Entrevista. Luis Montes, el misionero argentino que abraza el dolor en el corazón del Líbano
El sacerdote cuenta cómo es ayudar a los marginados y desplazados por la guerra y transmitir un mensaje de perdón en medio de bombardeos constantes.
El padre Luis Montes habla con una serenidad profunda, casi como si intentara elegir cada palabra para no quebrar la frágil realidad que describe. Misionero del Instituto del Verbo Encarnado (IVE), vive desde hace algunos años a pocos kilómetros de Beirut.
Nacido en Darregueira, un pequeño pueblo bonaerense, su vida cambió en 1996 cuando se ordenó sacerdote en San Rafael, Mendoza. Desde hace más de dos décadas, su destino ha sido el "ojo de la tormenta" en Medio Oriente.
Hoy, su labor pastoral se desarrolla en las montañas que rodean la capital libanesa, donde lidera un hogar para los "descartados" de la sociedad: ancianos, discapacitados y desplazados por la violencia.
Su trabajo no es solo asistencial; es una presencia espiritual en una tierra marcada por el ruido de las bombas y el silencio de las promesas diplomáticas incumplidas.
La misión de una vida
–¿Cómo comenzó su camino como sacerdote y qué lo llevó a Medio Oriente?
–Entré al IVE en 1988. Tras mi ordenación en 1996, me ofrecí para una nueva fundación en Tierra Santa. Llegué allí en octubre de ese año y dediqué los primeros dos años al estudio intensivo del árabe, una lengua dificilísima, estudiando ocho horas diarias. Pasé siete años en Tierra Santa, donde viví la Intifada del 2000 en Belén. Luego estuve en Jordania y Egipto. En 2010 me trasladé a Irak, en plena posguerra, con 100 atentados por mes en Bagdad. Allí sufrí el surgimiento del Estado Islámico en 2014, trabajando con refugiados cristianos. Finalmente, en 2022, la misión me trajo al Líbano.
Un hogar bajo fuego
–¿Cuál es el objetivo de la obra que lidera actualmente en Beirut?
–Fundamos una obra de misericordia para personas sin salida: ancianos pobres, personas con discapacidad, mujeres víctimas de violencia y gente de la calle. Nuestra misión pastoral es encarnar la caridad de Jesucristo, llevando consuelo a quienes la sociedad ha marginado. Pero la guerra ha alterado todo.

–¿Cómo ha afectado el conflicto actual el funcionamiento de su hogar?
–Teníamos 30 residentes permanentes, pero el hogar se transformó en un refugio de emergencia. El año pasado recibimos a 150 desplazados, muchos de ellos trabajadores africanos que huían del sur del país. Hoy seguimos recibiendo familias; la casa es un muelle en medio de la tempestad.
–El mundo habla de una tregua entre Israel y Hezbollah, con Irán y Estados Unidos como actores de fondo. ¿Cómo se percibe eso allí?
– La situación es crítica. Aunque se hable de treguas y negociaciones sobre el control de puntos estratégicos, en el terreno las violaciones al cese del fuego han sido constantes. Recientemente, la tensión se agravó con bombardeos en zonas residenciales de Beirut que han dejado cientos de muertos. El Líbano está atrapado en un juego geopolítico mayor entre potencias, pero el que pone el cuerpo es el pueblo. Ver a miles de personas durmiendo en la calle bajo la lluvia mientras los líderes discuten términos es desgarrador.
–¿Qué percibe en la gente respecto a la milicia de Hezbollah y su enfrentamiento con Israel?
–La opinión está fracturada. Hay libaneses agotados de una milicia que, al atacar, atrae respuestas violentas que destruyen el país. Otros, en cambio, sienten que sin ellos no habría defensa posible ante una invasión. Es una realidad compleja donde "todos mienten" y la injusticia de un lado alimenta el extremismo del otro. Mi misión no es política, es pastoral: predicar la paz y el perdón en un lugar donde la venganza parece ser la única moneda de cambio.
La esperanza en los ojos del que sufre
–¿Cómo se asimila tanta tragedia después de 20 años en la guerra?
–Hay que mirar todo a través de la Divina Providencia. Mi gran escuela fue Irak. Allí vi más alegría en los campamentos de refugiados cristianos que en las grandes ciudades de Occidente. Gente que perdió su casa y sus recuerdos, pero que te dice con paz: "Dios sabe". Esa fe les da una integridad que el mundo no comprende.
–Usted habla del perdón como una herramienta clave. ¿Es posible perdonar en medio de las bombas?
– Como decía Juan Pablo II: "No hay paz sin justicia, y no hay justicia sin perdón". Si nos vengamos de cada agravio, el ciclo de violencia será eterno. Mi labor es invitar a todos –incluidos los musulmanes que acogemos– a buscar el bien y a prepararse para presentarse ante Dios con las manos llenas de buenas obras.
Cómo colaborar con la misión del Padre Luis Montes
La obra en Beirut se sostiene exclusivamente por donaciones. Para ayudar desde Argentina, se puede colaborar a través de la cuenta: Alias: Nazarenosbrubank. Titular: Marcos Cabezas (colaborador de la misión). Consultas por mensaje privado en su Instagram: @luismontesive.
"Comemos lo mismo que nuestros beneficiarios y no nos falta lo básico, pero ante la crisis económica del Líbano y la guerra, cada gesto es vital para mantener la vida de quienes no tienen nada", dijo el sacerdote con la misma serenidad con la que empezó la charla.



