referencia de Beltrán Arteaga a la encuesta de la organización Transparencia no es casual. En Perú, donde la desconfianza institucional convive con una cultura política intensamente polarizada, los sondeos de boca de urna suelen operar como termómetro anticipado de tendencias profundas, especialmente en territorios donde el voto tarda más en llegar al conteo oficial: el Perú rural.

Y es allí donde Sánchez parece estar construyendo su ventaja silenciosa. Exministro del expresidente Pedro Castillo, con base política en el interior andino y amazónico, su crecimiento en el recuento no responde a una sorpresa estadística, sino a una dinámica territorial. El “Perú profundo”, tantas veces postergado en los análisis urbanos, vuelve a inclinar la balanza.
Disputa territorial
Beltrán Arteaga sintetiza el escenario con una idea central: el voto rural ya definió a su representante. En ese mapa, Rafael López Aliaga aparece con serias limitaciones fuera de los grandes centros urbanos, lo que transforma la elección en una disputa territorial más que en una simple competencia de nombres.
Sin embargo, la tensión no se explica sólo por la evolución del conteo, sino por la construcción de un relato paralelo. López Aliaga denunció fraude sin presentar pruebas, en una estrategia que busca condicionar la percepción pública antes del cierre definitivo del escrutinio. Frente a esto, los organismos electorales y la misión de la Unión Europea fueron categóricos: el proceso fue, en términos generales, transparente, más allá de demoras y dificultades logísticas.

Este contraste entre percepción y evidencia impacta directamente en la estabilidad política de un país marcado por la fragilidad institucional, con ocho presidentes y tres Congresos en la última década. En ese contexto, una eventual segunda vuelta entre Keiko Fujimori y Roberto Sánchez abre un escenario incierto pero conocido.
Los pros y los contras
El analista advierte sobre la posible reactivación del “cordón sanitario”, un mecanismo que históricamente ha bloqueado a candidatos considerados extremos. Esto podría jugar en contra de Fujimori, quien arrastra un techo electoral ligado tanto a su figura como al legado de su padre, Alberto Fujimori. Su discurso de “mano dura”, en línea con experiencias como la de Nayib Bukele en El Salvador, genera adhesión en sectores preocupados por la inseguridad, pero también resistencias.
Sánchez, por su parte, enfrenta el desafío de ampliar su base más allá de su núcleo, condicionado por su cercanía con Pedro Castillo. Así, el eventual balotaje podría definirse más por el rechazo que por la adhesión. Mientras el conteo sigue abierto, Perú se encamina hacia una definición tensa, donde la aceptación de los resultados será tan decisiva como los propios votos.



