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Mundo

España y Estados Unidos. No a la guerra, sí a los votos, la estrategia de Pedro Sánchez

El revuelo generado por la oposición del presidente español a participar en el conflicto bélico en Medio Oriente es pura estrategia en clave interna. Consiguió que Donald Trump le regalase el campo de batalla de unas futuras elecciones.

06 de marzo de 2026, 13:40
Francesc-Xavier Soria Jofra*
No a la guerra, sí a los votos, la estrategia de Pedro Sánchez
Donald Trump versus Pedro Sánchez. El presidente de EE.UU. amenazó con un embargo a España.

Compañeros de trabajo y hasta mi suegra me preguntaron por Pedro Sánchez, el siempre taimado presidente del gobierno español. Su curiosidad demostraba la resonancia global que tienen las palabras de Donald Trump.

El martes, el presidente norteamericano afirmó delante de todos los periodistas que cubrían la visita del presidente alemán en Washington que “España ha sido terrible, así que vamos a cortar todo comercio con ellos. No queremos tener nada que ver con ellos”.

La cara del alemán Friedrich Merz, visiblemente incómodo, fue todo un poema. Para algunos, se trata de una estrategia electoral calculada; para el Gobierno español, una defensa coherente de la legalidad internacional.

A Trump se lo vio realmente muy molesto con el Gobierno español. Sánchez denegó la utilización norteamericana de sus dos bases militares en España justo cuando las aeronaves que reabastecen a los cazas en el teatro de operaciones de Oriente Medio más se necesitaban.

Hubo reacciones internas y externas. Tanto EE.UU. como el ministro israelí Gideon Sa'ar denunciaron la postura española en el conflicto con Irán. El israelí se preguntó si Sánchez estaba realmente “en el lado correcto de la historia”.

Por su parte, Alberto Núñez Feijóo, líder del Partido Popular, acusó al presidente del gobierno de utilizar el “no a la guerra” como “rédito electoral” y de "blanquear" la dictadura iraní.

Otro tanto hizo desde EE.UU. la conocida activista iraniana Masih Alinejad, exilada desde años, que cargó contra Sánchez por “utilizar los cuerpos heridos” de Irán “como munición contra otros partidos”. No andaba desencaminada.

Historia de las bases conjuntas

La base naval de Rota, en Cádiz, y la aérea de Morón, en Sevilla, son técnicamente instalaciones militares españolas bajo soberanía plena de España, pero de uso conjunto con las fuerzas armadas de EE.UU.

Esta situación tiene su origen en los acuerdos bilaterales que se hicieron en 1953, en una de las décadas más oscuras del franquismo. Por aquel entonces, el régimen de Franco necesitaba urgentemente reconocimiento internacional y salir del ostracismo donde estaba sumido.

Franco aprovechó el gélido contexto de la Guerra Fría para descubrir, en EE.UU., a un aliado tan anticomunista como era él, y su régimen que necesitaba bases para sus bombarderos estratégicos y sus submarinos nucleares en el oeste de Europa. Quid pro quo.

Los acuerdos de 1953 se actualizaron en 1988 y siguen hoy día vigentes. En el contexto actual, España cede el uso a EE.UU. para operaciones militares, logística, reabastecimiento aéreo (en Morón), y apoyo naval en Rota.

Ambas bases están integradas en la arquitectura de la Otan (España es miembro desde 1982), pero no son bases de la Otan en sentido estricto. En la práctica, son piezas clave para la proyección de EE.UU. en el flanco sur de la Otan y en operaciones hacia Oriente Medio o África.

El Gobierno español insiste en que el convenio bilateral exige “encaje en la legalidad internacional” basado en la Carta de la ONU; y no autoriza acciones unilaterales. Por ello, y según declaraciones de los ministros españoles Albares y Robles, “ni han realizado ni van a realizar” apoyo a la ofensiva contra Irán.

Trump habla, Sánchez gana

Entendámonos: Sánchez le importa bien poco que esté o no “en el lado correcto de la historia”. Su “no a la guerra” es puro artificio y solo se entiende por la debilidad actual en el gobierno español. Sánchez es de los pocos líderes europeos que todavía queda en pie desde aquella ya lejana pandemia de 2019.

Francamente desgastado, ha apostado desde 2023 no solo por polarizar con VOX, sino también contra EE.UU. y su tradicional política proisraeliana.

Empezó por desmarcarse tanto como pudo de las exigencias de Trump para que sus socios en la Otan aumentaran a un 5% el gasto militar fruto del nuevo contexto creado por la guerra ruso-ucraniana. Continuó esa estrategia de distanciamiento cuando en mayo de 2024 realizó el reconocimiento formal del Estado palestino, un gesto coordinado con Irlanda y Noruega.

Ha llovido mucho desde la guerra de Gaza, y el Gobierno español de ahora, muy tocado por la corrupción y por los escasos apoyos parlamentarios, de buen seguro sacará petróleo de la reacción airada de Trump.

Para algunos, Sánchez se coloca como el primer líder europeo que no hace seguidismo de Trump y que planta cara a la ola reaccionaria que azota el mundo. Keir Starmer de Gran Bretaña, presidente como Sánchez con problemas en su línea de flotación política, también procura ahora sumarse a ese frente, aunque su apoyo a EE.UU. haya sido y esté siendo mucho mayor.

El cinismo de Sánchez

Pero una cosa es lo que Sánchez dice y otra lo que hace. La ministra de Defensa española, Margarita Robles, no tardó ni 24 horas en reunirse –con bastante sordina– con el embajador norteamericano para coordinar el envío de una fragata española, la “Cristóbal Colón”, a las aguas de Chipre.

Al parecer, y según fuentes norteamericanas, los aviones norteamericanos vuelven a operar sin dificultades desde Morón y Rota sin estresar otras bases americanas como la de Ramstein, en Alemania.

Estas repentinas cesiones harán que las palabras coléricas del presidente norteamericano no se conviertan, probablemente, en temidas sanciones económicas.

Sánchez se apoya también en que unas hipotéticas sanciones contra España deberían sortear toda la maraña de tratados y códigos comerciales que tiene el país americano con la UE. No se espera que los sectores económicos españoles más sensibles al cierre del mercado norteamericano –como el del aceite de oliva, el vino, el cava y la industria química– acaben por sufrir realmente unas sanciones.

Quien controla el relato controla el voto

El “no a la guerra” no es simplemente un mensaje, es también estrategia electoral. Es colocar el marco del posicionamiento sobre la guerra en un debate de blancos y negros. El otro marco, el de la derecha europea, el de la inmigración ilegal, es mucho más difícil para un Sánchez sin apoyos.

El presidente español se anticipa, como los buenos generales, a escoger el terreno donde jugará su batalla, en este caso electoral. Se coloca como lo hizo el socialista José Luis Rodríguez Zapatero antes de enfrentarse electoralmente a José María Aznar, recriminando su apoyo incondicional a la coalición que atacó el régimen de Sadam Hussein en Irak por aquel lejano año 2003.

George Lakoff, fundador de la lingüística cognitiva, ya lo dijo en su momento: quien establece el marco gana; quien reacciona dentro del marco del adversario pierde. Sánchez lo sabe. La “batalla cultural“ gramsciana, de toda la izquierda situada a la izquierda del PSOE, hará el resto como infantería del PSOE que ya hace tiempo que es.

Las piezas están en su casilla. Por lo tanto, elecciones a la vista.

*Historiador y docente