Crisis. La ONU advierte riesgo de quiebra y anuncia recortes masivos: Argentina integra la lista de deudores
El secretario general António Guterres alertó sobre una situación financiera insostenible. Es por el impacto generalizado de los países miembros.
La Organización de las Naciones Unidas (ONU) atraviesa la crisis financiera más profunda de su historia reciente. Su secretario general, António Guterres, definió la situación como una “carrera hacia la bancarrota”.
Ante el impago generalizado de las cuotas por parte de los Estados miembros, el organismo internacional se vio obligado a ejecutar un drástico plan de ajuste presupuestario y de personal para intentar sostener sus operaciones básicas.
El colapso financiero de la institución responde principalmente a dos factores determinantes: la acumulación de deudas por tasas obligatorias y una normativa interna que exige la devolución de fondos no utilizados.
Esta situación llevó a la organización a reducir sus dotaciones de personal y recortar su presupuesto proyectado para el año 2026.
Deuda récord y países morosos
Al cierre del año 2025, la ONU registró una cifra inédita de U$S 1.560 millones en cuotas impagas, lo que representa más del doble de la deuda contabilizada el año anterior. El mayor deudor del sistema es Estados Unidos, responsable de aproximadamente el 95% de ese monto.
Detrás de Washington, la lista de países que mantienen deudas con el organismo incluye a potencias y naciones en crisis como China, Rusia, Venezuela, Brasil y Argentina. México e Irán también figuran entre los Estados que no cumplieron con sus obligaciones financieras, las cuales se calculan proporcionalmente al tamaño de la economía de cada país.
Sobre la gravedad del momento, Guterres señaló que, aunque la ONU enfrentó dificultades en el pasado, el escenario actual es diferente. Según el secretario general, “2025 terminó con una cantidad récord sin pagar, equivalente al 77% del total adeudado”.
El plan de ajuste ONU80
Para mitigar la insolvencia, el organismo puso en marcha el denominado plan de ajuste “ONU80”, que contempla medidas de austeridad sin precedentes en su estructura administrativa. Entre las decisiones más drásticas se encuentra la eliminación de casi 2.700 puestos de trabajo y un recorte superior al 21% en las misiones políticas especiales.
La crisis ya es tangible en las sedes operativas, especialmente en Ginebra, donde se redujo la calefacción y se apagaron escaleras mecánicas para ahorrar energía. Los Estados miembros también acordaron una reducción del 7% en el presupuesto general para 2026, fijándolo en U$S 3.450 millones.
A este panorama se suma una obligación normativa que Guterres describió como un “ciclo kafkiano”: la ONU debe devolver en 2027 unos U$S 1.300 millones en fondos no utilizados.

Riesgo de cierre en Nueva York
El organismo advirtió que se vería obligado a cerrar temporalmente su sede principal en Nueva York durante el mes de agosto si no recibe financiación suficiente.
Este cierre operativo pondría en riesgo la realización de la Asamblea General anual prevista para septiembre, el evento diplomático más importante del mundo.
Además, la crisis financiera amenaza la continuidad de la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios, encargada de responder a las emergencias y catástrofes globales.
Reforma estructural y trasfondo político
Como parte de la estrategia de eficiencia, la ONU evalúa una transformación radical que incluye la relocalización de agencias clave como Unicef, Unfpa y ONU Mujeres hacia Nairobi, Kenia, para finales de 2026.
También se estudia la fusión del Programa Mundial de Alimentos, la Organización Mundial de la Salud y la Oficina del Alto Comisionado para los Refugiados en una sola entidad operativa.





