Guerra en Irán. Los misiles iraníes, el principal temor de Israel y de Estados Unidos
Irán demuestra una importante poder de fuego en respuesta a los ataques de las fuerzas israelíes y estadounidenses. Sus arsenal misilístico es impresionante. Cómo fabrican esos proyectiles, cuántos tienen y por qué son un objetivo prioritario.
En estos dos primeros días de guerra, Irán ha demostrado que su máximo poder de respuesta a los ataques de Israel y Estados Unidos son los misiles balísticos.
Ya ha lanzado varias olas de estos proyectiles en dirección a Israel, a las bases militares de los Estados Unidos en la región y a ciudades Bárein, Emiratos Árabes, Qatar, Kuwait y Dubai.
Una de las principales exigencias de Estados Unidos en las recientes negociaciones frustradas en Suiza era que el régimen iraní destruyera el arsenal misilístico.
La potencia de fuego y la capacidad para atravesar la cúpula de hierro israelí exhibidas durante la Guerra de los 12 Días, en junio de 2025, convencieron al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y al primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, que la capacidad misilística de Irán era tan peligrosa como el eventual desarrollo de ojivas nucleares.
Un arsenal en recomposición: cifras y alcances
Pese a los severos daños sufridos durante aquel conflicto armado, el programa de misiles de Irán sigue siendo uno de los fuertes de Oriente Medio.

Antes de aquella guerra, Comando Central de EE.UU. (Centcom) calculaban que el arsenal iraní poseía más de 3.000 misiles balísticos.
Tras los intensos intercambios de fuego, en los que Israel atacó de modo sistemáticos los depósitos y plantas de producción, el inventario remanente se estimó inicialmente en unos 1.500 misiles y 200 plataformas de lanzamiento.
Sin embargo, la recuperación iraní ha sido calificada de "veloz" por expertos del Instituto de Relaciones Internacionales (IRI). Según informes de inteligencia, apenas seis meses después de la guerra de junio, Teherán logró reconstituir alrededor de 2.000 misiles de largo alcance (pesados), operando sus fábricas las 24 horas del día.
Este arsenal se divide principalmente en dos categorías:
Misiles de corto alcance: modelos como el Fateh-110, Fateh-313, Zolfaghar y Dezful, que ofrecen alta precisión para ataques regionales.
Misiles de medio y largo alcance: destacan el Shahab-3, Emad, Ghadr y el Sejjil, este último un cohete de 18 metros capaz de alcanzar objetivos a 2.000 kilómetros de distancia, lo que pone a Israel, Arabia Saudita y partes de Europa dentro de su radio de impacto.
Una de las incorporaciones más preocupantes para las defensas occidentales es el Fattah-1, presentado como un misil hipersónico con capacidad de maniobra en su fase final, diseñado para evadir sistemas como la Cúpula de Hierro.
Fábricas de misiles bajo tierra
La supervivencia del programa se debe en gran medida a su infraestructura. Irán ha desarrollado lo que denomina "ciudades de misiles", una vasta red de túneles interconectados construidos bajo escarpadas montañas, algunos a profundidades de hasta 500 metros y protegidos por gruesas capas de concreto.
Según el analista Behnam Ben Taleblu, de la Fundación para la Defensa de la Democracia, estas bases permiten almacenar y lanzar proyectiles sin ser detectados por satélites.
Estas instalaciones no son solo almacenes; funcionan como centros de ensamblaje y producción automatizada.
Informes del IRI señalan que Irán ha logrado eludir sanciones de la ONU, reinstauradas en septiembre de 2025, para importar precursores químicos clave, como el perclorato de sodio desde China, esencial para la fabricación de combustible sólido para sus cohetes.
Los especialistas identificaron bases críticas en regiones como Khorramabad, Kermanshah y Tabriz, que fueron objetivos recurrentes de los ataques israelíes.
La inteligencia occidental subraya que la preferencia iraní por el combustible sólido permite lanzamientos mucho más rápidos y reduce la vulnerabilidad de los misiles antes del despegue.
Por qué destruir la producción es la prioridad estratégica
Para Estados Unidos e Israel, el programa balístico iraní ya no es un tema de debate diplomático, sino un casus belli (motivo de guerra).
Sarit Zehavi, experta en seguridad y fundadora del Alma Research and Education Center, sostiene que "Israel no puede permitirse una situación en la que Irán disponga de miles de estos misiles", ya que cada proyectil que logre evadir las defensas "puede destruir un barrio entero".
Existen tres razones fundamentales por las que Washington y Tel Aviv priorizan la destrucción de la capacidad productiva:
Amenaza existencial y convencional: La precisión mejorada de los misiles iraníes ha transformado lo que antes era una amenaza simbólica en un poder destructivo real contra infraestructura crítica y centros de población.
Capacidad de carga nuclear: Aunque Irán sostiene que sus misiles son convencionales, organismos internacionales y expertos como Patrycja Bazylczyk (CSIS) advierten que modelos como el Khorramshahr o el Shahab-3 son inherentemente capaces de portar ojivas nucleares si el régimen decide cruzar ese umbral.
Exportación a proxies: La Guardia Revolucionaria (IRGC) utiliza su producción para armar al "eje de resistencia", incluyendo a Hezbollah en Líbano, los hutíes en Yemen y milicias en Irak, proyectando así la inestabilidad en toda la región.
Fracaso diplomático y guerra
El reciente ataque conjunto de Estados Unidos e Israel del 28 de febrero fue precedido por un colapso total de las vías diplomáticas.
El programa de misiles fue el principal escollo en las negociaciones previas entre Estados Unidos e Irán.
Mientras que la administración Trump exigía el desmantelamiento total de la capacidad balística como condición para cualquier acuerdo, Teherán se mantuvo inflexible.
Esmaeil Baqaei, portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores de Irán, declaró enfáticamente que "el programa de misiles de Irán se desarrolló para defender su territorio, no para negociar".
Esta postura iraní de considerar su arsenal como "no discutible" fue el detonante que llevó a la Casa Blanca a considerar que la vía diplomática estaba agotada.
De hecho, el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, mantuvo una conversación telefónica crucial con Trump el mismo día del ataque, coordinando la ofensiva que buscaba eliminar a figuras esenciales para la gestión del gobierno y la campaña militar iraní.




