Balotaje. Perú elige presidente entre dos modelos antagónicos
En un escenario determinado por el temor económico, la desconfianza institucional, la fragmentación política y un elevado porcentaje de indecisos, Keiko Fujimori y Roberto Sánchez definen la presidencia del país.
Perú arriba a la segunda vuelta presidencial marcado por la incertidumbre, la polarización y un elevado número de indecisos. Este domingo, los ciudadanos deberán elegir entre dos proyectos antagónicos: el de Keiko Fujimori, líder de Fuerza Popular, y el de Roberto Sánchez, candidato de Juntos por el Perú. Ninguno logró superar el 20% en la primera vuelta, lo que dejó al descubierto una fuerte fragmentación política que ahora se traduce en un balotaje imprevisible.

El escenario previo refleja esa paridad. Según una encuesta de Ipsos Perú, Fujimori y Sánchez llegan a la instancia crucial cabeza a cabeza con casi un cuarto de electores que aún no definió su voto y alrededor del 13% de empadronados que votaría en blanco o anularía la papeleta.

Además, ambos aspirantes a la máxima jefatura política del país arrastran altos niveles de rechazo: alrededor del 40%. Este dato, más que la intención de voto, aparece como uno de los factores centrales para entender el desenlace.
Pulseada paradójica
En este contexto, en diálogo con La Voz, el analista Piero Beltrán plantea que la elección crucial muestra una situación paradójica. Esto es porque Fujimori lideró las encuestas hasta la última semana de campaña, pero no logró despegar nunca, mientras que Sánchez, tras una caída inicial, dio fuertes señales de recuperación en el tramo final de la campaña. Un reciente tracking privado al que tuvo acceso este medio sugiere que la distancia podría ubicarse en apenas un punto a favor de uno u otro.
Para Beltrán, la clave está en el comportamiento de los indecisos y del llamado voto oculto. En una elección dominada por el rechazo, muchos electores prefieren no declarar su preferencia. Algunos evitan manifestar su apoyo a Fujimori por el peso simbólico del apellido, asociado al autoritarismo y a la corrupción del gobierno de su padre, Alberto Fujimori. Otros, en cambio, no explicitan su inclinación por Sánchez para no quedar vinculados a la izquierda radical o al legado de Pedro Castillo, cuya gestión estuvo marcada por la inestabilidad y por las denuncias de corrupción.
Giro
El debate presidencial del último domingo introdujo un giro relevante en la campaña peruana al modificar el eje de confrontación entre los candidatos. Según el politólogo, Roberto Sánchez logró desplazar la discusión desde los abusos históricos del fujimorismo hacia la responsabilidad política actual de Keiko Fujimori en la crisis institucional que atraviesa el país desde 2016. En ese sentido, no sólo se cuestiona el legado de Alberto Fujimori, sino también el rol activo de la candidata en episodios clave como el bloqueo al gobierno de Pedro Pablo Kuczynski, el uso del Congreso como herramienta de presión y la sucesión de presidentes que marcó la inestabilidad reciente.

Por su parte, el analista Franklin Briceño, de Associated Press, sostiene que este enfoque resulta más efectivo porque interpela a Fujimori en su dimensión contemporánea, no únicamente como heredera de un pasado polémico. El debate dejó en evidencia una tensión central: mientras la candidata insiste en un discurso de orden, seguridad y estabilidad –con promesas concretas vinculadas al costo de vida y a la lucha contra la criminalidad–, Sánchez busca posicionarse como una alternativa reformista, moderando su propuesta y reafirmando su compromiso con la institucionalidad democrática.
La disputa electoral se estructura, así, en torno a dos grandes temores. Fujimori apela al miedo económico, asociando a su rival con inflación, incertidumbre y estatismo, además del recuerdo del gobierno de Pedro Castillo. Sánchez, en cambio, intenta activar el miedo democrático, vinculado al autoritarismo, a la concentración de poder y a la posible captura institucional por parte del fujimorismo.
Escenario complejo
Un simulacro electoral de Ipsos realizado el miércoles último refuerza la complejidad del escenario. El estudio –al que tuvo acceso La Voz–, muestra un empate técnico y una fuerte fragmentación territorial: Fujimori se consolida en Lima y en el norte, mientras Sánchez predomina en el sur y en el interior, con una zona central más disputada. Este mapa revela un país dividido no sólo en términos políticos, sino también sociales y económicos.

En el plano económico, un informe de Fitch Ratings advierte que una victoria de Fujimori podría favorecer la inversión privada, mientras que un triunfo de Sánchez incrementaría la incertidumbre. Sin embargo, subraya que la fragmentación política limitará la capacidad de cualquier gobierno.
En este contexto, Sánchez moderó su discurso para generar confianza, mientras Fujimori busca reforzar su perfil de experiencia. “El resultado, aún abierto, dependerá de quién logre reducir el miedo que su propia candidatura despierta”, arriesga como conclusión Piero Beltrán.




